Andrew Koltov es enigmático, silencioso y oculta un terrible secreto, Jeane hará todo por ayudarlo.
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Jeane Miller cree que su primer año en la universidad será sencillo, al menos eso es lo que parece cuando se muda de su ciudad natal para...
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—No. —Fue la única palabra de Andrew cuando estábamos frente a las puertas que nos dividían del aguacero de afuera. La fuerte lluvia había cesado, pero no del todo. Aún caía lo suficientemente como para mojar a alguien en minutos. Aún así, le había sugerido correr por allí hasta el estacionamiento y subirnos a su camioneta para regresar al complejo de estudiantes. Le había propuesto dejar mi bicicleta hasta que pudiera recogerla cuando la lluvia cesara del todo, como le había puesto segur no tenía miedo que pudieran robármela.
—Vamos, sólo es un poco de lluvia. —Señalé al frente. En verdad no era una lluvia fuerte, aquella ya había pasado. Así que no entendía su renuencia a salir al aire libre. Sólo era un poco de agua. Ninguno de los dos había traído paraguas. Sólo éramos nosotros y nuestras mochilas como protectores. Y yo prefería mojarme con la lluvia que usar mi bolso como paraguas.
—No. —Volvió a decir, acentuando su negación con un movimiento de su cabeza—. Ni loco. Si quieres hazlo tú, yo me quedo.
Me volteé en redondo para mirarlo.
—Entonces dame tus llaves —exigí alzando una mano con la palma abierta a la altura de sus ojos. Él los entrecerró.
—Ni siquiera sabes conducir.
—Aprenderé —solté a la ligera encogiéndome de hombros. Sonreí de lado cuando su mandíbula se apretó.
—Estás loca si crees que te daré las llaves de mi camioneta.
—Bueno... —Fue lo único que solté antes de abrir la puerta y salir a la intemperie. De inmediato el agua cayó sobre mí.
Escuché a Andrew detrás.
—Carajo, Jeane —gruñó, pero avanzó detrás de mí.
No había nadie fuera, ni siquiera una sola persona se animaba a salir. Ni siquiera con paraguas. Andrew y yo éramos los únicos allí. El agua caía sobre nosotros mientras trotábamos por el camino conocido hasta el estacionamiento, todo el recorrido él soltó una sarta de maldiciones logrando sonrojarme. Andrew estaba despotricando en voz baja hasta que me detuve abruptamente delante de su camioneta negra ocasionando que su pecho chocara contra mi espalda, cuando volteé, él me miraba como si me hubiera vuelto loca.
—¿Qué mierda haces? —Maldijo mirándome como si yo fuera la culpable de que estuviera todo mojado. Su cabello oscuro estaba pegado a su cara, al igual que el mío. Podía sentir el agua hasta en mis zapatillas, pero no me importó.
La lluvia seguía cayendo sobre nosotros.
—Sólo... deja de maldecir tanto, es un poco de agua. —Andrew me ignoró para rodearme y abrir la puerta del copiloto para mí. Me ayudó a subir sin importarle que yo mojara sus asientos de cuero negro o el tapizó de su auto. Antes que tuviera la oportunidad de cerrar la puerta, lo detuve—. Vive un poco.