Santino tomó otra vez la copa de champagne, esperando en demasía la llegada del lunes; pensando en algo más próximo, también esperando pacientemente a que el evento terminara. No debía faltar mucho: el reloj en su muñeca decía que eran las tres de la mañana. Marco a su lado, con Miranda dormitando en su silla con la cabeza apoyada en su hombro, tenía el teléfono en la mano, esperando un mensaje de Pietro.
- ¿Ellos saben de lo que está pasando? ¿Saben que estamos cerca de ir?
-No dijo nada, así que creo que no. Probablemente no lo sepan.
- ¿Qué están arreglando? -Marco movió levemente a Miranda para despabilarla y le pidió que se moviera. Movió la cabeza levemente, indicándole que lo siguiera.
-Aparentemente, Tessio hizo una mala transacción hacia Japón, y tiene que ir a arreglarlo antes de que se arme un problema.
- ¿Tessio hizo una mala transacción? No te creo.
-Yo tampoco me lo creo, por eso tienen que ir ahora. No sé si van a quedarse todo el mes, pero probablemente se queden incluso más.
-Eso quiere decir que Cenzo ya les permitió entrar.
-Tardó más de lo que ellos esperaban, pero sí. ¿Por qué estás tan perdido? Los mensajes en el grupo aparecen como que los leíste-si bien, los mensajes no eran textuales como decir: "Somos parte de la Familia", estaban preparados para decir mucho y fingir que no decían nada. Era un trabajo de inteligencia que sólo a los D'Alessandro se les podría haber ocurrido.
-No estoy prestando mucha atención últimamente.
- ¿Estás bien?
-No lo sé-sentenció, con el ceño fruncido. Apoyó los codos en la baranda de la escalera donde estaban y su hermano se cruzó de brazos.
- ¿Qué te está pasando que estás inseguro todo el tiempo, que no sabes qué te pasa?
-No puedo controlar esto, Marco.
- ¿Pasó algo con Giuli?
-Hay un beso de por medio-sentenció. Aún recordaba muy vívidamente la sensación de los labios de Giuli sobre los suyos. Se pasó las manos sobre el rostro-necesito este mes para aclararme la cabeza.
-No es la primera vez que te gusta alguien, Santino.
-No es por si me gusta o no, es por si le gusto o no. O por si nos dejarán estar juntos...
-Voy a hacerte dos preguntas cruciales. Primera, ¿realmente crees que papá y mamá te prohibirían estar con alguien a quien quieres? -Santino negó efusivamente-y, si ese fuera el caso, ¿te importaría?
-No, ciertamente no.
-Entonces estás buscando excusas, la pregunta es por qué-Santino no contestó-eres mi hermano y te conozco. Sé que luchas con dientes y garras por lo que quieres. El violín es prueba suficiente de que lo haces-Santino rememoró la negativa completa de su padre a que aprendiera violín, y que él comenzó a trabajar en sus tiempos libres para pagar las clases, porque quería aprender. Simplemente. Se compró su amado violín, comenzó a ir a clases y, para cuando su padre se enteró de la situación, Santino ya estaba dando una muestra en el teatro de la escuela. Vitto había notado cosas extrañas en el comportamiento de su hijo, porque se quedaba dormido en clase y en la mesa porque practicaba de noche. Finalmente, su padre se disculpó y le regaló el violín blanco que Santino, aunque no vendió, no usaba.
- ¿Qué quieres decirme con eso?
-Quiero decirte que, si en algún momento decides que ella realmente te gusta, te olvides de todo lo que nos enseñaron.
-Que actúe como tú, básicamente-Marco sonrió.
- ¿Es malo ser como yo? -Santino sonrió.
-Continúa, Marco.
-Haz exactamente lo que tu instinto te dice que hagas, no escuches a la inteligencia...escuché a la inteligencia con Miranda y tardé el triple que si simplemente hubiera ido a decirle que la amaba. Así de simple.
-Así de simple, dices. No es así de simple cuando una chica con una enfermedad mental está obsesionada contigo-Santino era consciente de que eso no aplicaba sólo a Giulietta, pero dado que era quien reclamaba su mente prácticamente todo el tiempo, era a quién le atribuía su necesidad de ponerla bajo tratamiento.
-Bien...tendríamos que usar nuestros activos, en síntesis.
- ¿Para qué? Buscarla y encerrarla sería ilegal si la familia no nos lo permite.
- ¿Desde cuándo escuchamos lo que es legal? -Santino sonrió levemente.
-Si me gusta Giuli en algún momento, se los haré saber.
-----------------------------------------
Marco se quitó el saco y lo dejó en la silla del escritorio de su habitación, mirando como Miranda desabrochaba sus zapatos de tacón.
- ¿Vas a pedirme que me vaya? -preguntó cuando Miranda se levantó y amagó a bajar el cierre del vestido. Ella sonrió.
-No, de hecho. Iba a pedirte ayuda-se acercó hacia él y le mostró su espalda, esperando que la ayudara. Marco tomó el cierre y lo bajó. Dejó besos sobre el hombro desnudo de la que adoraba decir que era su novia y la apretó contra su cuerpo. Miranda, antes de hacerlo, dejó caer el vestido al piso, y quedó en ropa interior, con las manos de Marco tranquilamente apoyadas sobre su estómago y su vientre. Se estremeció con un leve deje de molestia ante la idea de estar parcialmente desnuda al lado de él; ciertamente, había sido una semana preparada para que ella asumiera que eso era normal, que su cuerpo no estaba mal, y que, aunque lo estuviera, a Marco no podría realmente importarle menos-déjame que te diga que entiendo que no quieras acostarte conmigo todavía, pero eso me deja queriendo... ¿podrías hacerme el favor de...? -Marco sonrió ante el tono que usó y la frase que no terminó y la dejó voltearse, mientras, muy lentamente, ella le desabrochaba los botones de la camisa para quitársela; no tenía corbata dado que usualmente no llevaba, pero a Miranda siempre le gustó la idea de tomarlo de la corbata y acercarlo hacia su cuerpo. No lo hizo, por supuesto. Marco la tomó de la cintura, la besó y la empujó levemente hacia el colchón, donde la dejó acostada. Se levantó, trabó la puerta con sumo cuidado y volvió con ella. Miranda esperaba pacientemente que volviera a ubicar el cuerpo sobre el suyo y así lo hizo, besándola con la intensidad de saber que no se verían hasta dentro de un mes. Sus dedos se pasearon delicadamente por su estómago, sus labios descendieron sobre su piel, su cuello, su pecho y Miranda ya había tomado esa práctica como algo totalmente normal. Marco tomó el arete en su boca y levantó levemente la mirada para verla, sabiendo que ella lo veía haciéndolo mientras ocupaba una mano en su cabello. Con lentitud, suficiente para que Miranda comenzara a desesperarse por el contacto, volvió a besarla, logrando que dos dedos se colaran dentro de la tela de las bragas y luego se metieran en su cuerpo. Miranda sentía los músculos estirándose, esperando más, no quejándose como al principio. Impacientes por sentirlo, esperándolo ansiosamente, esperando todo de él; pero, quejándose de que ya no lo quería en el momento en que él lo preguntaba. Lo que Miranda sí tenía que agradecerle al mismísimo Universo, además de que él fuera paciente, era que supiera exactamente cómo tocarla, o dónde, para que sus piernas se sintieran ligeras y tensas al mismo tiempo. Para que su cuerpo deseara entregarse a él. Para que, con un simple beso, sus músculos ya se estiraran como una flor en pleno apogeo de florecer. Impacientes por él. Queriendo que la besara, la tocara. Que fuera el Marco que habían halagado tanto, que fuera el amante por el que Valeria seguía rogando; el que, aunque no le gustara, tantas otras habían probado antes que ella. Su consuelo era que, pese a haber habido tantas, lo habían preparado para ella, porque era suyo y no pensaba soltarlo. Estiró la cabeza hacia el costado, apretando su mano alrededor del cuello de él y Marco le depositó leves besos en la clavícula, con muy poca piedad ante lo que Miranda no podía nombrar con claridad porque, sinceramente, no creía que su cerebro pudiera procesar otra cosa más que lo mucho que disfrutaba esa situación tan íntima. Luego, la besó con todo lo que poseía de experiencia.
Si Marco tenía que ser honesto, ella se había acostumbrado relativamente rápido a esa situación por el simple hecho de que jamás se había acostado con nadie y se adaptaba rápido a lo que era nuevo para ella, pero, en este momento, el desesperado realmente era él. Quería culminar esa situación. Quería que se entregara a él. Quería que fuera suya en todos los aspectos en que se puede estando en una relación. Pero no podía ignorar el hecho de que Miranda seguía tensándose cuando Marco enganchaba los dedos al costado de las bragas con la intensión de empujarlas hacia abajo. Ya había supuesto una gran carrera que ella quisiera, pudiera y no se sintiera incómoda por estar en ropa interior delante de él, dejando que la tocara. Él la entendía: jamás había hecho eso sin sentirse presionada y Marco quería probarle que no tenía prisa, aunque sí la tuviera. Miranda, de todas maneras, jadeando y soltando leves gemidos en su boca era más que suficiente para mantenerlo quieto, al menos por un rato. Se detuvo y la miró a los ojos, sonriendo.
-Dime una cosa-ella lo miró- ¿te gusta, Miri? -ella se mordió el labio y sonrió.
- ¿Sueno como si no me gustara? -Marco sonrió más abiertamente y se quitó de encima. Se sentó a su lado mientras ella se acostaba sobre la almohada, observó tranquilamente las prendas blancas que hacían poco por mantener el cuerpo de Miranda cubierto decentemente y sonrió, poniendo una mano sobre la parte superior de su muslo, casi su trasero; lo deslizó sobre la piel y enganchó un dedo alrededor de la tela sobre su cadera; lo quitó con rapidez, golpeándola levemente con ella. Miranda se estremeció con gusto al oír el chasquido.
-Me gusta la elección de ropa interior-ella sonrió porque ya se había acostumbrado completamente al encaje y a la comodidad de las prendas más pequeñas.
-Giuli insiste en el uso de las tangas, me lavo completamente las manos en esto-Marco entrecerró los ojos e hizo una mueca como si fuera sublime la situación.
- ¡Me gusta tanto su amistad! -exclamó, divertido. Miranda se rio y le quitó la camisa; se la puso ella, la cerró sobre su cuerpo y se metió dentro de la cama. Marco se puso el pijama y salió de la habitación, encontrándose con su padre y Santino en la oficina.
- ¿Algo nuevo para comentar? -preguntó.
-Los vinos se están vendiendo bien. Están en el proceso de embotellado, y hubo pocas pérdidas con respecto a la vendimia del año pasado-comentó su padre. Por el tono con el que habló, sus hijos dedujeron que faltaba la peor parte; y no tenía nada que ver con los vinos-hay alguien siguiendo a Bella, no sé por qué y no me interesa, tienen que tener cuidado. Ella está en Grecia con su prometido, así que tendremos tiempo para ver qué ocurre-locierto es que él no pretendía encontrar nada, pero quería mantenerlos ocupados.
-Perfecto-sentenció Santino sin rechistar. Si tocaba a su familia, ninguno se negaría a ninguna propuesta para eliminar la posible amenaza de raíz- ¿por qué nosotros? Creí que Cenzo tenía sus investigadores, bla, bla, bla.
-Cenzo no está en Milán, Santino, y quiere mantener esto en familia...al menos hasta asegurarse. O eso dijo Giorgio.
-Giorgio dijo eso-sentenció Santino, dudando-no Cenzo.
-Cenzo no me dijo nada del tema; lo preocupa, lo siento, pero no me lo dijo él.
- ¿Por qué no te lo dijo? Es su hija, debería quererla protegida.
-Si la quiere protegida, de los cuatro en mi Grupo, definitivamente no iría con el que está en el otro lado del mundo-Santino asintió, pensativo.
Siempre había tenido un gran respeto por el grupo de su padre, pero realmente recordaba la primera ocasión que fue consciente de la potente unidad que eran todos: estaban en un evento, como siempre que algo interesante sucedía, y las edades del Grupo Emperador hijo rondaba desde los doce hasta los diez. Tenía la fotografía de ellos con el pequeño traje en tonos azules, dado que ese evento había sido "Noche de Zafiro", y el patriarca de la familia Lucchetti, gran enemigo de Giorgio Mastroianni, y Marcelo Conte se habían acercado hacia la mesa de los niños, donde sus padres estaban, parados al costado, mirando hacia la pista central.
-Bonita noche, ¿verdad, Mastroianni?
-Bonita noche-sentenció, fingiendo interés en mantener una conversación. Los niños eran conscientes de que esas contiendas eran muy posibles de mantener con los hijos de los enemigos de sus padres, así que aprovechaban para aprender. Con el Grupo Emperador, todo el día, todos los días, se aprendía algo. Por supuesto, jamás supieron que se trataba del nivel al que resultó luego.
-Valentia luce totalmente atractiva esta noche, siempre fue muy buena ocultando su insatisfacción-Giorgio sonrió con ironía.
-Me gustaría que dejaras de babear sobre mi esposa.
- ¿Cómo pretendes que hagamos eso? Es, sin duda, la mujer más deseada en esta maldita habitación-preguntó Marcelo.
-Y es mía, ¡que asunto más loco! -dijo, fingiendo no estar tan molesto como realmente lo estaba. Cenzo había sonreído, se había cruzado de brazos, y había mirado hacia los dos llegados. Su padre había apoyado los brazos en el respaldo de la silla, y Ettore se había quedado rezagado, analizando la situación, igual que siempre.
-De hecho, por un tiempo, pensé que uno de sus hijos podía ser mío, ¡eso sí que es un asunto de lo más loco! -dijo Giuseppe Lucchetti.
-Créeme, eres poca cosa para mi esposa. Yo no le llego a la altura, menos tú.
- ¿Lo dices por llenarla, Mastroianni? -realmente habían estado hablando en términos sexuales que ellos no habían entendido con su mente de doce, once y diez, pero que, cuando fueron suficientemente grandes para entender, no podría haberlos asqueado más-siempre se supo que yo tenía más mérito que tú.
-Claro-dijo, elevando la barbilla, imponente. Alzado sobre todo su metro ochenta y seis de músculo, y cruzándose de brazos, poniendo esa mirada que decía que estaba gastando palabras porque la persona con la que estaba hablando realmente no valía su tiempo, dijo: - mientras tanto, en lugar de mirar y desear fervientemente a mi esposa y recordar cosas que querías que pasaran, pero que no pasaron, ¿por qué no te esfuerzas en vencerme en donde importa? No eres más que una gran decepción y mal gasto de espacio, Lucchetti, y realmente, realmente, lo siento por ti-Vitto había sonreído abiertamente, Giorgio había sonreído con ironía y falso cariño y Cenzo se había sentado en la silla, con un brazo doblado, apoyado sobre el respaldo de la silla contigua a la suya. Ettore fue el contundente final.
-Caballeros, un gusto haberlos visto. Tenemos asuntos que atender. Ustedes no, por supuesto, porque eso se denomina trabajar y ustedes no saben qué es eso. Adiós-y los dos se habían alejado. Esa misma madrugada, luego del evento, los padres se habían reunido en la oficina de Cenzo mientras las madres bebían café en la cocina, y los hijos se habían mezclado detrás de la puerta para oír de qué hablaban; pasarían cuatro años más hasta que fueron invitados los dos más grandes, al año siguiente los dos que continuaban en la línea, y luego los últimos dos.
-Lo quiero lejos, ¿Cenzo?
-Puedo hacerlo-dijo, prendiendo un cigarrillo. Ettore sonrió.
- ¿Lejos en prisión o lejos como siete metros bajo tierra? -Giorgio había mirado a Ettore y le había dicho, con mucho desdén:
-Ya lo invité a mi boda; prisión no puede ser peor que eso-Vitto había sonreído y había replicado:
-Te sugeriría quitarles el Monteferrato, y luego haces lo que quieres. De otra forma, sus hijos no te lo darían-Giorgio había sonreído, porque ese comentario le había dado ideas claras de qué debía hacer.
-Lo considero muerto, hermano-Cenzo había sonreído más fuertemente; Ettore había tomado un sorbo de whisky
- ¿Qué hay de Marcelo?
- ¿Qué hay de él? -preguntó Giorgio, dudoso.
-Es un peluche. No me extrañaría que hasta se suicide si Giuseppe desaparece-Vitto, que había contestado, había brindado con él por la decisión-de todas formas, no puede hacerse, Giorgio-el nombrado bufó, molesto-tendrás que tolerarlo un tiempo más.
Claro que luego de ese evento, la cantidad de veces que había sido consciente del poder que gozaban sus padres, del respeto que exigía su postura, del miedo que inspiraba su férrea mirada, eran incontables: desde reuniones a encuentros, esos rasgos potentes, dignos de un hombre de negocios siempre habían marcado el ritmo de vida de sus hijos; les habían enseñado a jamás doblegarse ante un enemigo; que se podía perder una batalla, pero no la guerra.
Que Milán les pertenecía y tenían que defenderla.
A toda costa.
- ¿Santino? -preguntó Marco en la actualidad- ¿en qué piensas?
-En el día que Giorgio quiso mandar a matar a Giuseppe Lucchetti, ¿recuerdas?
-Que consiguió el Hotel Monteferrato, por supuesto.
-Lo único que podía pensar en ese momento fue: mi padre podría hacerlo. Mi padre tiene tanto poder que decide si alguien muere o no-Marco sonrió.
-Yo, lo primero que pensé fue que necesitaba un traje nuevo para el hipotético funeral porque obviamente nos invitarían-Santino se rio.
-Pensé que era extraño. Jugar a ser Dios con la vida de las personas.
-No me digas que tienes un ataque de moral.
-Matamos la moral hace rato.
-Revive cada tanto, la muy molesta-sentenció, divertido.
-Extraño esos días.
-El martes los tendremos de nuevo.
-No te crees falsas ilusiones, Marco. Volveremos aquí dentro de un mes. Quiero volver. Volver y quedarme ahí.
-Yo también, Santi, pero, ¿qué sugieres? Muchas opciones no tenemos-Santino suspiró.
-Supongo que no.
--------------------------------------
¡Hola!
Si les gusta, comenten y voten, realmente me ayudaría mucho.
Muchas gracias.
ESTÁS LEYENDO
Jaque Mate [Completa]
RomansaMiranda comienza otro año escolar. Todo es normal, excepto los nuevos estudiantes. Su novio los detesta, y el mundo parece detenido por los europeos recién llegados. Por su parte, su padre tomó la decisión de escaparle a los recuerdos dolorosos qu...
![Jaque Mate [Completa]](https://img.wattpad.com/cover/149158182-64-k215415.jpg)