XXXIII

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ALEX

El molesto repiqueteo en la madera era persistente.

Me abracé con fuerza al cojín e intenté seguir durmiendo.

El cojín se reacomodó y entrelazó nuestras piernas y volvió a estar tranquilo. El suave susurro de su respiración iba directo a mi cuello y eso me envió a los brazos de Morfeo otra vez.

Estaba seguro que solo había cerrado los ojos durante cinco segundos cuando el maldito repiqueteo volvió a sonar. Joder, no podía ser del hospital, acababa de llegar. Consulté la hora en mi reloj. Sí, hace treinta minutos llegué a casa.

Veinticinco desde que fui a ver a Mia y le di un beso en la frente y le dije que la amaba. Claro, ella estaba dormida.

Veinte, desde que entré en mi habitación y vi a mi esposa dormida ataviada en un pijama de encaje que yo mismo escogí. Fui un reverendo pelotudo al comprar esas prendas, porque el único perjudicado era yo. Solté un gruñido y me fui a la ducha.

Diez, desde que me metí en la cama, cubrí el cuerpo de Em para que dejara de torturarme y me quedara dormido.

Tres, desde que el jodido repiqueteo me despertara.

Abrí los ojos y lo primero que vi fue una mata de cabello rubio perfumado. Mis brazos estaban rodeando a mi esposa, del mismo modo que ella se abrazaba a mí.

No había caso, cada vez que nos dormíamos nuestros cuerpos inconscientes se buscaban y yo siempre despertaba con ella entre mis brazos y con la necesidad de una ducha fría.

El repiqueteo volvió a sonar, miré por encima del hombro de Emily y la luz de su teléfono estaba encendida. Alguien estaba llamando de manera insistente.

—Em... —susurré para no asustarla—. Em, despierta —le toqué el hombro y la moví suavemente. Ella gruñó en sueños y se apretó más a mí—. Emily, tu celular está sonando...

—Otro poquito...

—¿Eh?

—Mañana discutimos —farfulló y yo arrugué el entrecejo.

—Alguien te llama, Em —resopló y luego me apretó el culo. Llevaba un tiempo replanteándome la idea de dormir con pijama, porque con Emily, dormir desnudo no era algo sano. No era seguro ni para ella ni para mí. Suspirando me moví por encima de su cuerpo para agarrar el teléfono, que ya había dejado de vibrar. Había cinco llamadas perdidas de él. ¿Por qué la estaría llamando a esta hora? Le lancé una mirada a Emily y luego marqué el número que acababa de llamar con insistencia. Me contestó al segundo tono.

—¿Emily?

—¿Luke?

—¿Alex?

—Emily está dormida, ¿sucede algo?

—Fui a tu consulta, pero Lily me dijo que te habías ido —hice que los brazos de mi esposa me soltaran y me senté en la cama preocupado.

—¿Qué está pasando?

—Emily me pidió que cuando Abby estuviera en trabajo de parto le avisara —miré a Emily bruscamente y abrí los ojos, sorprendido—. Trae tu trasero y el de tu esposa, ¡la niña ya viene! —corté la llamada y esta vez no fui cuidadoso al mover a mi esposa.

—¡Em, despierta!

—¿Qué ocurre? —refunfuñó despertando. Sonreí, Mia despertaba de la misma manera. Enojada y dispuesta a matar al despertador.

—Luke —frunció el ceño y abrió un ojo.

—¿Callie está bien?

—No lo sé, no le pregunté. No es un tema que me importe.

No recordé olvidarteHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora