Cuando su coche decide prenderse fuego, Jill se queda tirada en mitad del desierto. Con suerte, batería y cobertura puede ponerse en contacto con Maddie que le da una solución.
N5, su banda favorita está de gira por EEUU y el padre de su amiga es el...
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― ¿Señorita Williamson?
Me giro hacia la voz que ha hablado y veo a un señor de unos 50 años con bigote.
― Sí, soy yo ― contesto y le estrecho la mano que me ofrece.
― Soy el inspector Coleman y él es el agente Shield ― dice señalando a un chico de unos 25 años moreno ―. Puede contarme lo que ha ocurrido mientras subimos.
― Claro. Realmente no sé qué ha pasado, yo... pasé la noche en casa de una amiga y después me entretuve dando un paseo ― explico mientras subimos al ascensor ―. Cuando he llegado a casa, la puerta estaba abierta y la cerradura forzada. No he entrado, he vuelto a bajar mientras llamaba a la policía y al cerrajero.
― Ha hecho usted bien ― comenta el inspector Coleman cuando las puertas del ascensor se abren ―. Shield, entra a comprobar que la casa está vacía, yo me quedo aquí haciéndole unas preguntas a la señorita Williamson.
― En seguida.
El agente entra con el arma en la mano a mi apartamento. Y el inspector me mira.
― Le voy a hacer unas preguntas, si no le importa.
― Claro, lo único es que prefiero hacerlo dentro cuando su compañero nos diga que es seguro hablar, no me gustaría que los vecinos empezasen a cotorrear.
― Por supuesto, le entiendo perfectamente.
Unos minutos después sale el agente Shield y nos comunica que está despejado y podemos pasar. Nos sentamos los tres en la mesa del comedor.
― Lo que me llama la atención, Coleman, es que no hay indicios de que se hayan llevado algo. La casa está normal ― apunta el agente Shield.
― Señorita Williamson, acompáñenos por las habitaciones para confirmar si le han sustraído algo.
Asiento y nos levantamos, me acerco a las vitrinas del comedor, a las estanterías del salón, las bebidas del mueble bar e incluso miro por la cocina.
― Aquí no falta nada.
― De acuerdo, continuemos con el resto.
Avanzo a la habitación, miro en las estanterías y en el escritorio. No falta nada. Entro al vestidor y miro en la cómoda y el tocador. Todo está como recuerdo.
― Aquí tampoco falta nada.
― ¿Qué habitaciones quedan? ― pregunta el inspector.
― Los baños y el despacho – responde Shield.
― Exacto, aunque yo lo llamo estudio, despacho es muy maduro para mí ― comento antes de pensar en la idiotez que ha salido por mi boca.
El inspector me sonríe y el agente aguanta una risa.