Su tío Benedetto seguía negado a quedarse con los chalets. La solución que su padre había ofrecido, como siempre, iba por el lado monetario: ofreció comprar el chalet que le pertenecía como herencia simplemente porque lo quería y así se hacían las cosas en su mundo. Benedetto, por otro lado, no lo quería así.
-Todo es dinero para ti, ¿verdad, Vitto?
-Entiendo que eres más liberal que yo; perfecto, haz lo que quieras. Pero esa casa es parte de mi herencia, parte de la de mis hijos, y no tienes derecho a quitársela simplemente porque no te guste la decoración.
- ¡Decoración!
- ¡Basta! -había intervenido Silvia, la hermana menor, la que siempre interfería en las disputas que Vitto y Benedetto solían tener...bastante seguido-esto no resuelve nada.
- ¿Con quién estás tú, Silvia? ¿Conmigo, por una vez en tu vida o con él, como siempre?
-Mis hijos adoran ese chalet. Si no lo quieres, lo entiendo perfectamente, pero Gio lo ama, también Michele-su hermana ignoró la expresión de asco que hizo Benedetto y continuó: - hay muchos recuerdos en ese chalet que no queremos olvidar.
- ¡Ponlos en un marco, como una persona normal!
- ¡Maldita sea, Benedetto, no es tan complicado lo que te estoy diciendo! Son tres chalets, siéntete libre para vender el tuyo, pero no vas a poner un dedo encima de lo que es de mis hijos, ¿estoy hablando claro?
Mientras esta escena se desarrollaba dentro de la escribanía y los abogados veían si coincidían en qué era lo mejor hacer, Marco, Santino, Bernardo, y la sobrina de su tío Benedetto, Brenda, que no quitaba sus ojos del cuadro frente a ella, se congregaban detrás de la puerta. Santino bebía café cuando Marco se le acercó.
- ¿Qué crees?
-Que están haciendo demasiado desastre por tres chalets y, en realidad, la solución no es muy difícil: son tres chalets, son tres hermanos. Los dividen, y que Benedetto haga con el suyo lo que quiere...no puede quitarnos a nosotros lo que nos pertenece por derecho.
-Si quiere venderlo, no puede poner un dedo sobre propiedad privada.
-Papá no va a dejar que nos quite nada, pero...
-No-sentenció su madre, interrumpiéndolos- "pero" nada. Ese chalet es suyo y Benedetto no tiene ningún derecho a quitárselos.
- ¿Dónde están los gemelos?
-Organizaron para salir con sus amigos.
- ¿Y Chiara?
-Con tu abuela-Santino hizo una mueca de espanto y su madre, pese a todo, se rio.
-En tanto no la convierta en una niña aristócrata, todo bien.
-Técnicamente, somos parte de la aristocracia-sentenció Marco-no de la aristocracia que define Wikipedia, pero...se entiende.
-Entiendes a qué me refiero-Marco sonrió. La puerta del juzgado se abrió y su padre fue el último en salir. No lucía enfadado, pero tampoco feliz...lucía satisfecho. Silvia abrazó y le dio a su madre dos besos, uno en cada mejilla. Su tío, por otro lado, lucía seriamente enfadado.
-Nos vamos-sentenció, mirando a los dos que venían con él.
- ¡De hecho, tío! -dijo Santino tranquilamente, acercándosele-dijimos de salir hoy, ¿verdad?
- ¿Eso hicimos? -preguntó Marco, bajo, cruzándose de brazos.
-Eso hicimos-dijo, sonriente. Miró a Bernardo y este, sin saber exactamente de dónde salía su implícita proposición, asintió.
-Si, eso hicimos-Santino sonrió.
- ¡Bien!, ¿vamos? -su padre le tomó el brazo antes de que subiera al ascensor y le preguntó:
- ¿Qué estás haciendo?
-Lo que nos pediste que hagamos.
Por petición de su primo, terminaron en un bar poco conocido dentro de una de las callecitas de Milán (realmente preferían el bar de Giuseppe, el que había sido su reliquia, el que se había puesto de moda por ellos, el que tenía la mesa del fondo reservada para ellos, el que era su favorito y, para colmo, el que había marcado una vorágine para pasar todo el tiempo posible juntos antes de que, irremediablemente, Marco y Santino se mudaran; por no mencionar, que era un ritual ir ahí todos los viernes a jugar billar, a los dardos, tomar alcohol y conseguir alguien para disfrutar el inicio de fin de semana de etiqueta), y, en todo el trayecto en el auto alquilado, Marco se quejó de que no se parecía para nada a su Camaro, que lo extrañaba y que si estaría bien.
Los Di Paolo tardaron unos minutos en darse cuenta de por qué había elegido ese bar en particular, y, en realidad, lo notaron por dos claros motivos: 1) estaba completo de estudiantes de White Pacific que se les acercaron preguntándoles por tres tópicos claros de su interés: si volvían, qué era de su vida y Ottavio Mastroianni, y, 2) no dejaba de ver a una de las chicas dentro del grupo. Santino miró a Marco, sonriendo, divertido; su hermano correspondió la sonrisa cuando lo entendió.
-Pregunta, Bernar, ¿cuál es la chica?
- ¿Qué? -preguntó inocentemente cuando se sentaron en la mesa.
- ¿Cuál es la chica? -repitió.
-Esa-dijo, señalando a una de las chicas; la que, contra toda la igualdad, lucía un vestido amarillo fluorescente.
- ¿La patita? -preguntó Marco, divertido.
-La misma.
-Preséntala, ¿quién es y cómo la conoces?
-La conocí por Instagram porque seguía a Dante y se llama Giuseppina-Santino hizo una mueca.
-Pobrecitas las que heredan el nombre de las bisabuelas-Marco se rio.
-Bien, ¿hablaron, interactuaron de alguna manera?
-Le dio me gusta a cuatro de mis fotos-Marco y Santino fruncieron el entrecejo y abrieron levemente la boca, confundidos.
-Preguntaba por una interacción más...real. Si sabes que las relaciones no se pueden mantener enteramente por teléfono, ¿verdad?
-Lo sé, por eso aproveché para venir. Vienen aquí todos los sábados, así que...
-Bueno, le sacaste un poco de provecho a la disputa familiar...
- ¿Tienes idea de por qué tu padre quiere vender los chalets?
-Jamás le gustaron...dice que tienen recuerdos que prefiere olvidar-Santino iba a replicar algo, pero prefirió callárselo.
-Bien, explícame esta situación, ¿por qué no le hablas?
-Para empezar, tiene la mirada trabada en Santino, y, para concluir, lamentablemente no puedo hablarle así porque sí.
-Si sabes que no muerde, ¿verdad?
-Las redes sociales mienten, pero tampoco para el canibalismo-Santino sonrió.
-Es una hija de la Mafia, Marco-ambos perdieron la sonrisa.
-Disculpa, ¿qué?
-Es hija de la Ma...
-Te oímos la primera vez, lo que te pregunto es cómo sabes eso...o por qué te importa realmente.
-No son los únicos que conocen los bajos mundos de Milán.
-Discúlpame, si estás hablando de lo que creo que estás hablando, no tienes ni idea.
-No te pongas a la defensiva, Marco, lo único que dije es que entiendo cómo se maneja uno de los sectores más ricos de Italia. Vivir en Florencia no convierte a mi lugar de nacimiento en un lugar irreconocible.
-Marco, calma la lengua-Santino siempre había sido más tranquilo que él, lograba controlarse más rápido que su hermano; en esa ocasión, era necesario-háblanos de la chica por la que nos trajiste aquí, ¿hija de quién?
-No es importante-Marco miró a Santino, transmitiéndole que, si realmente supiera la mitad de lo que decía que sabía, le pediría ayuda a Gio o a Pietro, a su tío. Su hermano asintió.
-Bien, ve con ella.
- ¡No puedo ir a hablarle!
- ¿Por qué no? Sé florido, te lo ruego-pidió Santino, escéptico.
-Dije que tenía la mirada trabada en ti, Tino-Santino frunció levemente el entrecejo ante el apodo poco convencional-huele la experiencia-Santino se quedó quieto un segundo y luego se rio, seguido de Marco.
-Si vas a decirme un apodo, dime Santi y segundo, ¿qué tiene que ver la experiencia? Te gusta, ve con ella. Por supuesto que no va a venir a buscarte estando con sus amigos simplemente porque...porque sí.
-No...no puedo ir directamente a hablarle a una mujer.
-Explícame por qué no.
-Como primer punto, no tengo ni sus brazos-dijo, levantando el brazo de Marco y señalando el de Santino-ni tu rostro de ángel-dijo, clavándole levemente un dedo en la mejilla-ni su carisma, ni la autoestima...estoy subido de peso y no creo que pueda...gustarle-Marco se sintió muy tocado por el comentario, porque a él también lo habían rechazado por eso mismo.
-Bernar, escúchame muy atentamente-dijo, sentándose un paso más cerca- ¿me ves? Me halagaste tan abiertamente pero no tienes idea del esfuerzo que hice para ser así, pero no lo hice por el resto. Lo hice por mí. Si quieres a esta chica, créeme que no importa cómo te veas, lo importante es que tengas la actitud básica de acercarte y encararla. No todos se acercan, y enviar a tu amigo a pedirle algo en tu nombre es una estupidez...el verdadero problema no es que estés subido de peso, que no estás tan mal...
- ¡Tal mal! -susurró Santino, para que sólo Marco lo oyera. Santino prefería ser más delicado con estos temas y decirle "tan mal" implicaba que sí estaba mal en algún nivel, pero no tanto como se lo imaginaba. Por otro lado, Marco prefería ser honesto con su primo; a fin de cuentas, estaba pidiéndoles desesperadamente un consejo.
- ¿Entiendes a lo que voy? -preguntó a Bernardo.
-Acércate a ella, puede que te quiera como puede que no, y si es por tu físico, la chica no vale la pena. Si te "acepta", entre comillas porque no tienes nada que sea verdaderamente difícil de aceptar, de todas formas, sabe que no tiene relación cómo te veas con cómo eres. ¿La quieres, Bernar?
-Si-dudaba, y eso era lo peor que podía hacer. Santino se cruzó de brazos.
-Eso no responde la pregunta...
- ¡No lo sé!
-Pues ese es un gran problema-Marco y Santino eran plenamente conscientes de que estar seguro de un sentimiento arreglaba un sesenta por ciento de los problemas que se pudieran tener. Por supuesto, vivir ante el ojo público arruinaba un poco la seguridad individual: se vendía la idea, y ni siquiera solo las grandes empresas o corporaciones, de que cierto físico era difícil de aceptar. Como la gente necesitaba de la aprobación pública para poder vivir tranquilamente no notaba que lo cierto era que la actitud compraba más que el propio físico; el problema en el caso de Bernar venía por los dos lados: no se tenía confianza y no sabía realmente si la quería tanto como para acercársele. Santino lo miró.
- ¿Cómo sabes que te gusta?
- ¿Vas a psicoanalizarme?
-Contesta la pregunta, Bernar.
-No lo...es linda, ¿verdad?
- ¿Qué pone en las publicaciones de las fotos?
-Cosas sobre la foto. Muy sentimental-Marco se frotó la barbilla, pensativo. Santino, por su parte, sonrió.
-Te diré una cosa: gustar...es un término relativo, ¿sabes? A Marco le gusta una chica y la ama. Hasta diría que ya pensó en los nombres de sus hijos-Marco succionó sus labios dentro de su boca para no reírse-bueno, ¡" la ama"! -dijo, entre comillas, ganándose una mirada negativa por parte de su hermano- Por supuesto que no la ama del todo, la amará cuando terminé de conocerla...jamás, básicamente, pero sí la ama en algún punto. Está en pañales, pero es amor, a fin de cuentas. A mí me gusta una chica y, aunque no la amo, siempre está en mi cabeza... ¿sabes qué tenemos Marco y yo en común? -Bernardo negó-que ambos conocemos a la persona que nos gusta. Algo básico. Hemos oído berrinches, chistes malos, ¡incluso antojos a las tres de la mañana! -sonrió al recordar la ocasión en donde hablaban a las tres de la mañana y ella le había dicho que tenía antojo de chocolate. Él había preguntado por qué no lo saciaba, y ella había respondido que, lastimosamente, no era hija de Willy Wonka y no vivía en su fábrica de chocolates- ¿cómo planeas conocerla si sólo sabes lo que ves en las redes sociales? Y ni siquiera, porque ahora está de moda tomarse fotos y cubrirse la mitad del rostro-Marco se rio. Bernardo asintió.
-Pues...iré con ella.
- ¡Ese es mi chico! Ve-le palmeó el trasero cuando pasó por su lado y Bernardo lo miró, dudoso.
- ¿Por qué hiciste eso?
-Ve allá, Don Giovanni-Marco se rio y Santino lo imitó.
- ¿Qué fue eso de que te gusta alguien?
- ¿Aún no lo notaste? -preguntó, sonriendo, mirando el vaso de agua frente a él. Marco se quejaba seguido de que sólo tomaba agua últimamente; Santino se sentía más seguro bebiéndola y ahí terminaba el asunto. Lo miró antes de culminar la oración: -Me gusta Giuli-Marco sonrió, luego perdió la sonrisa.
- ¿Cómo harás...?
-Si Gabriela quiere impedirme tenerla, tendremos un problema. Si sus padres se niegan a cooperar, habrá que recurrir a otros métodos.
-Papá no estaría de acuerdo.
-Papá estará de acuerdo porque se trata de fastidiar a Bitalli...tranquilo, verá lo bueno-Marco apoyó los brazos en la mesa y los cruzó.
-Sigue teniendo el asunto de que es una Bitalli. Si tuvimos problemas porque se quedara en casa siendo que su vida corría riesgo...
-Marco, nada va a meterse en el medio.
-Suenas a mercenario que va a matar a alguien-dijo, más bajo, cerciorándose de que su hermano fuera el único en oírlo. Lo bueno de ser ellos era que, a pesar de ocasionales fotógrafos que querían fotos de los hijos de la aristocracia, nadie realmente se preocupaba por lo que decían y opinaban los hijos del dueño de bodegas. El asunto era distinto cuando se trataba de hijos Mastroianni, principalmente.
- ¡Por supuesto que no!
-Lo siento, princesa-dijo, divertido-son los gajes del oficio, Santino.
-Marco, ya hacemos demasiado y pensamos demasiado para tener la edad que tenemos. Haremos lo que tengamos que hacer cuando los negocios sean nuestros, mientras tanto, que los Padres decidan cómo, cuándo y dónde se hace.
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Jaque Mate [Completa]
RomansaMiranda comienza otro año escolar. Todo es normal, excepto los nuevos estudiantes. Su novio los detesta, y el mundo parece detenido por los europeos recién llegados. Por su parte, su padre tomó la decisión de escaparle a los recuerdos dolorosos qu...
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