Cuando su coche decide prenderse fuego, Jill se queda tirada en mitad del desierto. Con suerte, batería y cobertura puede ponerse en contacto con Maddie que le da una solución.
N5, su banda favorita está de gira por EEUU y el padre de su amiga es el...
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Tres años después.
― ¿Entonces mi nieto está bien? ― pregunta Lynn a través del teléfono.
Estamos en el coche y el manos libres está puesto.
― Sí, mamá. Está perfecto, vamos a ir ahora a por él al cole.
― Dadle muchos besos parte de su abuelo ― dice Kevin. Ambos están en un viaje disfrutando de unos días libres y, como es normal, extrañan a mi Daniel. ―. Por cierto Jill, me he enterado de algo, pero no sé si tú lo has oído.
― Dime.
― Logan Murphy se ha suicidado. Le han encontrado colgando en su celda.
― Ah.
― Oye, os dejamos que creo que nos hemos perdido.
Cuelgan la llamada y Tom me mira brevemente.
― ¿Estás bien?
― No lo sé, yo... No sé cómo sentirme, la verdad. Es raro. Por una parte, y puede que suene horrible, me alegro que no vaya a poder hacernos daño nunca más, pero debería haber cumplido su condena.
― No sé qué decirte, cielo.
― No digas nada, no merece la pena pensar en eso.
Cuando aparcamos el coche ― justo en la puerta ― vamos a donde están Harry y Beth esperando a los mellizos.
― Mi Claire va a ser campanilla y tu Daniel Peter pan ― dice Harry en cuanto me ve.
Está hablando del acto que van a hacer por carnaval.
― Harry, tienes dos hijos.
― Bueno, John puede ser el capitán Garfio.
― ¿Por qué odias a tu hijo? ―pregunta Tom.
― ¡Yo no odio a mi hijo!
― Cualquiera lo diría ― dice Beth con los brazos cruzados.
― ¡TÍA! ― me doy la vuelta al reconocer la voz de la niña de mis ojos, al menos lo será hasta que nazca la mía el mes que viene.
Rose Sarah Williamson de dos añitos viene corriendo hacia mí. La pequeña es igual que Joe, los mismos ojos verdes que él y el pelo castaño oscuro.
En vez de saltar hacia mí como hacía siempre se para en seco y deja que la coja yo en brazos. Hace unos meses le dijimos que si saltaba podía hacerle daño a la primita.
― Hola, preciosa ― saludo dándole un sonoro beso en la mejilla.
― Hola, veno a ve a lo pimos.
― ¿A mí no me saludas? ― pregunta Tom haciendo un mohín.
― ¡TÍO!
Si no llegamos a estar atentos la pequeña Rose se abre la cabeza con el suelo, menos mal que Tom no está embarazado y puede atraparla sin problemas.