Capítulo 23

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Jaemin quería gritar de la frustración.

Estaba sentado en una mesa medio sucia con un par de vampiros acaramelados mientras bebía un café sin cafeína suficiente y tenía frío.

El día no podía ser peor.

Y, aunque reconocía que su lobo aulló de felicidad cuando vio a Jeno estacionarse frente a él, el animal comenzó a desgarrar sus entrañas cuando vio en el copiloto a Renjun.

No pudo soportarlo más.

Se levantó, sacó su cartera y dejó un billete en la mesa.

– Gracias por el café – dijo antes de darse la vuelta para irse.

Entonces Jeno lo miró.

Por primera vez desde que lo había recogido.

– ¿Qué pasa? – preguntó preocupado.

– Nada – espetó mientras caminaba lejos.

El vampiro estuvo a punto de seguirlo, pero fue detenido por Renjun.

– Está bien – sonrió – yo iré –

– Pero... –

– No, no – sacudió su dedo índice frente a él – quédate aquí. Hablaré con tu amigo –

Jaemin apenas había alcanzado a abrir la puerta cuando alguien jaló suavemente la manga de su chaqueta.

Esperanzado, se giró a verlo. Luego rodó los ojos.

– ¿Qué? – preguntó de mala gana.

– Woah, veo que no te caigo bien – sonrió de lado – ¿Jaemin? –

– Exacto – asintió – ahora déjame ir –

Apenas se iba a dar la vuelta cuando el otro lo tomó del hombro, evitando que se girara.

– Hey – llamó divertido – estás muy tenso – arrastró la mano a su cuello – ¿no quieres quedarte? Creo que hablar va a hacer que te relajes –

Jaemin suspiró profundamente.

– ¿Qué quieres de mí? – preguntó cansado.

– Sólo quiero hablar – se encogió de hombros – no estoy acostumbrado a no agradarle a la gente – hizo un puchero.

– Entonces hazte a la idea –

– Auch – rió – vamos, no seas tan malo – canturreó, acariciando gentilmente el cuello del lobo.

El peli gris entrecerró los ojos.

No sabía qué quería el vampiro de él, pero estaba curioso ahora. Tal vez debía quedarse.

Suspiró, sonriendo gentilmente hacia el más bajo.

– Tienes razón – tomó su mano – estoy muy tenso –

– Veo que estamos avanzando – comentó en tono de broma.

Jaemin asintió.

– Me convenciste – se encogió de hombros – ¿qué puedo decir? Eres lindo –

Mientras Renjun disfrutaba ser adulado, el lobo veía directamente a Jeno, quien observaba todo con los puños apretados desde la mesa.

Aw. Parecía no gustarle ser ignorado por el pequeño vampiro.

Bueno, ahora sabía lo que se sentía.

Ninguno era consciente que, desde el auto afuera de la cafetería, estaban siendo observados.

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