Capítulo 04

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Ambos estaban sentados en silencio en el pequeño comedor.

– Entonces, es probable que perdamos la casa – inquirió Donghyuck.

– Si no conseguimos una solución en noventa días, sí – asintió.

El menor suspiró.

Se puso a pensar en un posible plan, pero francamente no se le ocurría nada.

Era simplemente injusto cómo de repente empezaron a tener problemas con la escritura de la casa.

La razón era que, si bien ellos eran una manada que se llamaban a sí mismos "familia", no tenían ningún parentesco real, por lo que las escrituras estaban a nombre de algún antepasado que no se molestó en trasladar el dominio de su propiedad a nadie, pensando que, en el futuro, no tendrían problemas con eso.

Que equivocado estaba.

– Pensaremos en algo – dijo en un intento de tranquilizar a su alfa.

Pero no tenía nada.

No conocía a ningún abogado de su especie, los abogados humanos le temían y por supuesto, ni hablar de un abogado chupa sangre. Esos malditos no iban a querer ayudarlos. Y no se iba a rebajar a pedirles ayuda, de todos modos.

El alfa asintió.

– Lo sé – sonrió – y oye, sé que hay confianza entre nosotros, pero... –

– No se lo diré a nadie – sonrió también – no te preocupes –

– Bien – asintió aliviado.

En ese momento, Jaemin y YangYang entraban a la cocina, hambrientos y cansados de su arduo día en la escuela.

– ¿Por qué esas caras largas? – preguntó el menor, dejando caer su mochila en el piso.

– Estamos decidiendo que vamos a comer – se excusó el omega – ¿alguna sugerencia? –

– Yo quiero pizza – pidió Jaemin – porfis –

– Pizza será – asintió.

Los otros dos sonrieron triunfales y fueron corriendo hacia sus habitaciones, seguidos por el otro.

Yukhei los observó salir.

Tenía que salir de esa. No importaba como. No podía permitirse que esas sonrisas dejaran de brillar.







Como de costumbre, toda la familia se había reunido a cenar.

Comían silenciosos a excepción de Ten, que como siempre intentaba hacerlos hablar a todos.

Cuando fue hora del postre, YoonOh se aclaró la garganta, llamando la atención de los presentes.

– Familia – llamó con la seguridad de siempre – hay algo que tengo que decirles –

– ¿Tiene algo que ver con tu olor? –

– Jeno – lo reprendió Ten.

– De hecho, sí – admitió el castaño – es justo acerca de eso –

El tailandés, Johnny y Doyoung lo miraron sorprendidos.

Jeno, Mark, Jungwoo y Yuta parecían más bien expectantes.

– Está bien – asintió Ten – estás en confianza. Puedes decirnos lo que sea –

YoonOh lo miró con cariño.

Siempre se sentía agradecido de la calidez (literal y metafórica) de Ten.

– Bien – asintió – sé que es muy obvio mi olor, pero no se debe a que haya estado cazando – resopló – estoy agonizando por hacerlo, pero sé que no debemos y... – negó – eso no importa. El punto es que no es por eso –

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