Giulietta estaba mirando al techo de su cuarto, tras haberse despertado luego de un sueño movido con un protagonista poco accesible, acostada en la cama que su padre aseguraba que era suya, en ropa interior de encaje. No sabía qué la había motivado a simplemente desvestirse y quedarse así, como si estuviera esperando algo. Apoyó una mano en su vientre y dejó el otro brazo caer sobre la cama, encima de su cabeza.
En realidad, negándolo se estaba mintiendo a si misma; sí sabía por qué estaba en ese estado, y sí sabía qué estaba esperando: a un rubio de ojos celestes que usaba más trajes que moléculas de oxígeno. Las imágenes que su mente reproducía no correspondían con un recuerdo ni real ni posible, pero sí tangible. Ella casi podía sentir las manos del falso Santino tocando su estómago, su vientre, tocando su pecho, acariciando su cabello, paseándose delicadamente sobre la suave tela que la cubría; sentía la mano intrusa colándose entre la tela del broche del sujetador, que lo quitaba del camino y dejaba que su boca se deslizara tranquilamente por su cuerpo, sobre su pecho, quemándole las células como si realmente no tuvieran algo más entretenido que hacer...la Giulietta sobre la cama deslizó la mano sobre su pecho y terminó quitándose la prenda. Ni siquiera sabía, y realmente no sabía, qué motivaba esa actitud, pero sentía ligeras las piernas y el cerebro sin muchas posibilidades de retomar el control de la situación.
No tuvo éxito cuando cambió de posición, dejando una posibilidad de meter dos dedos entre la tela de las bragas, no de forma obscena, pero con suficiente contundencia como para quitarlas; se engancharon en su tobillo en el camino hacia el suelo y las arrojó al piso sacudiendo su pie. Se frenó momentáneamente, preguntándose desde cuándo ella se tocaba por un hombre, y retomó cuando sintió un susurro en su oído, diciéndole que él estaba ahí, tocándola. Al tener los ojos cerrados, no le fue difícil creer que los dedos que sentía eran de él y no de ella. Lo único que entendía era la imagen de la sonrisa de Santino, observando su rostro contorsionado por las sensaciones que le generaba, que se estaba mordiendo el labio, que algo estaba definitivamente entrando en su cuerpo, y, por supuesto, sus conocidos jadeos. Por supuesto que su parte consciente le decía lo que estaba sucediendo, pero ella no la escuchaba.
Santino le susurraba cosas en el oído a la Giulietta en su cabeza, la tocaba y le decía que la amaba, la besaba y le hacía el amor durante horas... Quería acallar las semanas de sueños movidos que había tenido con él, pero con el Santino real...no con el falso, imaginario e inventado. Quería saber qué diferenciaba al Santino chico del Santino hombre; además de la capacidad para complacerla, que no dudaba que la tuviera.
Claro que sabía lo que le pasaba: estaba haciendo algo que un hombre jamás generó que ella se hiciera estando en la intimidad de la habitación, sola...mientras pensaba en Santino. En que Santino la tocaba, la besaba, la miraba con adoración, le sonreía y estaba ahí con ella. Claro que sabía qué quería decirle esto, pero el sonoro nombre que escapó de sus labios se lo terminó de dejar claro.
Sacó sus dedos de su cuerpo, los dejó quietos donde estaban ubicados; a los segundos de tratar de procesar lo que le había pasado, los arrastró rozando su cuerpo y los observó con cuidado; dado que jamás lo había hecho sola, se sorprendió al verlos cubiertos del líquido blanquecino que no había visto muchas veces. Luego, se detuvo a ver tranquilamente su desnudez, y se levantó; se puso una bata y se sentó en el tocador...se miró en el espejo, rogándole a su cerebro que le dijera qué le pasaba, que dejara a las palabras salir inconscientemente por su boca. Ella creía fervientemente que, si lo escuchaba con mucha calma y paciencia, el cerebro respondía. Y así lo hizo.
-Lo amo-sonrió levemente al espejo y evocó la sonrisa fácil de Santino, la que exhibía todos los días, la que era capaz de comerse el mundo y la que generaba que ella quisiera comérselo a él-lo amo.
Esa idea, desde luego, trajo otra presente: su hermana también lo quería. Hasta el punto de que la había lastimado en más de una ocasión por él. Tenía dos opciones: o se lo decía y moría por eso, al igual que él o no le decía nada, forzaba la situación a tomar rumbos distintos para cada uno y se esforzaba por olvidarlo; cosa que, sino difícil, veía imposible. La única opción que veía plausible era pedirle ayuda a quien le había dicho que la ayudaría siempre que lo necesitara: Jackson. Tomó su celular y lo llamó. Se mordisqueó la uña del pulgar y luego, recordando lo que había hecho recientemente, alejó su mano de su rostro y se mordió el labio.
- ¿Hola?
-Jackson, hola.
- ¿Giuli? ¿Cómo estás?
-Bien, ¿dónde estás?
-En California.
- ¿Puedes venir?
- ¿Está todo bien?
-Necesito un último favor tuyo.
-Claro, ¿qué necesitas?
-Que vengas en cuanto puedas, ¿cuándo será eso?
-Papá necesita que haga algo mañana, estaré libre luego de eso. Buscaré un vuelo e iré contigo, ¿bien?
-Necesito que me ayudes a distraer a alguien.
- ¿A quién y por qué?
-A Santino Di Paolo y porque lo amo y estar conmigo lo arruinaría-sentía tantas ganas de gritarlo que no notó que había dicho en tres segundos algo que podría haberle tomado diez, tal vez quince.
-Espera un segundo. Déjame hilar. ¿Santino Di Paolo? ¿El examante de tu hermana?
-Eh, te agradecería que no me lo recuerdes.
- ¿Lo amas? Giuli, ¡eso es hermoso!
-Deja de ser hermoso cuando empieza a ser peligroso.
- ¿Peligroso?
-Ven y te explico todo aquí.
-Llegaré cuanto antes.
Se preparó para ir a la escuela, lista para ignorar a Santino en cuando lo viera, pero le costó cuando lo vio bajar del auto. ¡Maldita sea, no podía gustarle tanto!
El aire le sacudió el cabello, el pantalón se le ajustaba a las piernas finamente, la camisa le ensanchaba el pecho y el reloj en la muñeca le daba un toque masculino y potente que sólo se comparaba con las gafas de sol que tapaban sus ojos azules. Trabó la puerta y se apoyó en el capó del auto, frente a la escuela, aparentemente no consciente de que ella lo observaba. Esperó pacientemente a Marco, que llegaba después de él, con Miranda. Sonrió ante ellos, instándolos a que se le acercaran. Despacharon a Miranda para tener una conversación que claramente ella no podía escuchar, por cualquier motivo que fuera. Si Giulietta pudiera, iría a verlo, lo besaría hasta perderse y fundirlo en su propia piel...pero, siempre tenía ese miedo.
Gabriela también estaba observándolo.
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Jaque Mate [Completa]
RomansaMiranda comienza otro año escolar. Todo es normal, excepto los nuevos estudiantes. Su novio los detesta, y el mundo parece detenido por los europeos recién llegados. Por su parte, su padre tomó la decisión de escaparle a los recuerdos dolorosos qu...
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