Capítulo 55

1.3K 119 95
                                        


― Tom, o me dejas escribir tranquila o tendrás que atenerte a las consecuencias

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

― Tom, o me dejas escribir tranquila o tendrás que atenerte a las consecuencias.

Se hace el silencio en el salón, Joe, Zac y Maddie nos miran como si de un partido de tenis se tratase. Graham y Harry se están comiendo MIS palomitas porque son MI antojo y Dean y Alan intentan beber cerveza sin que me dé cuenta.

Creo que no les ha salido muy bien.

Llevo casi un mes en casa y cada vez que abro el ordenador aparece don agonías cada tres minutos para comprobar si estoy bien, si necesito algo, si estoy tranquila y, lógicamente, me entran ganas de matarle. Que aprecio que se preocupe, pero los médicos me dejan hacer más cosas.

― ¿Hablas en serio?

― Cómo escuche una sola burbuja de cerveza os castro ― gruño, automáticamente Dean y Alan guardan las cervezas en la bolsa en la que han venido y me miran con ceño. Centro mi mirada en Tom ―. Es muy sencillo, o me dejas escribir y te ahorras todos los comentarios sobre que puede ser muy estresante y eso afectaría al bebé o me voy a vivir con mis hermanos.

― ¿Dónde dices que te pongo el portátil?

― ¡Cobarde! ― exclama Graham dándole palmaditas en la espalda a Harry que se ha atragantado con MIS palomitas.

― Si os coméis una palomita más os mato.

― Estás muy violenta, Jill. Tom, deberías hacer algo al respecto ― dice Dean moviendo las cejas arriba y abajo.

― Dejadla en paz, está embarazada de tres meses, las hormonas la deben estar dejando más loca de lo normal.

― Gracias, Maddie, no sé qué haría sin tu inestimable ayuda ― Mi supuesta amiga me mira con una sonrisa de niña buena que no engaña a nadie.

― Y todavía quedan seis meses, ¿puedo llorar ya? ― murmura Joe.

― Me voy a escribir, que os den a todos.

Me voy al despacho, pero antes de sentarme me acuerdo de mi antojo y vuelvo al salón para recuperar mi comida.

― ¿Ya estás aquí? Sí que eres rápida escribiendo ― dice Harry en cuanto me ve, no contesto, me paro delante de ellos y extiendo mi mano derecha para que me den el cuenco.

Graham me choca los cinco y coge otro puñado de palomitas.

― Voy a ser muy clara ― Necesito tener disponible mi brazo izquierdo, no puedo vivir sin cruzarme de brazos ―, no tendría ningún problema en arrancaros mi comida de vuestras frías manos.

― ¿Por qué frías? ― pregunta Dean.

― Porque los cadáveres no están precisamente calientes.

Alan estalla en carcajadas en cuanto Graham y Harry me extienden mis palomitas. Le doy un manotazo al rubio en el brazo que hace que se le caiga el puñado al suelo.

TOUR BUS [COMPLETA]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora