Capítulo 29 - Estrellas en el cielo

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Andrew había prometido pasar conmigo el domingo, y dado que aquel día tenía que llevar a mi hermanita al picnic que le había prometido, le pedí a él que me llevara a la ciudad y no dudó ni un segundo en aceptar

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Andrew había prometido pasar conmigo el domingo, y dado que aquel día tenía que llevar a mi hermanita al picnic que le había prometido, le pedí a él que me llevara a la ciudad y no dudó ni un segundo en aceptar. Así que aquel domingo desperté más temprano de lo usual y metí en mi bolso todo lo que necesitaría para ese día: lentes de sol, gorro con visera, bloqueador solar, repelente para mosquitos y sólo por si acaso, un cambio de ropa. No había hablado por llamada con mis padres en toda la semana, sólo intercambiamos un par de secos mensajes de texto en los que ellos me dieron instrucciones precisas para sacar a mi hermana. Una de ellas era regresar a casa antes de las siete, lo que significaba que no teníamos mucho tiempo para disfrutar luego de su picnic.

Recordé que el día jueves la universidad fue un caos debido a los exámenes que empezaban este lunes. Y no solo eso, sino también el otoño que comenzaba el mismo día que los exámenes. Todos en la universidad estaban felices que el verano terminara, y tristes porque los exámenes parciales finalmente habían llegado. El día que lanzaron la revista digital a la venta ni siquiera pude reenviársela a mi hermana vía mensaje, porque estaba en casa de Andrew recibiendo unas exhaustivas clases de matemática porque en casi nada iba a dar el examen y no me sentía lista. Había estudiado hasta el punto de decir «basta» cuando mi cabeza empezó a doler. Por suerte, estábamos en su casa y no dudé en sentarme en su sillón para descansar. Aquello se convirtió en una siesta que terminó en un día completo en su casa. Ni siquiera había ido a la mía porque me sentía tan a gusto con él que me quedé a su lado. A Andrew tampoco le importó, incluso me trajo una manta para acurrucarse a mi lado cuando le pedí que nos diéramos un descanso de aquellas horribles cosas llamadas "funciones lineales".

Ahora, mientras chequeaba que mi habitación quedara moderadamente ordenada, mi celular vibró con un mensaje de texto. Era Andrew, indicándome que me esperaba afuera. Él ya había salido para dejar a Peludo con Joel, y al parecer, ya había vuelto. Le di una última ojeada a todo y salí con mi bolso en la mano. Afuera estaba su camioneta negra, y él en el asiento del copiloto con las ventanas abiertas.

Abrí la puerta y me subí en un ágil movimiento.

—Hola —Sonreí.

Andrew no dijo nada, sólo me dio un beso casto y aprovechó aquella inclinación hacia mí para cerrar mi puerta.

—¿Qué has traído? —preguntó a centímetros de mis labios, señalando el bolso a mis pies—. ¿Toda tu casa?

—Ja, ja —respondí indignada. Él no sonreía, pero estaba consciente que era una broma. O eso creía. Alzó una ceja pidiéndome una explicación porque no parecía entender el motivo de estar llevando mi bolso lleno de cosas que parecía que iba a reventar—. Son cosas esenciales para un picnic, estoy llevando una manta, lentes de sol, bloqueador solar, binoculares por si acaso, repelente para mosquitos, mi gorro con visera, dos botellas de agua y un táper con galletitas de chocolate.

Andrew parpadeó, impresionado.

—Vaya, creí que estábamos yendo a un picnic, no a la guerra.

Lo que dure nuestro amor | ✓Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora