Andrew Koltov es enigmático, silencioso y oculta un terrible secreto, Jeane hará todo por ayudarlo.
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Jeane Miller cree que su primer año en la universidad será sencillo, al menos eso es lo que parece cuando se muda de su ciudad natal para...
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¿Amor o deseo?
Esa era la gran duda e incógnita que tenía en este momento.
No era fácil saberlo. Así que solo cogeré ambas definiciones para saber cuál es la que me representa ahora que estoy pensándolo.
Según San Google, el amor es un sentimiento de vivo afecto e inclinación hacia una persona o cosa a la que se le desea todo lo bueno. Y el deseo es el interés o apetencia que una persona tiene por conseguir la posesión o la realización de algo. Bien, ahora con ambas definiciones puestas sobre la mesa (imaginaria) veía que definitivamente lo que sentía por los deliciosos y esponjosos bizcochitos era una mezcla entre amor y deseo.
Amaba y quería algo bueno para los bizcochitos, como comérmelos todos de postre luego de mi almuerzo, y también los quería poseer. Horneando tantos como me fuera posible y guardarlos por la eternidad siendo egoísta sin invitarle a alguien mis bizcochitos.
Mientras observaba los bizcochos y pasteles en la vitrina de la cafetería, la dependienta me miraba mal, instándome con la mirada a que escogiera un sabor y lo hiciera en ese momento. Yo era la única en fila haciendo su pedido porque la mayoría de personas tenía clase a esta hora, excepto yo, pero la chica detrás de la caja parecía querer asesinarme como si hubiera matado a su cachorro o algo así.
Oigan, no es mi culpa ser tan indecisa y no saber cuál sabor escoger.
Al final, luego de tanto debate en mi mente, escogí el bizcocho de red velvet con Nutella por dentro.
Tenía mi bizcocho en la mano mientras que en la otra mano llevaba un café helado para este calor de verano, que amenazaba con derretirnos a todos, mientras caminaba hacia mi nuevo trabajo, la oficina de Orejas de Papel. Por suerte, llevaba mi cabello en un moño en lo alto de mi cabeza porque no soportaba mis rulos y lo esponjoso que se ponía por el calor. Una bandana roja adornaba la cima de mi cabeza como adorno, y de paso para sujetar algunos mechones sueltos que se escapaban del moño. Llevaba un vestido corto del mismo color, combinando mi vestimenta con unas zapatillas blancas. Estaba caminando por el campus de la universidad cuando vi a un grupo de chicos pasar frente a mí. Ni siquiera me fijé en ellos hasta que mi nombre fue pronunciado. Me detuve y giré la cabeza viendo a Jadel dirigirse a mí.
—¡Jeane! —Trotó hacia mí dejando a sus amigos atrás perdiéndose entre las demás personas. Aceleré el paso para encontrarlo a medio camino, aferrándome a mi bizcochito conociendo lo torpe que era.
—Hola, Jadel. —Lo saludé limpiándome la comisura de los labios, un poco aterrada de tener restos de comida en ellos—. ¿Cómo estás?
No tenía de tiempo para ponerme a charlar porque luego de mi demora en comprar mi bizcocho esponjado había perdido el tiempo y no podía llegar tarde a mi primer día de trabajo.
Jadel, con su habitual sonrisa y sus ojos marrones dulces, señaló la cámara que colgaba de mi cuello.
—¿Fotógrafa? —preguntó curioso, acomodándose la mochila en el hombro.