Cuando su coche decide prenderse fuego, Jill se queda tirada en mitad del desierto. Con suerte, batería y cobertura puede ponerse en contacto con Maddie que le da una solución.
N5, su banda favorita está de gira por EEUU y el padre de su amiga es el...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Zac me ha dejado en el portal de mi antiguo apartamento ― agradezco que esta vez haya decidido coger el coche ―, antes de que se cierren las puertas del ascensor me parece ver que sigue en la acera, aunque me parece absurdo porque él se va a ir con Anna.
Cuando termine de hablar con la señora Turner tengo que avisarle para que me recoja. Es bastante frustrante tener que depender tanto de la gente, al menos hoy sólo molesto a Zac. Lo bueno es que en unos días voy a poder conducir de nuevo.
Después de ver a Tom en traje he llamado al médico para preguntarle si podía tener sexo. Las hormonas siguen jugueteando en mi cuerpo y no les importan las consecuencias. Y el doctor Lee me ha dicho que sí, pero que no seamos muy efusivos, pasionales... vamos, que nos lo tomemos con calma.
Volviendo al presente, la señora Turner me entretendrá hasta las diez de la noche si no hago nada para evitarlo, por lo tanto, entro en el ascensor con un plan: estar el menor tiempo posible con la vecina, la mujer es adorable, pero se enrolla como las persianas, para ello debemos evitar entrar a su casa.
Saludamos, preguntamos qué tal la familia, aunque no nos importe, le pedimos el correo y nos vamos a recoger las fotos de mi apartamento. Fácil y rápido, nada puede salir mal. Al menos eso es lo último que pienso cuando llamo a la puerta:
― Jill, hija, pasa ― dice la señora Turner haciéndose a un lado.
Mierda.
― No hace falta, señ...
― Nada, nada, pasa, niña ― insiste a voz en grito, la mujer debe estar quedándose sorda porque se ha debido enterar el edificio entero y los colindantes de que estoy aquí.
Mierda, otra vez.
― Pero no me puedo quedar mucho, señora Turner.
― Te tomas un cafecito conmigo y ya está, que estoy muy sola, Jill. Además tengo cita en la peluquería. Mis nietos se han olvidado de mí ― dice mientras me hace señas para que entre. Odio que saque la carta de la soledad, pero eso se lo debería decir a sus nietos ―. Estás muy guapa, aunque esa ropa... siempre en vaqueros. Esta juventud...
Oye señora, que mis vaqueros son preciosos y mi sudadera de Maléfica es una fantasía.
― Seguro que no es así, señora Turner.
― ¿Café?
― Descafeinado, por favor.
Una vez sentadas en la mesa del comedor empieza a lamentarse por la muerte de la señora O'Brien.
― Menos mal que su hija la visitaba mucho, porque como me muera yo no se entera nadie hasta que empiece a oler.
Pongo los ojos en blanco ante lo exagerada que es esta mujer.
― ¡Qué cosas dice!
― Al menos han alquilado pronto el piso.
Levanto la cabeza de las pastas que ha sacado con el café y la miro con los ojos muy abiertos. ¿Qué acaba de decir?