Lo único que se oía eran las carcajadas descontroladas de el chico que acababa de asesinar ante las narices de Katsuki, a su padre. Kacchan estaba parado, delante de el cuerpo de su padrastro. Izuku pudo notar como le temblaban las manos. Estaba al borde de la locura, o puede que ya hubiese enloquecido. Esperó y vio lo que ocurrió a continuación. Quiso detenerlo, pero sabía que iba a ser imposible.
Lo siguiente que vio fue un cuchillo clavado en el corazón del chico, y su sonrisa, que aparentemente no quería desaparecer de su rostro.
Cuando los cuerpos de las dos personas probablemente inocentes, estaban en el suelo, tirados y muertos, hubo un silencio que hizo que se parasen los corazones de todos los que estaban allí.
Después se escuchó un grito de guerra que provenía de la garganta de Kacchan. Eso desencadenó la batalla final. Todos corrieron hacia los contrarios y empezaron a pelear con uñas y dientes.
Izuku sabía que no debía esforzarse demasiado, ya que esa no era la primera oleada de enemigos. Estaba seguro que los verdaderos enemigos estarían esperando a que se cansaran para atacarlos. Pero, realmente no sabía con exactitud que era lo que Endeavor tenía en mente. No sabía cuáles eran sus planes, no había tenido en cuenta que era posible que no pudiese predecir lo que el Alfa pretendía hacer. Aún así le parecía inhumano regalar las vidas de todos aquellos jóvenes. Le parecía realmente repugnante. Endeavor era repugnante.
Le clavó el cuchillo en la cabeza a una chica sin apenas pestañear. Se sorprendía a sí mismo cada vez que mataba sin siquiera inmutarse. Cada vez que un corazón dejaba de latir por su culpa, cada vez que un pecho dejaba de subir y bajar, se sentía peor, pero tenía la adrenalina en la sangre, la sentía que le hacía seguir matando, seguir asesinando inocentes y seguir a Kacchan hasta el mismísimo infierno.
Entonces, fue cuando las lágrimas empezaron a caer por sus mejillas sin control. Él no quería eso, no quería aquello. Quería que todos estuvieran juntos, viviesen juntos, como en el Aviario.
Pero pensó, que si todo acababa hecho cenizas, él junto con Kacchan y su hija reconstruirían aquél lugar, todos juntos. Sin guerras, sin tribus, como una familia, una inmensa familia.
Y el cuchillo atravesó otro corazón.
Corrió hacia Kacchan sin matar a nadie más. ¿Y si no quedaba nada en esas cenizas? ¿Y si morían todos ellos en esa estúpida guerra?
Corrió y corrió, pero cuando ya casi estaba a unos metros de Kacchan, algo sucedió. Él empezó a correr también hacia la espesura que estaba delante suya. Le vio desaparecer en unos segundos mientras su mano se quedaba en el aire oscuro, queriendo aferrar lo que más amaba, pero sufriendo la impotencia de que se le había escapado.
Se paró de golpe.
No sabía que hacer.
Miró al cielo y vio lo que jamás habría imaginado en sus peores pesadillas.
El cielo se caía.
Quería devorar lo que más amaba, lo que quería construir. Sus ojos se abrieron como platos cuando miró a su alrededor y vio a todo el mundo luchando entre ellos en vez de huir. Cerró sus puños y cogió aire. No iba a dejar a Kacchan escaparse. No de nuevo.
Miró a sus chicos, a sus amigos que le habían rescatado, que le creían como un hermano mayor. Alguien que pudiese protegerles. Pero ellos eran luchadores, ellos podían ganar solos, y lo harían.
Sonrió entre sus lágrimas. Se las quitó con una sonrisa emprendedora en el rostro y corrió hacia donde había desaparecido Kacchan.
Se quedó escondido entre los árboles mientras observaba a Kacchan luchar contra algunos lobos. Le observó por unos segundos, y vio que algo en él había cambiado. Era salvaje, sus ojos relucían con la matanza que estaba haciendo y...¿Aquello era una sonrisa? Se tapó la boca con las manos. ¿En qué se había convertido? No. ¿En qué le había convertido el mundo? ¿Realmente era buena idea reconstruir las cenizas de lo que quedase de aquella guerra?. Lo que ahora estaba ardiendo hacía ya tiempo que había quemado a Kacchan. Pensó en que a lo mejor, el mundo jamás estaría bien, jamás estarían juntos todos, porque, las personas estaban hechas para destruirse. Porque amar era lo que peor se les daba. Y por eso, todos estaban destinados a acabar solos.
Ya que, al fin y al cabo, mueres solo.
Cuando ya los hubo matado a todos los que estaban en aquél claro, se puso a dar patadas y puñetazos a los árboles. Izuku quiso salir y calmar a la bestia que era ahora el pobre león, pero no quiso, se asustó tal vez, pero se quedó en el sitio, esperando. Por un momento no se escucharon las personas gritando y muriendo. Por un momento el mundo pareció desaparecer, ya que, de repente, ante ellos apareció Endeavor, con su padrastro y sus dos mujeres.
Aquello debía ser el maldito destino.
Todos iban armados hasta los dientes, y con armas increíblemente letales. Parecían que fuesen a asesinar un monstruo. Y tal vez, eso era lo que iban a hacer.
Kacchan se dio la vuelta con un gruñido. Ya no era Kacchan, aquello era un animal.
Los cuatro esperaron a sus respaldos, pero estaban todos muertos en el suelo, con los intestinos esparcidos por el césped, incluso a alguno se le podía ver el cráneo de lo clavado que estaba el cuchillo en su cabeza. Cuando los vieron se tuvieron que retener el vómito, ya que se retorcieron en arcadas y gemidos de dolor y algún que otro grito.
Izuku respiró hondo. No quería desplomarse por el panorama que estaba viendo. Miró a su madre, que ya no podía contener más el estómago y había empezado a vomitar sin descanso. Se escondió un poco entre los matorrales para que Kacchan acabase con aquello ya, de una vez por todas.
—Muchacho, ¿En serio crees que puedes con...?
—Si teníais respaldos que os cuidasen es que no sois más buenos que ellos. Y mirad cómo están ahora. No tendré ningún problema en mataros. —dijo con una sonrisa mientras se agachaba a el cuerpo más cercano que tenía. Metió dos dedos en las entrañas abiertas del hombre, produciendo un ruido viscoso que hizo que a Izuku le diesen arcadas. Después cuando sacó los dedos cerró los ojos y se pintó dos líneas verticales en cada ojo.
—¡Soy el dominante! ¡Nadie me lo podrá negar ahora! —gritó mientras se levantaba todavía con la sonrisa siniestra en su rostro.
Izuku decidió no mirar, tampoco hizo falta ya que el sonido de los gritos de sus padres y de sus padrastros fue suficiente.
Se tapó los oídos y empezó a respirar con muchísima rapidez y después cuando solo quedaba el silencio de la muerte se miró las manos. Estaban rojas y resecas por la sangre que había derramado aquella noche.
Se tapó los oídos de nuevo y empezó a negar con la cabeza mientras se sentaba poco a poco en el suelo y pegaba sus rodillas a su pecho.
—No, no, no, no, no, no. —se repitió cada vez con más rapidez con más entusiasmo, con más locura.
De repente alguien le cogió de las axilas y tiraron de él. No quiso saber quien era, que le matasen, ya no importaba. Kacchan se había convertido en un monstruo. Sabía que no era el mismo que hacía un año, pero supuso que estar tanto tiempo siendo torturado, sometido a tanto dolor en algún momento tenía que explotar. En algún momento aquella bomba que había estado con la cuenta atrás tanto tiempo, debía explotar y causar el mismo daño en proporciones inmensas.
Izuku abrió los ojos lentamente y se quitó sus manos desnudas de la cara. Le habían quitado los guantes cuando le habían apresado los lobos, aparentemente pensaban que era su punto débil, o algo parecido. Pero no era así, era su punto fuerte, su mayor fuente de poder para hacer tanto el bien como el mal.
Empezó a llorar de nuevo.
—Tú...tú también debes morir.
Y con eso notó un cuchillo cortarle, y después, sangre.
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El Cuento Del León Y El Lobo
FanficUn mundo en el que las personas viven acompañadas de animales, como parte de sus almas. Un mundo en el que, a pesar de la diversidad de razas, religiones, leyendas, dioses...hay grandes desigualdades y guerras. Un mundo muy parecido al nuestro, pero...
