La casa estaba tranquila. Casi siempre lo estaba.
El silencio era arrullador y uno fácilmente podría dormir una siesta.
Estaba sentado en sus estudio, leyendo un viejo diario, cuando lo percibió.
– Pasa – llamó en voz alta.
Sin decir nada, el recién llegado abrió la puerta.
– ¿Ocupado? – preguntó entrando.
– No mucho – se encogió de hombros – ¿qué necesitas? –
– Vaya, veo que hoy no estamos de humor – comentó burlón – venía a hablar de lo que dijo nuestro hermano el otro día –
– ¿De su presagio licántropo? – lo miró finalmente.
El otro asintió.
– Precisamente – medio sonrió – dijo que se avecinaba algo pronto, ¿nada aún? –
– No – se encogió de hombros – tal vez se equivocó –
El recién llegado resopló.
– Alguno de nosotros nace cada cien años con un talento y éste resulta defectuoso – chasqueó la lengua – que desperdicio –
– Xiao De Jun – se levantó – no te atrevas a menospreciar a Hendery –
– Pero... –
– Están aquí – lo silenció.
De Jun frunció el ceño.
Olfateó superficialmente antes de que sus ojos se oscurecieran hambrientos, al igual que los de su mayor.
Éste salió de su estudio, seguido por el otro, directo hacia la puerta.
Cuando abrieron, se encontraron con un conocido, que alzaba la mano como si estuviera a punto de tocar. Su ropa estaba un poco enlodada e iba acompañado de dos extraños.
Yuta bajó la mano, avergonzado.
– Kun – hizo una reverencia al dueño de la casa, seguido de los otros dos mortales.
– Yuta – asintió en su dirección – ¿a qué debo el honor? –
– Con dos de ellos – añadió De Jun, cruzado de brazos detrás del otro.
YangYang retrocedió un par de pasos, chocando su espalda con el cuerpo de Yukhei.
Se veía la sed del vampiro más pequeño. Y, francamente, le estaba asustando.
– Ellos tienen algo que preguntarles – respondió el japonés – ¿podemos pasar? –
– Dinos la verdad – pidió por enésima vez John, más frustrado con cada segundo que pasaba – ¿por qué mataste al toro? –
– ¡Yo no lo hice! – insistió YoonOh, exasperado.
– ¡Ellos dicen que tú estabas ahí! –
– Eso es cierto – respondió más tranquilo – paso por ahí desde que conozco a Tae. Sus tierras son un atajo – se encogió de hombros – pero cuando pasé esa noche el toro ya estaba agonizando –
– Y supongo que, convenientemente, no viste a nadie – inquirió Doyoung.
– No sé por que no me creen – se encogió de hombros – pero hasta ahora sólo han perdido su tiempo con su estúpido interrogatorio – miró a John a los ojos – yo no hice nada –
– No puedo creerle – negó Doyoung.
– Tampoco yo – admitió John.
YoonOh resopló hastiado.
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Hunting season
FanfictionNo eran de clases sociales, razas o preferencias diferentes. Su conflicto principal, eran sus especies. O eras un perro, o eras un muerto. Si eras un humano no había problema, a menos que estuvieras con uno de ellos. NCT OT21 (ya sé, dije que no ib...
