Cameron estaba teniendo un mal día. Bianca, para empezar, tenía migraña y nauseas; como padre del bebé, quería estar ahí para ella. Segundo, Miranda había sentenciado que ya se había acostado con Di Paolo. Más de una vez. Y tercero, estaban a los besos en la cocina.
Marco se adelantó y Miranda lo encerró entre sus piernas, cruzando sus tobillos detrás de él.
-Es una buena tela-murmuró, mordisqueándole el labio.
-Puedes quitármela si quieres verla mejor-ella sonrió. Las manos de Di Paolo, que habían estado apoyadas a los costados del cuerpo de Miranda, sobre la mesada, sin tocarla, fueron moviéndose hasta meterse dentro de la falda, sobre la piel de sus muslos. Cameron tensó la mandíbula. Le dejó besos sobre la mandíbula y luego sobre el cuello. Miranda le dio el espacio para que lo hiciera, y enredó las manos entre los oscuros mechones de cabello rubio. Las manos de Marco salieron de donde estaban, se apretaron a su cadera, la presionaron contra su cuerpo, y la besó.
Miranda, llevando su mano hasta su espalda, le quitó la camisa de dentro del pantalón; luego las arrastró hasta adelante, comenzó a juguetear con el botón y Marco la detuvo con una mueca de dolor.
-Espera, espera. Me duele-Miranda se detuvo.
-Lo siento, lo siento. ¿Está curado? ¿Necesitas que cambie la venda? -Marco sonrió abiertamente.
- ¡Estoy herido y quieres verme desnudo!
-Por supuesto que quiero-Marco se rio.
-No hace falta que esté desnudo, Miri...-colocó los labios en su cuello y ella le enredó las manos en el cabello -no me gusta esto.
- ¿No tenerme? -preguntó, divertida.
-Además...-respondió, asintiendo y quitando el rostro de la curva debajo de su cabeza-la herida, esto no me gusta-murmuró, apoyando su mano sobre la tela, justo encima del sector lastimado. Miranda ladeó la cabeza y apoyó las manos en su cintura; se apretó contra su cuerpo y le levantó la camisa lo suficiente para verla.
-En serio, Marco, ¿qué tanto te duele? -él suspiró. Cameron odió cada segundo de esa conversación, pero definitivamente detestó el tono de preocupación real que sobrecargaba su tono.
-Duele bastante.
- ¿Te molesta que haga estas cosas? Dímelo y me detengo-Marco sonrió.
-No pienso pedirte que te detengas...sí que no te...te pongas loca.
- ¿Que no me ponga loca? -inquirió, divertida- ¿qué se supone que significa eso?
-Trata de no...no entusiasmarme-Miranda se rio. Cameron destensó los músculos del cuello, molesto, pero no dispuesto a irse.
-Bien-accedió-hablé con Valentino ayer... ¿sabes algo de Gio? ¿Está bien?... -Marco parecía ser consciente de que había algo que Miranda quería preguntarle y no se atrevía.
-Si quieres preguntarme si siente la herida, sí, la siente.
- ¿Qué tanto? -Marco no parecía querer contestarle eso, así que sonrió y cambió de tema. Cameron no entendía a qué demonios se refería con lo de sentir una herida de otra persona, pero no quería preguntar tampoco. No le interesaba.
-Te ganaste a Ottavio.
- ¿Qué? -emoción era una forma bastante clara de describir su estado de ánimo. Cameron sólo conocía a Ottavio Mastroianni por el nombre y el apodo que todos en Milán le daban: el atractivo.
-Me lo dijo ayer.
- ¿Qué hice que le gustó tanto?
-Me dijo que abofeteaste a Valeria-Miranda asintió y bajó la mirada hacia la herida cubierta por la camisa- ¿por qué hiciste eso?
-Cameron me envió el video...de lo que pasó el día del beso-Marco suspiró.
- ¿Entendiste que no te engañé?
-No me habría acostado contigo si no lo hubiera entendido, pero Santino me tradujo. Quedó todo más que claro-dijo, levantando la cabeza para mirarlo-yo también te amo-Marco sonrió y se alejó de ella. Cameron tuvo un leve recuerdo intentando reproducirse en su mente: la primera vez que Miranda le había dicho que lo amaba. Él no se había alejado de ella. Las manos de ella, de todas formas, no se lo permitieron: viajaron hasta los bolsillos traseros del pantalón, apretándolo contra su cuerpo.
- ¿Soy sólo yo o estás más toquetona? -Miranda sonrió porque ella le había enseñado esa palabra.
-La aprendiste-aseguró. Marco sonrió-tú eres un toquetón. A ti te gusta tocar excesivamente.
- ¿Te parece excesivo? No tienes un gran problema porque no me detienes-ella sonrió, divertida.
-Es cierto-dijo, asintiendo un par de veces-no estoy ejercitando el trasero para nada-Marco se rio.
- ¡Me gusta soberanamente tu ejercicio! -ella se rio.
-Qué bonito pronuncias la jota, ¿te lo mencioné? -Marco frunció los labios.
-No seas irónica, vas a romperme el corazón.
- ¿De qué estás hablando? No estaba siendo irónica-Cameron suspiró en su rinconcito del mundo, desde donde pispiaba todo, negándose a retirarse.
- ¿Vamos a cocinar?
Un murmullo bajo llegó detrás de él.
- ¿Cam? -murmuró Bianca. Él se le acercó y la tomó de los brazos porque la notaba pálida.
- ¿Te sientes bien?
-Estoy bien...esperaba que...que vinieras, conmigo, arriba-él suspiró.
-Por supuesto-la ayudó a subir las escaleras, dado que le costaba, la llevó hasta su habitación y la recostó sobre la cama. Suspiró y Bianca le tomó la mano.
- ¿Estás bien? -realmente se esforzaba por llenar el espacio que Miranda le dejó en el pecho, pero no lo lograba. Ni ella ni la niña en camino.
-Estoy bien. Pensaba en cambiarle el nombre-Bianca apretó sus manos alrededor de su vientre.
-Pensé que querías que se llamara Bárbara.
-Me gustaría un nombre pensado por nosotros...-no dijo claramente que lo eligió por Miranda, pero ella lo sabía; había crecido con su hermana y conocía esos detalles.
- ¿Qué nombre te gusta?
-Pensé en Eligia-Bianca se rio levemente.
- ¡Es horrible, no! -su negación, si bien fue pacífica y tranquila, también fue rotunda.
-Bien, ¿cuál te gusta a ti?
-Clara.
-Clara Bitalli-tanteó él. Le dejó un sabor agridulce en la lengua; le gustaba y le dolía al mismo tiempo-me gusta-dijo, sonriéndole a ella-es bonito.
- ¿Estaba todo bien abajo? -Cameron se pasó la mano por el cabello y se dejó caer sobre la cama. Tenso, inestable y completamente consciente de que eso era enteramente su culpa.
-Todo bien-sentenció, mirando hacia el techo, evocando la sonrisa fácil de Miranda, que sólo era para él porque no les sonreía a desconocidos-todo bien.
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Jaque Mate [Completa]
RomanceMiranda comienza otro año escolar. Todo es normal, excepto los nuevos estudiantes. Su novio los detesta, y el mundo parece detenido por los europeos recién llegados. Por su parte, su padre tomó la decisión de escaparle a los recuerdos dolorosos qu...
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