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Comienza la batalla

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Punto de vista de Percy.

- ¿Quieres decir que viene el enemigo ahora? - Preguntó un hijo de Atenea.

- No son ellos. - dijo muy serio mi hermano. - Solo son unos exploradores que han mandado para observarnos y lo más seguro es que hayan decidido hacer algo para complacer a sus amos.

- ¿Son demonios? - Preguntó Quirón con calma al ver que no se podía mover.

- No del todo. - dijo Aru mientras miraba un punto fijo que se perdía en el bosque. - Habrá un total de diez demonios, y un total de veinte enemigos.

Lupa estuvo por objetar pero se vio interrumpida por la presencia de veinte figuras que aparecían desde el mismo punto donde mi hermano estaba mirando desde que pasó la parálisis de nuestros compañeros.

Todas las figuras eran humanoides, pero no podía distinguir a los monstruos que acompañaban a los demonios, deben ser los monstruos creados por Abismo.

- Tío, pensé que tú parálisis afectaba a todos los seres vivos metidos en tu rango de ataque. - Dijo uno de los monstruos que habían venido. Este era de piel oscura y muy musculosa, colmillos muy grandes que sobresalían por su boca y garras también muy afiladas.

- Eso pensé. - dijo uno que era distinto a los demás, lo más probable es que sea un demonio, este tenía pelo de color castaño y muy corto, piel un tanto pálida y vestía con una chaqueta de cuero negra con unos baqueros de igual color y unas botas de montaña de color negro. - Solo pueden aguantar la parálisis los que son más fuertes que yo.

- ¿Eso quiere decir que ellos son más fuertes que tú? - dijo el que parecía el líder de todos, un ser muy alto, cerca de los tres metros de alto, piel marrón como el pelo de un oso, manos muy grandes con unas uñas bastante largas y unos ojos brillantes de color rojo.

- Bueno. - dijo mi hermano llamando la atención de los recién llegados. - Imagino que habréis venido aquí para pelear y llevar algún premio a vuestros amos, ¿Me equivoco?

- No. - Dijo el líder. - Teníamos la intención de atacar y recoger a algunas mujeres para nuestros amos.

- Ah, vale, me alegro de oír eso. - Dijo mi hermano mientras levantaba dos dedos de su mano derecha mientras que estos se recubrían de oscuridad.

Los demás que estaba paralizados lo observaron con mucha atención. Pero una de las doncella japonesas se sorprendió mucho. - ¡Jackie, rápido, cierra los ojos, tú no puedes ver esto! - Dijo la segunda al mando muy alterada.

Mi hermana pequeña, al escuchar lo que le dijo su amiga, cerró los ojos con mucha fuerza. Después de eso, miré a mi hermano el cual con un movimiento rápido lateral lanzó una honda de oscuridad que fue directa a las cabezas de los enemigos. Un segundo después todos los enemigos se despegaron de sus cuerpos haciendo que salieran volando hasta que cayeron al suelo mientras que sus cuerpos de desvanecían en polvo que era llevado por el aire.

Me quedé estático, vale que había visto a los monstruos morir delante de mis ojos, pero esto es completamente distinto. Los monstruos habían sido decapitados delante de todos nosotros mientras la sangre de los que ahora ya no están con nosotros volaba por los aires.

- Escuchad romanos. - Dijo mi hermano con un tono de voz sombrío a los semidioses romanos. - ¿Habéis traído bambú?.

Todos estuvimos en silencio, nadie se atrevía a hablar sobre todo al ver la cara que tenía Aru. Tras unos segundos de silencio absoluto mi hermano se aclaró la garganta llamando la atención de los susodichos semidioses los cuales reaccionaron.

- Si... - dijo Reyna en voz baja pero aún así audible. - Están en el almacén.

Él asintió en forma de agradecimiento y fue al almacén para buscar lo que quería. Cinco minutos después apareció con veinte palos de bambú con una punta afilada.

Océano e infiernoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora