Capítulo 24

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Tom

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Tom

Me despierto con Jill abrazada a mí. Igual debería destacar que ambos estamos desnudos y eso sólo me hace sonreír como un idiota. Anoche fue todo magnífico. En algún momento mientras veíamos Grease, Jill abrió otra botella de vino blanco, eso sólo consiguió que cantase peor y que yo me enamorase más y más de ella, esto último es algo que jamás admitiré... Al final de la película, mientras sonaba Grease de Frankie Valli, empezamos a besarnos, primero de una forma tierna y poco a poco nos fuimos calentando y terminé llevándola a mi cama mientras se abrazaba a mí como un koala y sin dejar de besarnos, enseguida la ropa estuvo tirada por el suelo y, lo siento mucho, pero soy un caballero y no voy a entrar en más detalles. Sólo diré que fue maravilloso.

― Buenos días ― murmura Jill dándome un beso en el pecho.

― Me podría acostumbrar a despertarme así ― digo mientras le aparto el pelo de la cara y le doy un beso en la frente ―. ¿Qué tal estás?

Se mueve un poco y hace un gesto de dolor que intenta disimular sin mucho éxito y no puedo evitar sonreír.

― Bien, me duele un poco, pero... ya sabes lo que dicen...

― ¿El qué?

― Que la práctica hace al maestro, creo que se podría aplicar al dolor.

Nos miramos y al segundo estallamos en carcajadas. Joder, no sabía que era posible querer, mejor dicho, amar tanto a una persona. Así que con 27 años descubro lo que es estar enamorado, yo pensaba que había estado enamorado de Olivia, mi ex, pero no. No sé qué sentía por ella, pero desde luego no es comparable a lo que siento por esta mujer que tengo a mi lado.

― Eres una pervertida y una descarada.

― Y te encanta.

― Por supuesto ― admito dándole un beso en los labios ― Creo que deberíamos ducharnos antes de desayunar...

― Me parece una idea maravillosa ― contesta rodeándome el cuello con sus brazos y besándome. Nos separamos cuando mi móvil empieza a sonar, descuelgo ―. Buenos días, mamá.

― Buenos días, hijo. En dos horas... ― dice mi madre pero pierdo el hilo de lo que está diciendo porque Jill empieza a besarme el cuello y va bajando por el pecho, sólo para volver a subir al cuello. Me centro en no dejar salir ningún sonido de mi boca ―. ¡THOMAS!

― Perdón, perdón... me... me acabo de levantar y estoy un poco distraído ― Jill se ríe y yo la empujo suavemente para que deje de torturarme. Me frunce el ceño y articula un "me voy a duchar yo solita" y me saca la lengua. Niego con la cabeza y sonrío, me vuelve loco. Antes de que mi madre vuelva a gritarme pregunto ―. ¿Qué me decías?

― Que vamos a ir a tu casa en unas dos horas, quizá algo menos. Mary te echa de menos así que vamos las dos, ¿vale?

―Puedo pasarme yo por casa a la tarde ― comento. No quiero que Jill conozca todavía a ese diablo disfrazado de angelito y no hablo de mi madre.

TOUR BUS [COMPLETA]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora