Breakdown. // Seether.

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Asomarme a la barandilla del puente

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Asomarme a la barandilla del puente. Asomarme a mis miedos. Mirar hacia abajo y observar la nada, el final, el asfalto frío incrustándose en mi cráneo. Luego mirar hacia el cielo. Menuda paradoja. Menuda mierda, ¿no? Pensar que iré a un lugar de utopía lleno de ángeles y almas de gente que ha sido honrada cuando conservaban su vida, cuando al final es la nada quien me devora. Mi final es la nada. Pero la nada vive en mí. 

La nada es un concepto del espacio que puede sonar ínfimo e incluso escalofriante. Puede sonar a miedo. Puede matar. Pero obviamente la nada es invisible y no se nota a cierta distancia. La nada es cuando una persona se bebe una botella de lágrimas para curar las heridas internas que sostiene en su mísero cuerpo, mientras que le sonríe a la primera persona que se cruza con ella. 

La nada es cuando un amigo tiene problemas, le ayudas, pero no es recíproco. La nada es cuando no estás. La nada es lo que siento en mi pecho. La nada quema. La nada nos absorbe para que bailemos entre torbellinos de emociones, y seguimos sin sentir otra cosa diferente a ella. No sentimos nada. No nos pasa nada. 

La nada son las ganas de explotar como una granada en un campo vacío. Y cuando te sientes solo y relajado, la nada te acompaña en ese rato de descanso. Hasta cuando intentas dormir. Pero de tanto intentarlo y de tanto soportarla, me he levantado a escribir bajo la luz de la farola de siempre. ¿De qué sirve? De nada. No sirve un pecado humano en un cartón de la basura. No sirve mi esfuerzo por mantenerme de pie. Ni sirve la luz que quieren aportarme otros, y acaba siendo más útil el claro de luna que me está dejando ver mi papel en estos momentos. 

Si al final no somos nada, somos un invento del universo, minúsculas pelusas en medio del salón de la vida. Del Tiempo. El tiempo no es nada pero hace que todo pase. Y yo me pregunto ¿por qué vivir mal si ya cuesta simplemente vivir? ¿Por qué no me puedo ganar otro papel además de no ser nada?

Y justo ahora me retiro de mi zona de terapia nocturna, tirando una pena por el cartón hecho pedazos como si fuera una piedra lanzada a un lago de pensamientos. Y me acuesto pensando que no soy nada en esta vida, y no soy nada en el amor. Pero al rato recojo todas mis cosas y camino hacia el cementerio, como siempre que me siento solo.

Indigente || LrhHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora