Cuando su coche decide prenderse fuego, Jill se queda tirada en mitad del desierto. Con suerte, batería y cobertura puede ponerse en contacto con Maddie que le da una solución.
N5, su banda favorita está de gira por EEUU y el padre de su amiga es el...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Tom
Jill se acaba de ir con Joe, Maddie y Martin. Joder, no salen de una y ya están en otra.
― Pobre familia ― murmura Alan.
― Me siento muy frustrado, no podemos hacer nada para ayudarles ― se queja Graham.
― Podemos estar con ellos, dándoles todo nuestro apoyo ― sugiero.
Nos quedamos en un silencio un poco incómodo hasta que Dean lo rompe.
― Bueno, yo me voy a ir al hotel, tengo que dormir la siesta.
― ¿Cuántos años tienes? ¿Tres?
― No, Alan, tengo veintiséis y, te recuerdo que mi cumpleaños es en un mes, deberías ir pensando en comprarme un regalo... Quiero una guitarra.
― Y yo quiero ser hijo único y mírame.
Graham y yo nos reímos y Dean nos mira mal.
― Me ofendéis, me voy, no puedo seguir viendo esas caras traicioneras ― Dean se levanta muy digno, pero antes de llegar a la puerta vuelve a nuestra mesa ― ¿Me acompañáis? No quiero que la poco estable ex de Tom me secuestre o me mate, no me fío de mi abuelo, en caso de que desaparezca, dudo que le dé una alimentación correcta a Ally, encima está vejete, no creo que tenga ganas de cuidar a mi bebé.
― Por última vez, es una perra, un animal, no la trates como si fuese humana, come pienso, no comida gourmet ― gruñe Graham mientras hace una seña a la camarera.
― Pues tú ya no te encargarás de Ally si me muero. Además, la quiero más que a muchos humanos.
― Y yo también la quiero más que a muchos humanos y ni siquiera es mía, pero sigue siendo una perra, Dean ― le digo, la verdad, estar discutiendo esto me parece muy absurdo teniendo en cuenta todo lo que tenemos encima.
― Vaaaale, bueno ¿me acompañáis o es que ya tenéis guitarrista sustituto y no os importa?
― Yo quiero un café ― dice Graham con una sonrisa traviesa.
― Yo también ― aseguro.
― Cabrones ― susurra Alan hacia nosotros ―. Venga estúpido niño, vamos al hotel.
― Sé que en el fondo me quieres, por eso me acompañas.
― No, te acompaño porque una de las recepcionistas está muy buena y el cambio de turno es en breve.
Ambos salen del restaurante discutiendo, después de dejar unos billetes para pagar su parte. Graham y yo negamos con la cabeza, son peores que los niños, bueno nosotros tampoco nos quedamos atrás.
― Graham, ¿podemos tomar el café luego? Quiero hacer una locura.
― ¿Vale? La cuenta, por favor ― pide Graham a la camarera que acaba de llegar con una sonrisa ― Me das miedo, pero bueno ¿qué locura vas a hacer?