Cuando su coche decide prenderse fuego, Jill se queda tirada en mitad del desierto. Con suerte, batería y cobertura puede ponerse en contacto con Maddie que le da una solución.
N5, su banda favorita está de gira por EEUU y el padre de su amiga es el...
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― Por fin llegáis ― dice en voz baja Oliver al vernos entrar en la inmobiliaria ―. Joder, esto tiene que salir bien. Si no acepta, ¿le podemos atar?
― Firme aquí ― oímos la voz de Cormac, desde su despacho que tiene la puerta entre abierta.
― No lo hagas, por favor Sean...
― Ya está Nora. Hay que hacerlo, aunque tenga que renunciar a parte de mi vida, lo prefiero a renunciar a mi hijo o a mi orgullo.
Un sollozo por parte de Nora me confirma que el señor Davies ha firmado.
― Ivet ― una chica pelirroja entra al despacho y Tom y yo nos ocultamos mejor ―, dígale al comprador que pase para pagar.
― Por supuesto.
Ivet sale del despacho y es cuando me asomo por la puerta que ha dejado abierta. Nora tiene sus manos sobre su rostro, aunque eso no evita que las lágrimas sean visibles, por otra parte a Sean parece que le han arrancado parte de su alma y mira sin ver por la ventana.
― La próxima vez que hagáis correr a una mujer embarazada de una punta a la otra de Londres os voy a matar ― digo entrando.
Los señores Davies me miran con sorpresa.
― J-Jill... ¿Q-qué haces aquí? ― pregunta Nora entre sollozos.
― Comprar un restaurante ― explico dejando un cheque en la mesa.
Sean parece tardar en procesarlo porque se queda mirando el cheque unos minutos
― No puedo aceptarlo ― dice levantándose.
Le pongo una mano en el hombro y suspiro dramáticamente.
― Haberlo pensado antes de vender. Te espero mañana, yo no tengo ni tiempo ni ganas de llevar un negocio ― le digo con una sonrisa. Me dirijo a Cormac ―. ¿Todo está como lo acordamos?
― Sí, eres la dueña pero el negocio lo dirigirán ellos como siempre y los beneficios serán para ellos excepto el 0.01% que te deben dar a ti al finalizar el año.
― Perfecto. Yo me voy ya. Mañana le contaré a Martin lo orgulloso que es su padre, que lo sepas. Mira que no querer pedirme dinero... ― continúo poniendo los ojos en blanco―. Por cierto, si queréis mantener algo en secreto, se me ocurre que quizá y sólo quizá no deberíais hablarlo en medio de la sala de espera de un hospital. Es como decir en una fiesta de quién estás enamorado y esperar que nadie se entere.
Cuando me dirijo hacia la puerta muy orgullosa de que todo haya salido bien, los brazos de Nora me frenan y, tras tirar de mí, me da un abrazo.
Un abrazo que no sabía que necesitaba.
― Gracias, mi niña. Gracias ― susurra mientras acaricia mi pelo.
― No digas tonterías, Nora. Lo he hecho con todo mi corazón. Os quiero cómo si fueseis mi familia, ya lo sabes.