.Capitolo Venticinque.

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Miranda tomó un sorbo de café y notó a Bianca moverse a su alrededor. Ciertamente era una imagen fastidiosa: Cameron a su lado, suspirando, Bianca, tensa y los niños corriendo, gritando, llorando y pataleando completaban el panorama. La pregunta se repetía en su mente: ¿qué demonios haces en la cita del obstetra con tu hermana y tu ex novio? Su nueva terapia era decirle cuñado. Eso era, su cuñado.
Dada la situación, su madre justificaba la presencia de Cameron, abriéndole la puerta de su casa incluso más que antes; de hecho, Miranda sufría su presencia durante todo el día. Estaba en la escuela, en su propia casa, en su entrenamiento, porque compartían una pared alambrada entre su cancha y la de él, y, para colmo, también la mesa de la cena. La única salvación de Miranda, eran los Di Paolo y Giuli.
- ¿Puedes quedarte quieto? -inquirió hacia Cameron, que se movía impacientemente a su lado.
-Estoy nervioso.
-Por supuesto. Supongo que ser padre a los dieciocho realmente no era parte de tu plan-Cameron la miró y se levantó. Miranda lo alejó y le planteó las dudas que le recorrían la cabeza- ¿tus padres saben del bebé? -Cameron se pasó las manos por el rostro y se recostó contra la pared. Miranda tuvo un pequeño recuerdo de la primera vez que le había coqueteado, en unas vacaciones en Brasil, donde él estaba en esa misma posición, y ella llevaba un bikini floreado que odiaba totalmente, pero que tenía volados cubriendo su trasero y era el único que su madre aprobaba porque no pasaba vergüenza por el exceso de grasa que cubría a su hija.
-No se los dije...me enteré hace poco...
- ¿De qué estás hablando? Lo sabes hace como dos semanas.
-Necesito digerirlo.
-Aún no digiero que me engañaste con mi hermana, imagínate cómo estoy yo.
-Lo sie...
-No lo sientas. Supongo que valió la pena para descargar la excitación. ¿La masturbación jamás te pareció una idea muy buena o tenía que ser una persona real? ¿Era obligatorio? Esa es mi pregunta. No, lo siento-dijo, evitando que respondiera-la pregunta es si era obligatorio que fuera mi hermana.
- ¿Me habrías perdonado una infidelidad si supieras que era otra mujer? -preguntó, curioso.
-Por lo menos lo catalogas como infidelidad. No-respondió finalmente-te habría mandado al demonio igual.
-Es la primera vez que hablas abiertamente conmigo sin correrme el rostro.
-Cierto, no sé por qué.
- ¿Qué haces realmente aquí?
- ¿Honestamente? No te importa-Miranda llevaba tiempo digiriendo la noticia, aunque le había tomado sus buenos días. En realidad, ella creía que ir a la primera cita del obstetra, porque no pensaba volver a acompañarlos, era una forma de obligarse a sí misma a aceptar la realidad. Su hermana de dieciséis años estaba embarazada de su ex novio de dieciocho; por supuesto, en el medio, había habido un engaño hacia su persona.
Miranda se volteó y se sentó al lado de su hermana; no le prestó excesiva atención, la ignoró magistralmente mientras comenzaba a contestar mensajes. Bianca le tocó el hombro cuando notó que no le prestaba atención.
- ¿Qué crees?
- ¿Qué creo sobre qué?
-Sobre los nombres que te dije.
-No lo sé. El engendro tiene padre y no soy yo, ¡gracias al cielo! Pregúntale a él, para algo tiene que servir este chico.
-Sé que esto no te gusta...
-Descubriste América, bombón.
-Pero las cosas malas pasan-terminó, ignorando las palabras de su hermana.
-Por supuesto que pasan, él nació-Bianca bufó, incómoda y enfadada con el rumbo que había tomado la conversación. Miranda se meneó en el asiento, tratando de acostumbrarse a una de las tangas de algodón que Giuli le había obsequiado. Su madre jamás la dejó usarlas porque las veía muy sexuales, y Giuli le había dicho que eso era una idiotez, que el algodón no podía ser menos erótico. Miranda había entrado en su habitación, había visto una bolsa color azul con rayas blancas, en donde se leía la palabra Bizantina con una delicada y elegante letra dorada; al abrirla, Miranda se había ruborizado y se había abofeteado mentalmente al notarlo. Era ropa interior, no era nada más que eso. Miranda no había notado qué tanto había calado su madre en su cerebro hasta que no lo pensó detenidamente.
-Miranda...-la susodicha miró a Bianca, indignada.
-No me "mirandees" a mí. Te comportaste como una maldita caprichosa-Bianca abrió los ojos, sorprendida-si tanto te gustaba Cameron, podrías haberle hablado primero.
-Estabas todo el tiempo con él, ¿qué ganaba con hablarle? Eras tú quien iba a su casa a dormir, y con quien jugueteaba durante las vacaciones-esa conversación era más incriminadora de lo que Miranda estaba dispuesta a aceptar y envió a la situación a irse al demonio.
- ¿Sabes qué? No voy a tener esta conversación ahora. Si lo hago, necesito, mínimo, quince mililitros de alcohol por litro de sangre en el cuerpo-por supuesto, Bianca no entendió la referencia de química, así que Miranda fue testigo del fruncimiento del entrecejo en su rostro. Casi sonrió por las ironías de la vida. Cameron siempre había creído que la celebración por la inteligencia de Miranda era un poco exagerada: los premios de ciencias no importaban, las medallas de matemática no importaban, los listones de química tampoco...y ahora, estaba con alguien que tenía exactamente la capacidad de inteligencia que él le atribuía a ella.
- ¿Bianca Santorini? -Cameron se acercó hacia ellas y se metió dentro de la sala.

Jaque Mate [Completa]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora