La vida de Emily Evans siempre tuvo un propósito, ser feliz. Incluso cuando llevaba a cuestas un corazón roto y un pasado que pretendía olvidar. Sin embargo, la vida nunca fue justa para Emily, y cuando el pasado se entremezcla con el presente solo...
—Eso que haces es exquisito —dejó escapar en un gemido de placer. Sonreí.
—¿Te gusta?
—Mucho.
—Hace mucho tiempo que no lo hacíamos.
—Créeme que llevo la cuenta, ha sido doloroso no poder... oh, sí...
—¿Quieres que lo haga más a menudo?
—Sí, por favor...
—Entonces tienes que ir a comprar los ingredientes, porque ya casi no queda harina.
—Este pastel debe estar patentado cuando inicies el proyecto con Becca, es lo más delicioso que he probado en mi vida —sonreí entusiasta.
—A Luke le encantó y Callie cree que debería ser considerado una de las maravillas del mundo, aunque no sé si esa opinión sea objetiva debido al embarazo.
—Yo no llevo un bebé en la panza, pero te aseguro que tu amiga tiene razón.
—Necesitaré que hagan una lista de sugerencias —Alex soltó otro gemido después de llevarse el último bocado de pastel a la boca, lo miré divertida.
—Mi lista será muy larga, cariño —me ahogué con el jugo que estaba bebiendo mientras él sonreía—. Voy por Mia al colegio, luego iré con ella a comprar los ingredientes —asentí ruborizada.
—Te envío un mensaje con los ingredientes que necesitaré.
—Bien —cogió las llaves del auto sonriendo—. Mili está con Alena.
—Sí, le está cambiando el pañal.
—No tardaré mucho, aún nos quedan varias páginas por estudiar, ¿me harías un favor?
—Dime.
—No desconcentres a Mili con tus pasteles, por favor, tiene mucho que estudiar.
—¿Ahora distraigo a las personas? —repliqué ofendida, él suspiró y se acercó a mí.
—Siempre me distraes, Emily Cunnington —sonrió. Se acercó tanto que estuvimos a un palmo de distancia, cerré los ojos sintiendo una oleada de emociones que solo él podía provocar. El aroma de su perfume me cautivaba, revivía mis más viejos anhelos y los dejaba flotando en el aire—. Te veo más tarde —me dio un beso en la frente y cuando abrí los ojos, él ya no estaba.
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Estaba aplicando un labial rojo elegante para finalizar mi atuendo. Mi miré en el espejo y me encogí de hombros. Escogí un vestido sencillo verde oliva de mangas largas y cuello cerrado, el dobladillo llegaba justo por encima de las rodillas. En los pies llevaba unas botas de caña corta negras sin taco. Mi cabello lo había recogido todo en un moño algo desordenado dejando caer algunas mechas del mismo moño. Estaba rociando un poco de perfume en el cuello cuando escuché que tocaban la puerta.