Cuando su coche decide prenderse fuego, Jill se queda tirada en mitad del desierto. Con suerte, batería y cobertura puede ponerse en contacto con Maddie que le da una solución.
N5, su banda favorita está de gira por EEUU y el padre de su amiga es el...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
― Ni lo pienses.
― Pero...
― Escucha, estrella del rock porque sólo te lo voy a decir una vez ― digo mientras me giro para encararle. Lanzo el anónimo al suelo y le apunto con el dedo ―. Como se te ocurra pensar en dejarme por esta mierda te castro, ¿te ha quedado claro?
― Cristalino.
― Me alegro.
― Jill, no quiero que te pase nada...
Le miro y pongo mis manos en sus mejillas.
― No me va a pasar nada.
― Eso no lo sabes ― murmura apoyando su frente en la mía y sus manos en mis caderas.
― Es verdad, no lo sé, pero ya sabes el dicho, mala hierba nunca muere y, te aseguro, que puedo ser la peor hierba del mundo.
Me dedica media sonrisa y le doy un breve beso en los labios.
― Te quiero ― susurra apoyando su cabeza en mi hombro, paso mis manos por su espalda y le acaricio, él me rodea para darme un abrazo.
― Lo sé, yo también te quiero, por eso no voy a permitir que esto nos separe, no le vamos a dar ese gusto a nadie.
― Ve a ducharte, yo voy a llamar a mi padre para informarle de todo esto.
Por su cara sé que necesita un poco de tiempo solo para pensar y tranquilizarse.
Entro a la ducha y no puedo evitar pensar en todo lo que está pasando. Por un lado entiendo a Tom, aunque no le he dejado decir lo que le pasaba por la cabeza puedo intuir lo que me quería decir. Pero no, por fin he encontrado a alguien en el que me puedo apoyar, que me ayuda a levantarme cuando me caigo, que confía en mí y hace que yo confíe en él plenamente, que, pese a todas mis rarezas y a lo insoportable que soy, me quiere, y, no voy a dejar que nadie me quite esto.
Tampoco puedo olvidar a mi madre, he buscado al tal Adam Carter en internet y no hay ningún resultado. Es como si no existiera y eso es precisamente lo que me preocupa, puede que todo esto de los anónimos me esté volviendo un poco paranoica, pero esto es raro.
Y de Olivia mejor no hablamos porque estoy muy nerviosa en ese aspecto, vamos, que estoy mejor que quiero.
Salgo de la ducha, me rodeo con una toalla y voy a mi habitación para ponerme ropa limpia. Tom me ve y me sigue.
― ¿Ya has hablado con tu padre? ― pregunto entrando al vestidor, Tom se apoya en la puerta.
― Sí, me ha dicho que le lleve los anónimos, sospecha que puede ser Olivia y... ― hace una pausa.
― ¿Y? ― pregunto poniéndome la ropa interior.
― Jill, piensa como yo, dice que deberíamos dejar de vernos por un tiempo.