Capítulo 41 - Confidencias a medianoche

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Todos mis amigos estaban revolucionados cuando bajamos del escenario con sonrisas íntimas entre Andrew y yo

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Todos mis amigos estaban revolucionados cuando bajamos del escenario con sonrisas íntimas entre Andrew y yo. Mirándonos como si hubiéramos experimentado lo mejor del mundo. Yo aún tomaba su mano, pero cuando llegamos a la mesa, mis amigas saltaron para felicitarnos con chillidos y gritos que no se compararon con los que soltaron cuando terminamos de cantar. Intenté calmarlas pero me fue imposible, sólo oía sus cumplidos mientras me estiraba para tomar un buen sorbo de mi vaso de cerveza. Había estado en el escenario, cantando una canción sin moverme mucho, pero estaba sudando demasiado. El vestido corto y las sandalias con tacón no ayudaron en nada a mi caluroso cuerpo.

Apostaba que ahora mi cabello era un lío gracias al sudor que se acumulaba en mi cuello. Dejé que Andrew se sentara en la mesa para luego susurrar en su oído que iría al baño un momento.

Por supuesto, todas las chicas me siguieron. (Excepto las perristas que acompañaban a Jadel e Ivan y que no estaba interesadas en mirarnos).

Una vez que llegamos al baño, sonreí al notar que no había fila fuera. Me miré al espejo mientras las chicas cuchicheaban en el amplio espacio.

—¿Vieron cómo canta Andrew? —murmuró Taís abanicándose con una mano.

—¡Y cómo miraba a Jeane! —exclamó Trisha haciéndome reír—. Como si quisiera comerte. ¡Amiga, estás en problemas! Ese chico te quiere comer. Dios mío, la química entre ambos es... alucinante.

No pude evitarlo, me reí escandalosamente mientras el agua que estaba esparciéndome en el cuello me salpicaba el vestido y el escote que llevaba.

—¡No te rías! —Beth parecía indignada—. Hasta yo lo noté.

Magda asintió.

—Andrew era muy seco antes de salir contigo, ahora es un amor, pero sólo contigo. Se nota lo muchísimo que le gustas.

—¡Lo que hace el amor! —exclamó Beth haciendo puchero.

Todas la miramos con expresiones ilegibles.

Era un hecho que todas, excepto Taís, estábamos con alcohol en nuestros sistemas. Así que no estaba segura si Beth estaba a punto de echarse a reír o llorar. Nada la delataba. Excepto aquel brillo en sus ojos y el puchero en sus labios.

—Creo que me pasé de tragos —murmuró cuando se inclinó hacia el espejo pero perdió el equilibrio.

Magda la sostuvo como pudo, ella también estaba mareada.

—Por dos.

Taís parecía melancólica. Tenía la mirada perdida y enfocada en un punto del fondo, como si estuviera pensando en algo luego de nuestras palabras.

Trisha puso una mano en su hombro.

—No te preocupes, hermana, estamos tomando por ti —dijo divertida.

Lo que dure nuestro amor | ✓Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora