Scarlett
Ésta ya no era la primera vez que veía a aquella chica en el coche de Taylor, ya ni siquiera era la segunda. Iba siempre al lado de ella. Empecé a sentirme desplazada por ella, ese auto ya no era mi lugar con Taylor, antes de ella absolutamente nadie aparte de mí subía a él.
Miré por la ventana, ansiaba llegar a casa, necesitaba deshacerme de mis pensamientos y sólo lo conseguiría saliendo de ese carro.
Bajé del automóvil sin decir nada, caminaba a la puerta de mi casa cuando su voz me detuvo.
-No te has despedido, Scarlett
No me giré de inmediato, lo que menos quería era regresarme, pero lo hice, me acerqué a su ventana y la miré directo a los ojos en una muda conversación en la que le reclamaba por eso y más, y donde ella entendía sus faltas y aunque me daba la razón se negaba a rectificar todo; apartó su mirada y su expresión alegre cambió, deposité un corto beso en su mejilla y volví a la puerta de mi casa.
No sabía porqué a veces sentía que aunque Taylor estuviera al lado mío y la estuviera viendo, ella simplemente no estaba allí, a veces también notaba su ausencia y la mayoría del tiempo dolía, porque a pesar de todo esperaba que siguiera siendo igual que antes, que fuera igual a cuando ella tenía dieseis y yo catorce, era esa Taylor la que quería, sin embargo tenía ésta que al parecer no sabía ni qué hacer con su vida ni sabía aceptar las cosas, si acaso esas cosas existían, o sólo existían un poco más allá de mi cabeza.
Su personalidad distante también me había afectado a mí, yo también había generado un comportamiento parecido, con los adultos más que nada. Un distanciamiento que nadie me reclamaba y que atribuían a la adolecencia, algo muy lejano a eso.
Me sorprendí al ver a mi madre en su sofá azul oscuro, leyendo, como siempre, una de esas revistas.
-Buenas tardes
Noté a mi voz aburrida, no iba a negarlo, no quería hablar con ella, sabía exactamente sus preguntas, porque estaba segura que nos había espiado y no quería pasar su interrogatorio, ya tenía suficiente del tortuoso viaje con Taylor.
-¿Qué tal tu día?
-Muy bien, lo normal
Respondí de manera escueta, entre menos información diera era mejor.
-¿Qué tal el trayecto del colegio hasta acá, con Drew?
¿Quién es Drew?
-Normal, también
-¿Quién es la chica que iba con ella?
Su nueva conquista
-Emma, la presentó el otro día junto a un tal Vincent
-¿Y qué relación tiene con Drew?
-No lo sé
-Drew te cuenta todo, debo admitir que es bastante formal, así que dudo que no te haya dicho qué son
-No sé qué son, quizá sólo hacen algún trabajo juntas y ya. Y no sé de dónde sacas que mi tía me lo cuenta todo
-Se llevan muy bien
Nos llevábamos muy bien
-Sólo nos vemos a la hora que va por mí, en ese momento sólo hablamos de nuestro día, de tarea, de ganas de dormir y de la hambre que tenemos
-Cualquier cosa que pase con Drew me lo dirás ¿cierto?
Ya no soy una niñita estúpida de doce años que confiaba en la palabra de los adultos, madre
Crucé los dedos de mi mano izquierda tras mi espalda.
-Sí
-De acuerdo ¿tienes hambre? Podemos comer fuera de casa, sólo ve a a cambiarte el uniforme
Ni siquiera me había dicho porqué estaba temprano en casa.
*
-¿Cómo estás?
-Muy bien
Sonrió sin mirarme, su mirada estaba fija en la calle. Se notaba alegre, me inquietaba, porque era una alegría que no se borraba, una alegría que sin duda la hacía lucir mejor, más hermosa.
-¿Porqué estás feliz?
Noté un leve asombro, guardó silencio por un momento y finalmente con la misma sonrisa respondió:
-Hay algo que quiero compartir contigo
-¿Qué será?
Pregunté risueña, entre curiosa y divertida, no faltaba mi sonrisa, una que se borró demasiado pronto.
-Emma ya es mi novia
Aquello me tomó por sorpresa, miré mis manos sobre mi falda, una sonrisa entre ironía, tristeza, nostalgia y resignación se formó en mis labios. No la miré. Por mi mente pasaron los recuerdos de sus otras novias... Y por último un recuerdo de nosotras que yacía en lo más profundo y oscuro de mi memoria, un recuerdo que hacía mucho tiempo que estaba empolvado en ese rincón de mi mente y que ahora lucía nítido. Probablemente ese había sido el recuerdo que más me había preocupado, no por ella, sino por mí, porque aquella promesa que me había hecho a mí misma en la penumbra de una habitación no se había concretado, porque yo no había dejado de sentirlo y ahora todo aquello brillaba con lucidez en la oscuridad de mi memoria, torturándome y martirizándome, la realidad se plantaba frente a mí como una burla universal y justamente en ese momento me dí cuenta que siempre había guardado una pequeña e insignificante esperanza, una que sufrió una fuerte sacudida hasta caer y hacerse añicos sólo con esas cinco palabras.
-Me alegro por ti
Hubo silencio, la vista a través de la ventana se me hacía cada vez más solitaria a pesar de tanta gente yendo y viniendo. Quise hacerme parte de esa soledad, también me quería volver una imagen gris de esa estampa desolada, ser sólo algo más adornando la nada y no estar dentro de ese coche sintiéndolo todo y fingiendo que las cosas estaban en orden, sólo para evitarme problemas en la voz, aunque en el corazón esos problemas ya sucedían.
-Te deseo lo mejor, Taylor
-Gracias... Oye... Mirarme
Por favor no
-Te escucho
-Quiero que me mires
Estábamos por llegar a mi casa. Hice un esfuerzo y la miré.
-¿Sucede algo?
-No
Mentí. Sucedía todo, pero no quería ser egoísta, no quería tener que explicar lo que en realidad sucedía, no quería recordar cosas que seguramente para ella también estaban olvidadas, de todas maneras, lo que yo recordaba no era algo que en realidad tuviera significado, no tenía bases de nada, sólo había sido un efímero instante que se había ido desdibujando con el paso del tiempo, entre el frío y la soledad.
-¿Segura? No parece alegrarte mi noticia
-Creeme, Taylor, me alegro por ti, sólo cuidate y cuídala. No quiero que algo malo suceda
-Sabes que lo haré, que la cuidaré
Justo se estacionaba frente a mi casa. Nos miramos unos segundos que para mí fueron eternos, fue como si la mirara por última vez, como si se tratara de una despedida que ninguna confirmaría. Me acerqué para despedirme de ella con un beso en la mejilla, uno que deseé fuera en otro lugar, sin embargo fue como si besara su alma, esa que ardía y quemaba y que me había quemado.
Bajé del coche, entre a la casa y fui a mi habitación para posteriormente mirar por la ventana.
Suspiré pesadamente, fui a mi cama y me acosté, me sentía cansada, emocionalmente, las lágrimas salían y el dolor en mi pecho nublaban mis pensamientos, me estaba enfocando en lo que sentía y en lo que me hubiera gustado. Y aún de haber sido posible se habría vuelto imposible.
Esperaba que esto no saliera mal. Que su relación no saliera mal, como las demás. Necesitábamos paz. Yo necesitaba más que paz.
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The Gryffin's Sins
Teen FictionDespués de luchar contra sus propios demonios y aceptar su amor por Scarlett. Taylor Griffin sabe dos cosas. La primera: está enamorada de la hija de Lily. La segunda: Lily es capaz de cometer homicidio y está segura que irá a por ella. Todo debi...
