Dos leonas se acercaron corriendo hasta donde se encontraban ellos. Para sorpresa de Katsuki, amigas suyas de la infancia, tan poco sería tan complicado convencerlas de que pasasen a hablar con el dominante.
—Katsuki. —dijo una sonriente. Las había visto hacía poco, en su última visita, así que se sorprendieron de verle de vuelta tan pronto. —¿Qué haces aquí? Y, ¿Quién es él?
Katsuki miró de reojo al lobo que estaba a su lado, aparentemente paralizado y con su expresión de siempre. ¡¿No tenía sentimientos, o qué?! Le exasperaba aquél tipo. Respiró hondo, tenía que explicar varias cosas.
—Él no es importante. —hizo una pausa para que centrasen su atención en él. —He venido por la guerra de los lobos.
—Por eso precisamente preguntábamos por él. —dijo la otra chica que llevaba el cabello recogido en trenzas. —No podemos dejarle pasar, ahora es un enemigo en potencia. Y no creo que te dejen pasar a ti.
—Necesito hablar con el dominante, aunque él no pueda pasar.
—¿Vas a exponerte a que te vean los demás? Eso es peligroso. —le dijo la otra que llevaba un moño en lo más alto de la cabeza. Todo recogido para pasar el menor calor y no molestarle a la hora de cazar.
—Tendré que arriesgarme, esta guerra es estúpida. —les explicó.
—Hemos oído que se han hecho con el lago mágico de las tortugas, ¿es eso verdad?—Katsuki la miró fijamente, era de nuevo la chica de las trenzas, nunca se había llevado muy bien con ella.
—No estoy aquí para daros información sobre los lobos. Estoy aquí para frenar lo que estáis a punto de hacer.
—¿Qué vamos a hacer? ¿Defender nuestro territorio?
—No es contigo con quien necesito hablar.
—Pero soy yo la que te va a permitir pasar, así que respóndeme.
—Sabemos que somos más fuertes,¿Porqué no olvidar unos estúpidos rumores y seguir como estábamos?
—Porque si alguien nos reta, tenemos que demostrar que somos mejores, si no, nadie lo sabrá y nos llamarán cobardes.
Katsuki se quedó pensando. Quiso decirle que tenía razón, que era mejor callarles la boca de la mejor forma que conocían los leones, pero no era una opción. Eso llevaría a una masacre y a la destrucción masiva de los lobos, además eso también provocaría tener que dejar a Deku por confrontaciones estúpidas.
Se tragó su orgullo y caminó hacia ellas. Cuando fue a pasar no se movieron y continuó su camino, en cambio cuando fue a pasar el lobo le detuvieron. Katsuki no peleó ni se quejó para que le dejasen, es más, asintió y continuó andando sin mirar atrás. Era comprensible que no confiasen en él, ni él mismo lo hacía así que prefirió no llevarles la contraria en ese tema.
Mientras caminaba por la aldea, algo sorprendente ocurrió.
La anterior vez que fue estuvo escondido y solo habló con amigos para saber la situación en que se encontraban y qué decisiones había tomado el dominante. No quiso que nadie le viese porque cualquiera podría matarla, así eran las normas.
Caminó entre las rocas, las cuevas, las pieles, y las personas cuando le veían se levantaban y le seguía. Estaba claro que no estaban en las mejores condiciones, parecían deshidratados y cansados y eso no era bueno para la guerra que se avecinaba. A pesar de sus condiciones y malestares se fueron levantado a medida que pasaba Katsuki, él simplemente andaba, pero todos fueron detrás de él, siguiéndole y sonriendo. Algunos gritaron que había vuelto para salvarles, que había roto las normas porque ellos necesitaban una salvación. Al parecer el dominante se había negado a moverse de aquél lugar, parecía que quería mantener su territorio. Pero si su tierra y su gente se moría, ¿Entonces? ¿Porqué de quedaba? ¿Había algo que le obligase a quedarse? ¿Acaso no veía en qué condiciones se encontraban?
Siguió caminando hacia el trono hecho de huesos del dominante y un montón de recuerdos le bombardearon cuando lo divisó. Se acordó de las aterradoras leyendas que había sobre ese asiento, algunas contaban que los huesos eran de los anteriores dominantes fallecidos, pero eso era bastante macabro y asqueroso, había otras que hablaban de que esos eran los huesos de un elefante asesinado por un dominante, la historia contaba que la manada había tenido comida como para dos meses y gracias a él, salieron de unos momentos difíciles de escasez de alimentos. Nadie jamás se preguntó si realmente necesitaban un trono, si no sería mejor que varios reinasen y cuidasen del pueblo. Nadie, excepto Katsuki, que escuchaba y aunque tenía un orgullo propio de un león, jamás le había gustado ese trono. Había tenido durante años pesadillas de aquél asiento, de los antepasados de los dominantes anteriores acechándole, de su padre pidiendo clemencia antes de morir para que no matase a su hijo. Los gritos de su madre y la pelea que tuvo con el dominante cuando Katsuki hacía trastadas y se peleaba con otros niños y niñas.
El dominante actual le odiaba, le había deseado la muerte con tan solo verlo empezar la vida, cuando a penas era un bebé, y por eso sabía que aquella negociación no sería fácil. Él quería tener a Deku cerca para así poder tranquilizarse con su presencia y pensar más lógicamente. Cuando se quedaba solo tendía a dejarse llevar por los sentimientos, su orgullo más que nada, y así acababa en problemas. Las tortugas no le habían ayudado ese año a arreglar ese problemilla sobre su forma de razonar, ya que era algo suyo que solo con Deku sacaba a relucir: su lado más lógico, más frío y sin sentimientos. De alguna forma Deku era muy inteligente y eso le retaba a serlo también, pero ahora que su incentivo estaba encerrado en la tribu de los lobos, estaba nervioso.
La gente de su aldea le siguió hasta llegar al trono, donde estaba cómodamente sentado el dominante.
—Creo recordar que te desterré. —le soltó mientras se recolocaba en su trono. Tenía un aspecto deplorable, tenía ojeras enormes y su cuerpo parecía que había sufrido un cambio drástico ya que su masa muscular había descendido. La deshidratación los estaba matando. Katsuki estaba seguro que tendrían agua, pero no sería mucha y en cima no de la mejor calidad. Suspiró, debía ayudarles.
El dominante se movió un poco para mirar lo que se encontraba detrás de él y levantó las cejas poco sorprendido.
—Yo creo recodar que las cosas estaban mejor cuando yo estaba aquí. —le respondió cruzándose de brazos.
El dominante se levantó, a pesar de su mala condición física seguía siendo más alto que él y le miró fijamente.
Suspiró pesadamente y se cruzó de brazos, Katsuki notó miedo en su mirada. ¿El dominante tenía miedo? ¿Dónde estaba el orgullo de los leones tan característico?
La gente que le había seguido se puso a gritar, exigiendo una mejora, pidiendo que cambiasen las cosas, suplicando agua para sus hijos. Katsuki no pudo soportar mucho aquellos gritos y se giró para encarar a la multitud.
—¡No soy un héroe! ¡Solo vengo a convencer al dominante de que no cometa un error brutal! —gritó a pleno pulmón. Muchos pusieron malas caras y otros gritaron:
—¡Se tú el dominante!
—¡SÍ!
—¡Necesitamos cosas nuevas!
—¡Necesitamos que alguien nos ayude!
Katsuki se rió ante las propuestas. No es que no quisiera ser el dominante, era un honor y ya había intentado ser lo antes, pero había perdido, y no quería ganarle en aquél estado. Sería demasiado fácil y no tendría reto alguno. Sería un farsante de dominante si le retase en esos momentos, además...
—¡No puedo ser el dominante! ¡Estoy marcado como desterrado y como débil!
Era cierto, estaba prohibido que cualquier desterrado fuese el dominante, sobretodo porque no se podía llevar acabo la marca especial del dominante que estaba en sus ojos también. La marca del dominante eran dos pequeñas cicatrices en vertical debajo de cada ojo. En el caso de que fuese desterrado y débil se le hacía las que él llevaba, dos cicatrices horizontales debajo de uno de sus ojos, para recordar que no tenía ni la mitad de lo que se necesitaba para ser dominante, para demostrar que era muy inferior a éste.
En el caso del dominante sus dos líneas debajo de cada ojo demostraba que era muy muy fuerte, y sobretodo que él era la perfecta figura de los leones.
Miró al dominante con una sonrisa extraña y entonces notó como éste temblaba de terror.
Dejó colgando sus brazos a ambos lados de su cuerpo y cogió aire para decir las siguientes palabras:
—¿Has venido a matarme, Katsuki?
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El Cuento Del León Y El Lobo
FanfictionUn mundo en el que las personas viven acompañadas de animales, como parte de sus almas. Un mundo en el que, a pesar de la diversidad de razas, religiones, leyendas, dioses...hay grandes desigualdades y guerras. Un mundo muy parecido al nuestro, pero...
