Capítulo XII

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EMILY

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EMILY

Estaba acostada mientras leía un libro. Acosté a Mia un par de horas atrás, y ya estaba profundamente dormida. Esa tarde por fin me dieron el alta definitiva y ya no necesitaba el molesto cabestrillo para mantener inamovible el brazo, solo debía ser cuidadosa. Era algo que estaba esperando desde hace casi siete meses, siempre he sido una mujer independiente y me incomodaba que otros hicieran algunas cosas por mí.

Sin embargo, algo que me deprimía, pensé mientras cerraba el libro y lo dejaba en mi mesita de noche. Era la última semana que compartíamos con Alex en nuestro departamento. El domingo en la mañana volvía a su departamento, y lo que más me entristecía era que él parecía estar deseando que llegara el último día de la semana.

Hoy recién era martes y aún tenía en la cabeza la conversación que mantuve con Callie con respecto a Brianne, ¿por qué me mintió? Las últimas semanas fui más inquisitiva con su relación y él siempre evadía mis preguntas.

Era lo que necesitaba para confirmar las sospechas que Callie instauró en mí. Por lo que mi lado vengativo quería una revancha. Él no me habló durante un mes porque creía que tenía una aventura amorosa con Ian, yo también quería que él sufriera un poquito... solo un poquito.

Cuando sentí el ruido de la puerta al cerrarse sonreí maliciosa. Esta vez dejé mi pijama de polar en el armario y utilizaba un camisón de satén rosa. Me hice la dormida y levanté uno de mis brazos para que el camisón mostrar más aún mis pálidas piernas. Esperaba, al menos, estar proyectando una imagen sexy. Cuando sentí que estaba dentro de la habitación intenté respirar de manera pausada, algo difícil, porque siempre me alteraba.

—¿Por qué haces tan miserable mi vida, nena? —quise reír al escucharlo tan afectado, pero contuve la carcajada. Sabía que estaba buscando su pijama para luego ir a darse una ducha.

Esa era su rutina cuando volvía del trabajo. Cuando se internó en el baño me levanté y fui a la cocina para prepararle un emparedado y una copa de vino. Esa extraña mezcla le encantaba.

Cuando salió, yo estaba dejando la cocina, no me fue indiferente la mirada que le lanzó a mis piernas. Se acercó y me dio un beso en la frente.

—¿Te desperté?

—No, desperté sola —me miró confundido—. Me giré en la cama para abrazarte, pero no estabas —la mirada de Alex era tan dulce que por un segundo me permití olvidar mi venganza—. Te preparé un emparedado, como te gusta.

—Gracias, nena.

Ambos fuimos a la habitación. Mientras se comía el sándwich me contaba como fue su día en el hospital y nunca dejé de mostrar más de lo debido, me gustaba pensar que lo ponía nervioso. Después de un rato se levantó para lavarse los dientes y pasar a la habitación de Mia y comprobar que estuviera bien. Cada noche hacía lo mismo. Suspiré derretida. Mi juego estaba por comenzar.

No recordé olvidarteHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora