.Capitolo Venti.

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Giulietta estaba recostada en el sillón de la casa de su tío cuando Tea apareció en el panorama, justo delante de la televisión que, honestamente, no estaba viendo. Hasta el techo era más interesante que un programa de preguntas y respuestas donde la persona que sabe todas las respuestas juega a ser una inocente florecita que duda de su capacidad para recordar datos.
-Tea, ¿qué estás haciendo? -preguntó Cameron, que estaba sentado a su lado.
-Miranda llamó-Cameron se reincorporó con tanta rapidez que el sofá movió el trasero de Giulietta hacia arriba y hacia abajo.
- ¿Qué? ¿Cuándo? ¿Qué dijo?
-No quería hablar contigo, pesado. Quería hablar contigo-dijo, señalando a su prima. Cameron se volteó a verla y luego volvió a ver a su hermana.
- ¿Qué dijo?
-Preguntó si la salida sigue pendiente.
- ¿Qué salida? -Giulietta tomó su celular de la mesada para chequear por qué motivo no le habían llegado los mensajes; el aparato no respondió porque no tenía batería.
-La llevo a un bar para que se desestrese-dijo, volviendo a apoyar el teléfono en la mesada-sólo eso.
- ¿No se te ocurría otra idea que no incluyera tipos desconocidos? -Giulietta sentía una lealtad arrulladora hacia Miranda y eso significaba que la defendería del imbécil de su primo.
-Ignorando el hecho de que no eres su dueño y puede hacer lo que quiere, ¿qué preferirías? Estoy curiosa.
- ¿Uh?
- ¿Prefieres un desconocido o Marco? Porque, puedo asegurarte que no creo que vaya a ir por ahí, besando a cualquiera...pero Marco...-sonrió con diversión y lascivia-Marco no es cualquiera.
-A veces me pregunto de qué lado estás.
-Ya dejé en claro de qué lado estoy.
-El lado de Giulietta no es suficiente esta vez. Esto es un asunto familiar-Giuli sonrió.
-Estoy del lado de las únicas personas que realmente muestran, al menos, preocuparse por mí.
Ignoró cada mínima palabra que entendió que decían y caminó hacia el cuartucho del fondo, donde le habían dicho que dormiría hasta que tuviera otro lugar más seguro donde ir. Rebuscó en la maleta, y comenzó a sacar cosas que pensó que podía usar. Lo cierto era que no tenía muchas cosas, la huida había sido tan rápida que muchas cosas no habían tomado, pero escogió lo más revelador y elegante que tuviera; su marca personal, además de Chanel y las perlas, era la elegancia. Arrojó pedazos de tela sobre pedazos de tela sobre la cama, pensando qué podía ponerse: faldas...creía que, si decía que tenía cuatro, exageraba el número; se decantó por el pantalón porque hacía frío afuera. El blanco cortaría el negro empinado de la blusa. Salió de la habitación y se internó en el baño, probándose cómo le quedaba. Pasó la mano suavemente, tocando la piel entre sus pechos, levantados por la pequeña estructura de metal que había comprado justamente para eso y que tanto le había costado conseguir para su tamaño, expuesta por el escote, llamativo, pero no demostrativo. Ladeó la cabeza, le gustó lo que vio. Sonrió.
-Te ves bien, Bitalli-dijo, volteándose para ver su espalda. Toqueteó con delicadeza las dos tiras que colgaban del collar que se ataba detrás de su cuello. Recordaba el momento en que se lo había comprado, en Londres. Recordaba, por supuesto, la sonrisa coqueta del dueño de la tienda, un hombre correcto y muy amable, como la mayoría de los ingleses que ella había conocido.
-Me gusta la blusa-comentó Tea, apoyándose contra el marco de la puerta.
-Espero que no vengas a darme un sermón sobre la familia porque te cierro la puerta en el rostro y no va a interesarme-Tea sonrió como si su prima fuera imposible.
-Siempre me gustó tu forma de ser, ¿sabías? -Giulietta la miró, no entendiendo cuál era la razón detrás de su comentario.
-Creí que lo odiabas.
-No, por supuesto que no. Me gustaría ser como tú.
-Me gustaría que me clarificaras por qué estás diciéndome esto.
-Por ninguna razón en particular, es sólo que...quería que lo supieras-luego, se aclaró la garganta y Giulietta, que había estado mirándose meticulosamente los poros de la nariz, suspiró.
- ¿Qué pasó, Tea? Pregúntame.
- ¿Quiénes van...hoy con ustedes dos?
-Marco y Santino, los dos de siempre, básicamente-Tea asintió.
- ¿Es como una...cita doble? -preguntó, divertida.
-No creo que Santino y yo tengamos una cita-sentenció, poniéndose crema en el rostro.
-Oh, ¿por qué no?
- ¿Por qué preguntas tanto?
-Me gusta ser consciente de la vida de mi familia-Giuli la miró, consciente de que no era cierto.
- ¿Cuántos años tengo?
-Diecisiete.
- ¿Cuándo cumplo años?
-El catorce de febrero...
- ¿Dónde estuve antes de estar en Viena? -Tea cerró la boca y Giulietta sonrió-en Madrid, Tea. España.
-Eso mismo.
-Si quieres preguntarme por algo o alguien en particular, deberías hacerlo directamente. No finjas que mi vida te importa porque no me lo creo-Tea sonrió.
-Realmente me gustaría ser tu amiga, Giuli-ella sonrió.
-Déjame que me cambie, por favor.
-Te queda bonito.
-Lo sé-asintió, mirándose en el espejo y sonriendo-lo sé.

Jaque Mate [Completa]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora