Capítulo 07 - Descubriendo algo peludo

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El jueves estaba acostada en mi cama luego de un largo día en la universidad mientras sujetaba mi teléfono en lo alto de mi cabeza viendo como mi rostro abarca la pantalla en grande de mi celular

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El jueves estaba acostada en mi cama luego de un largo día en la universidad mientras sujetaba mi teléfono en lo alto de mi cabeza viendo como mi rostro abarca la pantalla en grande de mi celular. En una esquina pequeña estaba mi madre, saludándome con una mano. Toda su mano abarcaba la cámara.

—¡Hola, Jeane! —gritó como si no la escuchara. Traté de no rodar los ojos, mamá era una tecnófoba. Sujetaba el teléfono tan cerca de su rostro que solo veía su frente.

—Hola, frente de mamá, hace mucho que no te veía —saludé—. Estás más amplia hoy, eh.

—¡Jeane! —gritó reprendiéndome, pero su risa suave estalló. La vi mover el teléfono, extendiendo su brazo de tal modo que logré ver su nariz en primer plano, la raíz de su cabello, y su hombro. Hasta que vi por completo su rostro y cabello castaño. Me sonreía con cariño. Por fin pudo sujetar el teléfono correctamente—. ¡Hola, bebé! ¿Cómo estás?

Me acomodé mejor en la cama ya sintiendo el calor de la tarde, mi ventana estaba abierta y a pesar de ello estaba sudando. Lo único malo de mi departamento es que no había aire acondicionado, estaba malogrado, por lo cual la mensualidad era más cómoda y conveniente para mis padres. Por supuesto que para mí no. Ni siquiera tenía dinero para comprar un ventilador o arreglar el aire acondicionado.

Necesitaba conseguir un trabajo cuanto antes.

—Me estoy pudriendo de calor —dije soltando un suspiro—. ¿Tienes idea del calor que hace? Ufff, es una chorrada.

—¿Chorrada? —repitió mamá, con el rostro desencajado devolviéndome la mirada—. ¿Tus amigos de la universidad ya te están enseñando palabras extrañas? Hija, necesitas conocer mejor a tus amigos tuyos, nunca es bueno juntarte con cualquiera. Debes aprender a escogerlos de...

—Mamá... —hablé irritada, cortándola. No quería discutir, no cuando hablaba con ella después de varios días—. ¿Cómo está Amelie? —Fruncí el ceño cambiando de tema—. ¿Dónde está? Quiero hablar con ella.

Ella negó.

—Tu padre ha ido a recogerla —contestó—. Puedes hablar con ella luego, vendrán aquí en un rato.

Asentí.

—¿Y ya sabes qué especialidad vas a escoger? —añadió en ese tono de madre que me ponía de los nervios.

Desde que escogí venir a la universidad, mis padres me presionaron por escoger una especialidad siquiera antes de ingresar. Secretamente tenía dos opciones, pero no quise contarles a mis padres porque sabría cuál sería la decisión de ellos. La opción más viable y conveniente, y realmente no estaba segura de escoger eso. Como decía, estaba aquí por una beca, y por mucho que me entusiasmara ese logro, no era fácil escoger una carrera de la cual trabajarás toda tu vida. Prácticamente te obligaban a escoger algo de lo que el resto de tu vida dependería. Ah, pero ellos decían: "Cero presiones, tómatelo con calma". ¿Cómo iba a tomarme con calma semejante elección que arruinaría o no mi vida? No quería ser una desgraciada como mi tía Evie, quien estudió ingeniería luego de haber cambiado tres veces de carrera, y ahora era una triste trabajadora que ganaba muy bien, pero que odiaba lo que hacía.

Lo que dure nuestro amor | ✓Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora