.Capitolo Ventuno.

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Miranda suspiró mientras estiraba. Giuli a su lado, se quejaba del dolor de muela.
- ¿Cómo se vieron en el partido de hoy, muchachas? -no había salido particularmente bien. Miranda había recibido un golpe fuerte en la cabeza con la bocha y la habían sacado del partido. Giuli no había tocado el arma asesina en cuestión, para nada. Alex había gritado órdenes para todos lados y, al fin y al cabo, no habían realmente logrado nada. Habían perdido por mucho y el director seguía presionando a la capitana: "Si no mejoran, quitaré dinero del presupuesto" Lo cierto es que ni siquiera era una decisión que él mismo podía tomar, sino el comité de padres, pero él no parecía interesado en esos pequeños detalles, como insistía en llamarlos.
Estaban todas molestas y el ánimo estaba decaído. El entrenamiento realmente no les funcionaba más que para marcar los músculos y Alex había pedido refuerzos.
Refuerzos con diez años de hockey encima. Ellas estaban entrenando en simultaneo con las chicas de Alex, como las llamaban a ellas, y el incentivo crecía conforme los entrenamientos pasaban.
Miranda encontraba motivación en salir a correr todas las tardes, entrenar tres veces por semana durante dos horas, que, aunque Alex lo negara, eran entrenamientos intensivos, y luego jugar los sábados...era una semana agotadora...de todas formas, ahora tenían entrenamientos más calmados porque Alex seguía de viaje. A veces querría frenarse un poco, sentarse, relajarse, y luego se pregunta por qué. ¿Por qué tendría que detenerse? ¿Por qué no puede seguir hacia adelante? Ciertamente el esfuerzo la concentra incluso más en la escuela, si es que posiblemente no era excesivo antes.
Estaba contenta.
Por primera vez desde el engaño de Cameron, todo en su vida parecía volver a tomar el rumbo que ella creía que había perdido. ¿Cómo se sentía luego de perder el mástil que tenía? ¿Lo único seguro en medio de la tormenta? Desorientada, por supuesto. Pero, afortunadamente, cambió el mástil por el GPS que son los Di Paolo. ¡Dios, los amaba! A todos y cada uno de ellos. Incluso a Vitto, quien seguía sin saber que su madre había sido su prometida mucho tiempo atrás y Miranda no pensaba decírselo. ¿Para qué? Él no tenía por qué pensar que ahora ella estaba cerca. Suficiente tenía con Luca Bitalli, que insistía en invitar a Miranda a cenar ahora que Giuli vivía con él.
Giuli estaba harta.
-Me usa para llegar a ti, estoy harta. La próxima vez, le voy a rebolar algo.
-Rebolear, Giuli-corrigió.
-Eso mismo.
Para Miranda, la obsesión que Luca tenía con ella y su relación con Cameron la habría preocupado, hasta que entendió que era por Marco, en realidad. Bien, él había dicho que le gustaba Miranda, y, dada la complicada historia entre los Di Paolo y los Bitalli, lo entendía. Entendía el enojo y la frustración de ver a tu hijo es la misma situación que te torturó por casi treinta años, pero todo tenía un límite. Miranda estaba a punto de llegar a ese límite.
Marco, por su parte, se llevaba gran parte de sus pensamientos y de sus días. Miranda no paraba de agradecerle mentalmente todo lo que hacía, aunque, ciertamente, él se negaba a aceptar sus palabras de agradecimiento. Santino, a pesar de la insistente negativa, era muy cercano a Giuli.
Ciertamente, Miranda quería que estuvieran juntos: él era más tranquilo que ella y su conjunto podría potenciarlos a los dos. A ella podría ofrecerle a alguien para asentarse por primera vez en su vida y él ganaba, realmente, una relación seria con alguien que valía la pena.
Miranda, por el momento, no comentaba nada. Fingía ser casamentera del resto cuando en realidad no podía ni siquiera ella misma decidir qué quería. Marco estaba realmente dispuesto a esperar que ella quisiera estar en una relación y Miranda estaba decidida a que él fuera el primero en recibir la noticia de que estaba preparada para una.

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Marco se metió en el hotel en el que fue citado, ciertamente molesto. Estaba ahí para cortar el asunto de raíz; una parte de él, le dejaba claro que no era exactamente lo que iba a pasar, pero insistía en honrar el tiempo invertido en la persona que le abrió la puerta de la habitación, ataviada en una bata de seda, con el cabello enrulado y ropa interior de encaje.
-Te dije que ibas a volver a buscarme-inquirió Valeria, dejándolo pasar. Marco sonrió como si la frase fuera particularmente graciosa. Tenía una liga apretada en su muslo y esa fue parte de la razón por la que Marco, repentinamente, tenía migraña.
-Si, ¿qué te propones, Valeria? -ella cerró la puerta y lo miró, diciéndole con la mirada que pensaba arrojarse encima de él en cuanto viera la oportunidad. Marco se sentó en el respaldo del sillón y se cruzó de brazos. Valeria no quitaba sus ojos de sus brazos encamisados.
- ¿Qué me propongo? Te lo dejé muy claro.
- ¿Hace cuánto que me conoces?
-Más de lo que te conoces a ti mismo...oh, lo siento, entendí cuánto me conoces, ¡que torpe de mí! -Marco ignoró esa presunción de inocencia y continuó.
- ¿Hace cuánto que me dejaste? Porque me dejaste. Tú me dejaste; si por mi fuera, aún estaría contigo. Públicamente incluso-Valeria sonrió, pero Marco sabía que la trastocaba el comentario.
-Te dejé por las circunstancias, Marco. No quería realmente dejarte.
- "Hay otro" fue la frase que usaste, ¿recuerdas eso? Yo lo recuerdo.
-Lo recuerdo.
- ¿Vas a decirme que, haberme dejado por otro es una circunstancia que tú no querías?
- ¿A qué viniste si vas a sermonearme en lugar de dejarme meterte entre las sábanas? Pregunto.
-Quiero saber qué te propones. Podría meter a medio mundo a ver qué quieres exactamente, pero preferí mantenerlo privado, tal como hiciste tu conmigo, preferí ser directo y venir a hablar contigo. No me hagas desear no haberlohecho.
-Si no fueras tan arisco y me dejaras tocarte, te haría desear volver mañana-Marco hizo una mueca.
- ¿Vas a decirme qué quieres? Con claridad.
- ¿Qué más clara puedo ser? Te dije exactamente por qué volví. Por qué te busqué.
-Bien-dijo, levantándose. Siguiendo a lo que ella podría esperar, él, lejos de inflarse el ego porque ella halagara su calidad de amante, estaba enfadado.Totalmente enfadado-yo no sé cómo tienes la cara tan dura como para dejarme por otro y luego decirme que soy el mejor que tuviste.
-Marco, dímelo.
- ¿Que te diga qué?
- ¿Qué haces aquí?
-Vine, específicamente a preguntarte si es verdad lo que decías.
-Marco, mi situación cambió radicalmente cuando te fuiste.
- ¿Qué situación? -preguntó, confuso. Meses antes de irse, él le había perdido totalmente el rastro.
-Te amo, Marco-él la miró, intensamente. Realmente no se esperaba eso, menos de ella y menos en esa situación. Instantáneamente, sintió como la garganta se le cerraba. Miró al techo, y suspiró.
-Habría dado todo porque me lo dijeras cuando yo te amaba-ella sonrió. Lo peor para ella era que él realmente no intentaba sonar hiriente, quería ser honesto.
-Lo estoy haciendo ahora, ¿cuál es la diferencia? Estás soltero, yo estoy soltera...te amo y te conozco. Tú me amabas y me conoces también. No es necesario que me ames ahora, sé que puedes amarme de nuevo-Marco evitó hacer una mueca de disgusto, pero no logró evitar el tono de voz.
- ¿Quieres decirme que quieres que me olvide de que fuiste mi primer amor, que me cambiaste por otro y de que amo a otra persona, simplemente para darte placer? -preguntó, quisquilloso-estar loca en tu nivel, es poco.
-No creí que fueras del tipo rencoroso.
-Sabes mejor que nadie que no soy rencoroso, pero no voy a dejar de lado todo lo que me hiciste pasar simplemente para que tú estés contenta. Yo te perdoné, pero eso no significa que vaya a volver contigo-pasó por su lado, y se acercó a la puerta-Valeria-llamó, ella hizo un sonido de asentimiento-espero no tener que volver a verte en estas circunstancias.
-Oh, circunstancias-dijo, bromeando-siempre me gustó tu porte de hombre de negocios-luego, miró con detenimiento su ropa- ¿esa es la camisa que usabas cada vez que venías a verme?
-Espero no tener que volver a verte en estas circunstancias-repitió y, con un saludo seco, dio por zanjado el asunto.






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Jaque Mate [Completa]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora