.Capitolo Quattro.

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El engaño no se quedó en ese maldito lugar hecho para el libertinaje entre parejas.
Tea sabía. Tea Bitalli había traicionado a su mejor amiga tanto como su hermano. Miranda no entendía qué había hecho realmente para que su hermana ayudara a su novio a engañarla y, encima, para que la que era considerada su mejor amiga, lo supiera y no dijera nada. ¿Tan mala persona era? Ella no lo creía.
Cuando Tea había ido a visitarla porque había visto a Cameron prácticamente arrancarse el cabello de la tensión, según palabras de la propia Tea, Miranda, llorando, le había dicho que su hermano la había engañado, y ella murmuró un simple y vago:
- ¿Sólo eso? Pensé que lo sospechabas-
Miranda no sabía por dónde comenzar la línea de insultos, así que comenzó con un leve y vago:
- ¿Tú lo sabías, y ¡luego de diez años de ser tu amiga tienes el tupé de no decírmelo!?
-No era una gran noticia, Miri. Todos lo sabían-Miranda la había tomado del brazo, con mucha brutalidad y le había cerrado la puerta en el rostro.
Miranda no se decidía si matarla o dejarla vivir su deprimente vida; luego decidió que no era una asesina, a pesar de que ella se lo mereciera.
- ¡Miri! -Marco llamaba del otro lado de su puerta.
- ¡Vete, no quiero verte! -no era por él, pero no quería realmente ver a nadie.
-Miranda, por favor, abre la puerta-la voz de él se notaba apaciguada, como si hubiera pegado la frente al cristal de la puerta. Miranda de hecho notaba la sombra de su figura detrás de la cortina blanca que cubría el vidrio. Decidió ir a abrirle la puerta- escúchame, no pienso dejarte sola, ¿entendiste? -ella lo miró y frunció el rostro. Decidida.
-Sácame de mi casa, por favor.

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Marco la llevó hasta la casa Di Paolo, donde la recibió Vitto.
- ¡Miranda! -dijo, abrazándola- ¿cómo estás? Me enteré lo que pasó-Miranda observó a Marco, pidiendo explicaciones.
-Yo no fui-negó-Santino tampoco.
-Miranda-dijo Vitto, tomándola de la barbilla, volteándola para que lo vea-tenemos tres cuartos de invitados, uno puede tranquilamente ser tuyo, cuanto tiempo quieras, ¿entendiste? -ella asintió-ahora, lo que quiero es hablar contigo-luego de que su padre se la llevara a su oficina, Marco se distrajo viendo a Santino entretenerse con videojuegos de terror.
- ¿Por dónde vine? -preguntó su hermano hacia el aire- ¡Ah, por ahí! -dijo, mostrando en la pantalla el techo, muy lejano a las posibles escapatorias del protagonista- y supongo que no me puedo volver a ir por ahí-Marco se rio.
La computadora se prendió y le mostró una llamada de video desde el usuario de Ottavio Mastroianni.
-Santino-dijo Marco, golpeándole el hombro con suavidad. Se levantó, Santino pausó el videojuego y ambos se ubicaron delante de la pantalla.
- ¡Hola, bebés! -inquirió Valentino Mastroianni del otro lado- ¿cómo están?
- ¿Te cortaste el cabello?
-No preguntes. Tendré que usar peluca durante un tiempo-Santino se rio cuando Valentino se volteó: tenía mechones irregulares cortados al azar en el sedoso cabello castaño.
-Pareces un siciliano.
-Repítelo y voy a tu casa a...a darte muchos golpes-Santino enarcó las cejas con ternura y Ottavio le pegó a su hermano detrás de la cabeza. Giovanni apareció en la pantalla y su mirada se concentró en Marco: fue una obsesiva observación mutua.
- ¡Titán! -dijo Pietro, apareciendo al lado de Gio, llamando a Marco- ¿cómo están las cosas? ¿Cómo los trata América?
-Santino probó las relaciones casuales.
- ¡Sabía que en cuanto lo intentaras te iría bien! -inquirió Ottavio.
-Las detesto-sentenció Santino-no son mi estilo, no entiendo cómo ustedes pueden tan deliberadamente meterse en desconocidas-Marco, Ottavio y Gio se rieron ante el comentario.
-Con ese pensamiento tan profundo, tal vez deje de hacerlo.
-Si me quieres decir con eso que volviste con Natalia, mereces tres escopetazos en el medio del pecho-inquirió Marco.
-Jamás.
-Lo mismo dijiste la primera vez...o cualquiera de las veces-Gio sacudió la cabeza.
-La primera vez fue diferente y lo saben.
-Si tienes que ser honesto, eres bueno porque ella te enseñó-inquirió Valentino.
-Eso es cierto, Gio-sentenció Santino, apoyándose en el respaldo del mullido asiento blanco-no habías estado con nadie hasta Natalia.
-No inventen-comentó Marco- ¿olvidan a la chica de Cerdeña?
-Creo que la primera fue la de Praga-sentenció Pietro.
-No, anterior a esa estuvo la de Paris-agregó Santino.
-Todos dejamos en claro que hubo muchas antes de Natalia-observó Gio.
-Nombramos tres, Gio, ¿tú las consideras muchas? -preguntó Marco, divertido-si para ti tres son muchas, ya entiendo por qué todos dicen que estuviste con muchas-sus amigos se carcajearon un par de segundos en el rostro de Gio y esperaron el remate.
-Tú te ves como si necesitaras un descargue, ¿cuándo fue la última, Titán?
-En este momento, estoy reservando a la bestia.
- ¿Para la chica que es virgen? Yo que tú tengo cuidado, una chica virgen contigo...podría resultar gravemente herida-Marco sonrió.
-Eres imposible. Y ya hablamos de este tema-Ottavio lo miró y desvió la mirada, y Gio, el otro participante que había estado presente, sonrió ante el recuerdo.
- "No quiero ser delicado" -citó, imitándolo muy teatralmente.
-No me centraría en esa parte-dijo, divertido.
-En serio, Marco, ¿cómo está la chica? -preguntó Gio.
- ¿Miranda? Ella está...está como puede. Lo ama-dijo, encogiéndose de hombros-supongo que es lógico que le duela.
-No metas la lógica en la psicología. La lógica es para las cosas exactas, no para la mente humana-sentenció Pietro, el padre del grupo.
-Bien, de todas formas, entendieron lo que quise decir-todos asintieron.
-Lo cierto es que el chico es un idiota-agregó Santino-ahora entiendo por qué los Conte, los Lucchetti y los Bitalli están tan empeñados en ser socios.
-Si los D'Alessandro, los Di Paolo y los Mastroianni son eternos aliados, con alguien tenían que juntarse. No podían quedarse solos-comentó Ottavio. Obviamente tenía razón. Marco y Santino entendían que su parte en los negocios era legal; eran los D'Alessandro y los Santucchio quienes se manejaban por la sombra de lo ilícito- ¿La amas, Marco? -preguntó con cuidado, mirándolo expectante. Marco notó que era el único que realmente se atrevía a preguntarle, en frente del resto, qué sentía por ella.
-No estoy...enamorado. Pero, sí, me gusta-dijo, cubriéndose el rostro con las manos.
- Eso significa que ¿las chicas del Grupo Emperador volvieron a existir? -Marco se descubrió el rostro.
-Ella no es "la chica de Marco"-sentenció Santino-no hasta que su pareja sea oficial. Dado el estado de Miranda, lo dudo.
A ojos de la gente, las mujeres que habían ostentado el título de "novia" de alguno de los miembros del Grupo Emperador, no era una chica con nombre, era la chica de tal chico. El ejemplo más básico que Marco podía usar era Natalia: ella fue conocida no como Natalia Petrucci, sino como "la chica de Giovanni" No tenía nombre propio, y eso era algo que los miembros habían tratado de evitar, pero era difícil erradicar algo cuando la gente se acostumbraba a que era de esa manera.
- ¿Pietro? -su primo lo miró- ¿por qué registras tanto el celular?
-Creo que el sector de "las chicas del Grupo Emperador" si existe después de todo.
-Son negocios-todos entendían qué significaba eso; eran las mismas palabras que había empleado Gio cuando les dijo por qué había vuelto con Natalia luego del engaño. Salía con la chica porque les convenía el negocio: o la chica era una nena de papi, o tenía al padre enganchado en el dedo meñique; en cualquier caso, les servía.
- ¿Quién es la chica?
-Sonia Windsor.
-italiana con nombre inglés, ¿qué tiene que sea de interés? -preguntó Santino, interesado.
-Joyerías. Cenzo y Giorgio quieren controlarlas-explicó Gio.
- ¿Cuánto por mes?
-Poco más de cuarenta millones cada trimestre.
- ¿Dólares?
-Euros.
-Es un buen negocio, ¿cuál es la idea y cuál es la imposibilidad?
-La idea es que Giorgio ponga dinero para abrir alguna tienda en América o en otros países de Europa, que les haga publicidad en los hoteles y en los eventos. Cenzo quiere "protegerlas" Pone un pequeño precio por las joyas y las exporta como joyería junto con...otros objetos de valor, y la imposibilidad es que el señor Windsor se considera un hombre de honor muy a la antigua, un hombre que no hace cosas que no debe.
Marco revoleó los ojos.
-Esos son los peores.
-Concuerdo, pero por el momento no quiere. Queremos que Vitto lo convenza. Nadie sabe cómo, pero lo que dice, se hace. Y mi padre quiso ir con métodos menos...ortodoxos. Eso no iba a funcionar, Tessio se lo dijo-Tessio era el consejero de Vincenzo en los asuntos que no concernían a Vittorio.
-Al menos tiene como consejero a alguien con dos neuronas funcionales. No como el anterior.
-Por eso terminó como terminó-sentenció Gio, impertérrito ante la mención del consejero anterior: un hombre regordete, infantil e inútil.
- ¡Chicos! -llamó Brina desde la puerta. Ottavio silbó, divertido.
- ¡Hola, princesa! Siempre tan linda-Brina fingió, muy teatralmente, arreglarse el cabello.
-Gracias, es un maquillaje nuevo-Ottavio se rio. Brina se adentró en la habitación y se metió delante de Marco, muy cerca de la cámara.
-Briz, aléjate de la cámara para que podamos verte-comentó Pietro, divertido.
- ¡Hola! ¿Cómo sigue Milán?
-Esperándolos.
-Por supuesto que sí.
- ¿Dónde está Fabrizio? -preguntó Marco a su hermana-no lo veo desde ayer.
-Salió con Marie.
- ¡Lo único que faltaba! -comentó Valentino, divertido-su hermano menor tiene novia antes que ustedes. Me reiré toda la vida por esto.
-No es su novia y tú cállate que tienes que usar peluca-Ottavio y Gio se rieron. Pietro miraba el teléfono. Brina miró a sus hermanos.
-Mamá dice que está el almuerzo. Que pueden venir a preparar la mesa.
-No sabemos de qué estás hablando, no hablamos italiano-comentó Marco en español, divertido.
-Eres muy gracioso, en serio que sí. ¿Te comiste un payaso? Estás para hacer stand up-remató Brina. Marco se rio.
-Ahora vamos, Briz-su hermana envió un beso por la cámara hacia los otros y Ottavio hizo un ademán de protegerlo en su corazón.
-Apresúrense, mamá logró dormir a Chiara, tendremos una comida en paz-Marco movió la cabeza. Brina no estaba excesivamente encantada con la idea de su hermanita pequeña, y sus hermanos mayores no entendían el porqué.
-Bien. ¿Nos dejas terminar?
-Lo siento, tengan su privacidad. Que mal sonó eso, lo siento-las reacciones en el grupo de varones oscilaban entre la carcajada y la sonrisa. Brina se despidió y se fue.
-Bueno, Valentino, espero que te sea leve el uso de la peluca-el chico centró sus ojos miel claro en Santino y sonrió.
-Me compraré un shampoo de rápido crecimiento capilar. En un mes tendré mi cabello de nuevo sano.
-Lo tienes sano.
-Acaban de rasurármelo...
- ¿Tenemos que saber todo lo que pasa en tu cuerpo, hermano?
-Lo anotaré en la lista de cosas que no quería saber-el Grupo se rio y Valentino se cruzó de brazos.
- ¡Esta conversación es soberanamente masculina! La necesitamos.
-Necesitas hacer cosas masculinas: necesitas una chica. Consíguete una-sentenció Marco antes de levantarse. El Grupo volvió a carcajearse.
- ¡Lo haré cuando tu consigas a la tuya! -sonó un sonido que se asemejaba bastante al que se empleaba cuando alguien demostraba que algo que le había pasado a alguien era doloroso y las palabras no alcanzaran a explicar del todo el dolor.
-Esta conversación se me está yendo de las manos-comentó Santino, divertido.
- ¿Quieres aloe vera? -preguntó Gio hacia Marco-porque eso quemó.
-Ve a comprarte una peluca-terminó el Di Paolo mayor.
-Los extraño-comentó Valentino, divertido ante la situación. Del Grupo, él era el único que decía la palabra "extrañar" frente a los demás. El resto sólo se limitaba a contestar que también los extrañaban.
-Yo también-agregó Santino-mejor nos vamos.
- ¡Adiós! Llamen ustedes la próxima vez, malditos olvidadores.
- ¿Cómo sabemos cuándo están juntos?
-Estamos juntos todos los días luego de la escuela. Tal vez falten Ottavio o Pietro, los malnacidos ya terminaron, pero yo sigo estando, también Gio-comentó Valentino, como si la respuesta fuera obvia-estamos juntos todos los días, es cuestión de preguntar en qué momento pueden llamar. El itinerario lo tienen: siempre tenemos tiempo para los hermanos.

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Miranda pensó qué podía mover. Si movía la Reina, él la comería con el caballo. Si movía el Rey, se lo comería la torre y eran las únicas dos piezas que le quedaban en el tablero.
Movió la Reina, pero hacia el otro lado. Vitto sonrió y movió su pieza, una hermosa torre de un opaco cristal negro.
-Jaque mate, Miranda-ella se recostó en el asiento y se pasó las manos por el rostro-mi padre siempre decía que el ajedrez es la mejor forma de conocer la estrategia. En los negocios es muy importante saber a dónde vas. ¿Tú sabes a dónde vas, Miranda? -preguntó, terminando de guardar las piezas en la negra caja de vidrio ligero.
-No considero a mi vida un negocio, pero, si lo hiciera, estaría perdiendo inversores, clientes y credibilidad.
- ¿Por qué crees eso?
-Me suena obvio por qué creo eso: le entregue mi corazón a un chico que no lo valoró, y sigo aquí, lamentándome por estar mal.
-Miranda, si no estuvieras triste por el engaño no tendrías corazón ni para ti misma. Tienes derecho a estar enfurecida, entristecida. Sobre todo, si realmente lo amabas. Lo importante es si tú consideras que vale la pena guardarlo o aferrarse. Hay gente que queda enamorada toda la vida de la misma persona, incluso si esa persona no los ama-guardó la caja en la repisa de madera blanca y Miranda notó la tensión que entumecía levemente los dedos del patriarca Di Paolo-Hay gente que se enamora cada cinco minutos de alguien distinto; no confíes en esas personas-agregó, bajando la voz, divertido. Miranda sonrió. Lo adoraba-todo depende de quién eres tú. ¿Quién es Miranda Santorini? -ella lo miró. Los ojos azules de Vittorio le devolvían la mirada con intensidad- ¿quién eres, Miranda? -repitió.
-No lo sé-Vitto sonrió.
-Cuando lo averigües, no dejes de decírmelo.


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Jaque Mate [Completa]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora