Andrew Koltov es enigmático, silencioso y oculta un terrible secreto, Jeane hará todo por ayudarlo.
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Jeane Miller cree que su primer año en la universidad será sencillo, al menos eso es lo que parece cuando se muda de su ciudad natal para...
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Nunca imaginé ver al chico más enigmático de mi ciudad rondando cerca de mi nuevo departamento. Mientras veía por la ventana de mi habitación, la música alta sonaba afuera proveniente de los parlantes de un coche estacionado frente a mi ventana. Ese coche emblemático al igual que su dueño. Andrew Koltov, quien estaba descargando varias cosas de su auto. Era obvio que se estaba mudando al lado.
Yo me había mudado aquí hacía un par de días. Este complejo de departamentos era exclusivamente para alumnos de la Universidad Estatal Western. Y sabía perfectamente que Andrew iba a mudarse por aquí. Él vivía en la misma ciudad que yo y por eso lo conocía. Había escapado de allí para empezar la universidad, a sabiendas de que mudarse de mi casa de la infancia aquí, a una hora, no era escaparse en realidad, pero dado que ya no vivía más con mis padres, se le asemejaba. Muchos de los chicos y chicas de la secundaria optaron por alejarse aún más, yendo a otras ciudades lejos de aquí para empezar una nueva vida. Eso lo podía hacer alguien que poseía dinero, pero no yo, que venía de una familia acomodada mas no millonaria, como la mayoría de chicos de mi secundaria que tenían esos privilegios.
Mientras observaba desde la ventana a Andrew descargar aquellas cajas de su auto, también me fijé en sus fuertes brazos. Al cargar, los músculos de su cuerpo se tensaban y podía darme cuenta cuán fuerte era. Andrew Koltov era muy alto. Sus ojos eran verdes, y su piel era blanca, aunque con el paso de los años se había ido quemando por el sol. Ahora su piel era más tostada, pero eso solo lo hacía ver más sexi.
No tenía problemas con él. Pero él parecía tenerlos con todo el mundo. Lo conocía desde los diez años. Asistimos juntos al colegio, pero nunca nos hicimos amigos. Él tenía los suyos y yo a mis amigas, pero íbamos a la misma clase y lo observaba de lejos. Parecía ser sociable, y siempre hacía reír a la gente. Era un chico muy popular, hasta que las vacaciones de fin de año llegaron. Cuando regresó al año siguiente, ya no era el mismo chico sociable y agradable. Se había convertido en alguien odioso, y quien parecía odiar al mundo. Se alejó de sus amigos y empezó a pasar sus recreos solo, sin permitir que alguien le hablara. A veces era violento y tuvo muchos problemas con el director del colegio por su mala conducta. Nunca tuve la oportunidad de hablar con él y preguntarle por qué se había convertido en ese chico tan problemático. Hasta que un día coincidimos en un trabajo el último año de secundaria. Casi me caí de trasero cuando vi su mirada matadora fulminarme cuando la profesora nombró nuestros nombres para la asignación en parejas como si aquello hubiera sido mi culpa. Lo único que hizo fue gruñirme algo en voz baja y escribir su dirección de correo en una hoja y pasármelo. Mientras todos en clase se reunían para hacer sus trabajos, yo lo hice por mi cuenta, al igual que él, y al final lo juntamos. La profesora se dio cuenta de aquello y nos reprendió. Sacamos baja nota y solo había un culpable. Desde ese día decidí permanecer alejada de él. No porque quisiera, sino porque me había dado cuenta lo mucho que Andrew había cambiado. Ya no era ese niño inocente que hacía bromas ni el más gracioso del salón. Ahora solo era una cáscara de lo que fue. Una muy fea y podrida.