Miranda sabía que esa sería una noche que no olvidaría.
Un chico que, a pesar de los pocos meses, se había hecho amigo de Giuli, le preparó la sala VIP de un club nocturno. Giuli no iría, la visita de su hermana la tenía totalmente ocupada, Santino tampoco, aunque sus excusas no fueron del todo concluyentes; quién sí estaba era Marco. Se apoyó en la baranda de la escalera superior, viendo atentamente a la entrada, esperando a que él llegara; impaciente porque lo hiciera, de hecho.
Pidió un trago, aunque no estaba muy segura de qué tenía según la carta de donde lo había escogido, y lo bebió de un sorbo, dado que era un vaso pequeño. Un grupo de chicas celebrando una despedida de soltera la invitaron a pasar a su sala y ella accedió. Karen, la chica que se casaba, lucía una linda minifalda plateada y un top blanco, la corona en su cabeza completaba el atuendo; llevaba lo opuesto a Miranda, de hecho, que llevaba puesta una falda blanca con un top escotado plateado. La futura novia bebía brutalmente de una botella, y el resto no parecían estar en sus cabales.
- ¡Así que te casas! -dijo, mirándola. La chica se rio. No parecía estar tan mal, ahora que la tenía cerca.
- ¡Me caso! -dijo, enseñándole el delicado cintillo de plata recorriéndole el dedo.
- ¿Hace cuánto se conocen?
-Cinco años. Una larga relación.
- ¡Larga, sí! -sentenció. Si tenía que ser honesta, no le parecía una relación muy larga, considerando que había personas que esperaban más de diez años para considerar el matrimonio dentro de las opciones, pero, dado que había gente que esperaba menos, decidió corroborar lo que decía la chica.
- ¿Cuánto bebiste, Karen? -sentenció una de las amigas.
- ¡Solo unos tragos! ¡Me caso mañana! -Miranda no comprendía del todo por qué decidiría no dormir simplemente para disfrutar un último momento de soltería, que ni siquiera era el caso, pero le gustaba ver que lo disfrutaba. Se preguntó si ella pasaría por lo mismo cuando se casara.
- ¡Miranda! -llamó la otra chica de la que ella no tuvo tiempo de acordarse el nombre, con total familiaridad- ¡hay alguien buscándote!
Marco mostró el rostro en la sala y fue arrastrado dentro.
- ¿Es tu novio? -preguntó una de las chicas. Marco tenía la mano de Beah en el pecho y Miranda podría habérsela arrancado, pero no lo hizo.
-No, sólo es un amigo.
- ¡Eso está bárbaro! ¡Gracias por traerlo! -y lo besó, así como vino. Marco estaba tan sorprendido por la situación que se quedó quieto, mirando a Miranda por el rabillo del ojo.
- ¡Felicidades, Karen! Espero sean felices juntos, tu futuro esposo y tú-tomó el brazo de Marco, lo sacó de ahí y lo arrastró lejos, metiéndolo dentro de su sala.
- ¡Que grata sorpresa con la que me recibes!
- ¿Cómo me encontraste ahí adentro?
-Me dijeron que estabas aquí, vine, no estabas y el lugar ese-dijo, señalando la sala donde había estado antes-tenía las cortinas abiertas y te vi. Cuando entré me detuvo esa chica... ¿Quiénes son?
-No lo sé, me vieron en la escalera y me invitaron a beber con ellas.
- ¿Tienes algo que celebrar? -preguntó, conociendo de antemano la respuesta que Miranda le daría.
- ¡Mucho! -estaba que saltaba de contenta y Marco estaba emocionado, si tenía que ser honesto.
- ¿Vas a contarme o qué? -Miranda le tomó la mano, se pegó a él y sonrió. Marco la miró con mucha intensidad, sin ser del todo consciente de qué estaba pasándole en el cuerpo, pero gustoso con que pasara. Lo llevó afuera de la caseta de las festejantes y lo dejó en el medio de la pista medianamente privada.
-Baila conmigo.
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Marco no era del todo consciente de qué estaba pasándole a Miranda, pero, lo que fuera, le gustaba. Suponía que tenía que ver con Cameron porque estaba honrándolo con una sonrisa que no se molestaba en mostrar desde hacía meses, pero desconocía qué era. Suponía también, en un ámbito muy distinto, que era una de las respuestas de la superación, y estaba impaciente esperando a que le dijera. A que lo pusiera en palabras. Lo ponía en movimientos del cuerpo y eso, para él, no era lo mismo. La tenía pegada a su cuerpo, con un mínimo de 5 mililitros de alcohol por litro de sangre, lo que era mucho, y estaba tan dispuesta a menear el trasero al ritmo de la música que no pensaba detenerse por el simple hecho de que Marco se lo pidiera.
El detonante, de hecho, fue que Miranda bailó, se detuvo, lo miró, sonrió y lo besó. Marco no encontró ningún gramo de fuerza para alejarse ni para evitar que eso pasara, así que simplemente lo dejó fluir. Después de todo, simplemente era un beso. La situación cambió cuando Miranda decidió que caminar hacia atrás en esa posición era una buena idea y terminó metiéndolo dentro de la sala privada que el amigo de Giuli le había conseguido. En el preciso instante en que las cortinas se juntaron detrás de ella, Marco comenzó a temblar. No podía hilar palabras en el momento en que lo sentó en el mullido espacio y menos cuando se sentó con las piernas alrededor de las suyas. Le puso una mano en cada lado del cuello y lo apretó contra su pecho, besándolo y dejando que la falda se le levantara levemente, no consintiendo que fuera un impedimento para presionarse contra él.
Besó su cuello, abrió los botones de la camisa y le permitió tocarle los muslos y las piernas. Ciertamente, Marco casi no podía hilar una oración con un sentido léxico definido, y no importaba realmente cuántos idiomas hablara, porque se estaba convirtiendo en un completo y total idiota simplemente porque Miranda lo besaba, dejaba que la tocara y lo tocaba ella también. Olvidando momentáneamente que era virgen y que él no podía controlar del todo quién era y lo mucho que le gustaba, Miranda le bajó los brazos de la camisa y lo ayudó a ayudarla a quitarse el top. Marco descendió lenta, muy lentamente, sobre su cuello, calcinando lentamente cada estructura que se interpusiera en su camino y no le importaba. A ella tampoco le importaba, o eso parecía. Se detuvo cuando la mano de Miranda descendía tranquilamente por su vientre, luchando con el cinturón para meterse dentro del pantalón, y, jadeante, la miró. Ella sonreía con inocencia, como si eso no estuviera pasándole. Confiaba en sus activos, eran lo único que tenía con seguridad, pero no pensaba que su efectividad lograría que pasara de no tocarla a prácticamente acostarse con ella en un club nocturno. Además, no era lugar para acostarse con nadie.
- ¿Qué? -preguntó, sonriéndole.
-Estás tan borracha que no creo que puedas decirme ni tu nombre.
-Puedo decirte que me gustas y eso es suficiente-Marco separó los labios involuntariamente. Miranda se levantó y se quedó quieta. Se movió y se mareó, cayéndose sobre Marco.
- ¿Te sientes bien?
-N...no-sentenció, toqueteándose la cabeza- ¿puedes llevarme a casa?
- ¿A tu casa? Oh, tú quieres que tu madre te asesine-Miranda se rio como una niña, como si el comentario fuera muy divertido.
- ¡Soy una suicida! -Marco sonrió porque le divirtió el tono que usó y la miró, reprimiéndola.
-No digas eso, ¿de acuerdo? -Miranda apretó los brazos en su cuello y le rozó los labios con los suyos.
-Ya lo dije, ¿qué vas a hacer ahora? ¿Castigarme?
-Tienes que dejar de ver esas películas sobre sadomasoquismo, no es sano-Miranda volvió a reírse.
-Sólo sácame de aquí, Marco.
- ¿A dónde te llevo?
-Llévame a tu casa.
- ¿A mi casa?
-Sé de buena fuente que no hay nadie.
-Miri, nada va a pasar hoy.
-Por supuesto que no-dijo, divertida-espero que esa sea una promesa-lo que no dijo, pero sí pensó, era que, si llegaba a no ser una promesa, con lo adepto que era Marco a cumplirlas, no pensaba detenerse bajo ningún concepto.
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Jaque Mate [Completa]
RomanceMiranda comienza otro año escolar. Todo es normal, excepto los nuevos estudiantes. Su novio los detesta, y el mundo parece detenido por los europeos recién llegados. Por su parte, su padre tomó la decisión de escaparle a los recuerdos dolorosos qu...
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