Cuando su coche decide prenderse fuego, Jill se queda tirada en mitad del desierto. Con suerte, batería y cobertura puede ponerse en contacto con Maddie que le da una solución.
N5, su banda favorita está de gira por EEUU y el padre de su amiga es el...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
― ¿Recuerdas que te dije que nos volveríamos a ver? ― pregunta Olivia con una sonrisa sádica.
Trago saliva y aprieto los puños.
― No te tengo miedo.
― Pues deberías... ― Olivia saca una pistola y me apunta a la cabeza ― ¿Últimas palabras?
― Que te jodan.
Veo como mueve su dedo sobre el gatillo y...
Me despierto temblando y sudando, me incorporo en la cama y me paso las manos por la cara. Noto mis mejillas húmedas y me las limpio furiosa. Me da mucha rabia admitir que estoy asustada, me hace sentir como que soy débil, pero no puedo evitarlo.
Unos brazos me rodean por la espalda. No sé qué haría sin él.
― Estoy contigo, pequeña ― Tom me acaricia los brazos ―. Estoy aquí.
Enciende la luz para que podamos ver.
― Me siento tan idiota... Siempre he pensado que era una chica fuerte y mírame ahora.
― No digas eso ― susurra dejando un beso en mi cabeza antes de obligarme a mirarlo ―, eres la persona más fuerte que conozco. No te haces una idea de lo mucho que te admiro.
Le dedico una sonrisa triste y nos quedamos en silencio.
Si tan solo supiera el bien que me hacen sus palabras... Le amo y...
¿Acabo de pensar que le amo?
Sí, te hemos perdido.
Bueno a Martin le dije que estaba enamorada, pero creo que es la primera vez que lo pienso tal cual... Decido dejar ese tema para otro momento, las cuatro de la mañana no es una buena hora.
― Gracias ― digo en un susurro mirando esos ojos marrones que me vuelven loca.
― ¿Por qué? ― pregunta apartando el pelo que cae por mi cara.
― Por todo.
― No digas tonterías.
Me da un corto beso en los labios y se tumba.
― De verdad, Tom, gracias a ti no he llegado al fondo del pozo...
― Calla ya y ven aquí ― dice abriendo sus brazos para que me recueste sobre él ―, tenemos que dormir.
Asiento y me tumbo sobre él.
― Te quiero mucho ― susurro y él me rodea con sus brazos.
― Yo también te quiero mucho ― Me da un beso en la cabeza y apaga la luz ―. Duerme, no me voy a ir de tu lado.
Unos minutos después noto que Tom se ha vuelto a quedar dormido, pero yo no corro la misma suerte.
Llevamos viviendo en el hotel cuatro días, los cuatro días he tenido pesadillas y los cuatro días Tom me ha consolado.