Capítulo 33

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¡Hola! En el capítulo menciono a las Súper Nenas, es como en España llamamos a The Powerpuff Girls (en la foto), y para que no haya dudas, la azul en España es Burbuja, la rosa Pétalo y la verde Cactus.

Aprovecho para deciros que tengo varios capítulos ya escritos y, si queréis un pequeño maratón debemos llegar a cinco comentarios o cinco votos para el domingo (13/09/2020). Ese día subiré un capítulo aunque no haga el maratón.

Un abrazo y disfrutad de la lectura.

Cuando abro la puerta Tom sigue leyendo

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Cuando abro la puerta Tom sigue leyendo.

― En cinco minutos termino ― dice cuando me oye, pero no quita la vista del ordenador.

No contesto, cierro a mi espalda y me quedo mirando la puerta con ceño. Tras unos segundos, cierro con llave y la dejo puesta en la cerradura.

― ¿Por qué cierras? ― pregunta Tom acercándose ― Oye, ¿qué pasa? Estás pálida, Jill, cariño.

No le miro, estoy muy nerviosa y asustada. Por el rabillo del ojo veo que levanta la mano hacia mi cara, supongo que para que le mire, pero me lanzo hacia él, rodeo su cintura con mis brazos y entierro mi cara en su hombro, es entonces cuando rompo a llorar. Tom me rodea y me aprieta más contra su cuerpo.

― Tranquila, cielo. Estoy aquí, estoy contigo ― susurra en mi oído mientras acaricia mi espalda.

Ninguno de los dos dice nada más, conforme pasan los minutos me voy tranquilizando y dejo de llorar. Sollozando me aparto un poco, Tom me mira y enjuga mis lágrimas con sus pulgares. Chica, límpiate los mocos que menuda cara tienes. Sinceramente, mi cara es lo que menos me preocupa ahora mismo, pero no me hace mucha gracia haber usado la camisa de Tom como pañuelo.

― Tu camisa es un desastre ― murmuro acariciándole la cara.

― Que le den a la camisa, ¿estas mejor? ― pregunta con un amago de sonrisa.

Asiento y recojo mi bolso del suelo, saco unos pañuelos y me sueno la nariz.

― Odio llorar ― gruño con voz nasal cuando termino.

― Odio que llores.

Me da un beso en la frente y me termina de limpiar las lágrimas de mis mejillas. Me analiza la cara, está muy preocupado.

― Ya estoy mejor ― aseguro pasándome el pañuelo por debajo de la nariz.

― ¿Quieres un vaso de agua? ¿Una tila?

― Un vaso de agua está bien.

― Siéntate que voy a cogerlo a la cocina.

― No ― digo sujetándole del brazo cuando se da la vuelta ―. No quiero estar sola ― añado cuando vuelve a mirarme.

TOUR BUS [COMPLETA]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora