A Lena no le hizo gracia encontrarse a ese joven con ropa andrajosa y pasada a la moda, tirado en el suelo junto una lata de centavos y una guitarra.
A Lena no le gustaban muchas cosas, pero Luke Hemmings comenzó a ser la excepción.
Septiembre del 2...
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—¡Un helado de vainilla! —Abre más sus ojos, cubierto con esa bufanda que siempre le obligo a ponerse cuando hace frío.
—¡Un helado de vainilla! —Copio su expresión con burla, tendiéndole el cucurucho de galleta con una sonrisa. Amo verle feliz con cualquier pequeño detalle.
—No hacía falta —Hace una mueca al ser consciente de que le estoy regalando el dulce, observándolo con deseo en el fondo de sus entrañas.
—Sé que te gusta el helado en invierno, así que aquí tienes —Me encojo de hombros, restándole importancia para que no se sienta mal al pensar en el dinero que he gastado.
James vuelve a caminar con las manos metidas en los bolsillos de su cazadora marrón, dejando sobresalir una de sus típicas camisas a cuadros por debajo. Madison empuja el carrito del retoño de mientras, algo sonrojada por un asunto desconocido. De seguro Luke los estuvo molestando mientras yo estaba comprando en esa heladería, causando así que perdiese el momento magistral de la mirada asesina del barbudo al oír tales "locuras".
Querido hermanito, ayer cogí prestado sin tu permiso tu ordenador portátil y descubrí que en Youtube has buscado toda la discografía de Shawn Mendes. A mí no me engañas, quieres darle buena impresión a la castaña.
—¿Me he perdido algo? —Frunzo el ceño confusa.
—¡Tu novio diciendo tonterías! —El aludido sigue caminando rápidamente y dejándonos atrás, queriendo salir de aquí por patas.
—Madison le ha ofrecido dinero para pagaros su estancia y la de la pequeña, pero él ha dicho que no. Qué tierno —El rubio mordisquea su labio divertido, sonriendo con burla ante la enamorada.
James sacude su mano en el aire con frenesí, dejando el ambiente impregnado de su vergüenza y aún sin girarse. Yo ruedo los ojos con una sonrisa.
—¿Mad? —Frunzo el ceño— ¿Es eso cierto?
Ella alza sus cejas y asiente desganada, restándole importancia al tema y abriendo su bolso, sacando de un compartimento un farjo de billetes bastante generoso.