Cuando su coche decide prenderse fuego, Jill se queda tirada en mitad del desierto. Con suerte, batería y cobertura puede ponerse en contacto con Maddie que le da una solución.
N5, su banda favorita está de gira por EEUU y el padre de su amiga es el...
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Me despierta el ruido de la puerta principal al cerrarse. Me siento en la cama y veo que Maddie me ha dejado una nota diciéndome que iba a hacer unos recados. Suspiro y me dirijo a la cocina para prepararme el desayuno.
Cuando ayer llegué a casa, Maddie ya estaba en la cama durmiendo o fingiendo dormir, no lo tengo muy claro, por lo tanto, no pude ponerle al día de las últimas novedades. El lado positivo es que pude pensar tranquilamente. Siendo sinceros, mientras me desmaquillaba y me lavaba los dientes, no pensé mucho, sólo recordaba el beso, bueno, los besos. Todavía no me creía que la estrellita y yo nos habíamos besado no una, sino tres veces... Mientras me ponía el pijama y me metía en la cama le daba vueltas a una pregunta: ¿Y ahora qué? Porque, no sólo nos habíamos besado, también había compartido con él una parte importante de mi vida y no sabía en qué situación nos dejaba eso. Supongo que me cansé de intentar buscar una respuesta y me quedé dormida.
Paso el resto de la mañana escribiendo mi libro. Es la continuación del libro que estaba leyendo Tom en el autobús, necesitaba espabilar, no quería que luego me entrase la desesperación y la ansiedad por no llegar a la fecha límite. Aunque, por supuesto que me autoengañaba, daba igual cómo, cuándo y dónde empezase a escribir que siempre entregaba el manuscrito en el último minuto, con varios litros de café encima y alimentándome a base de hamburguesas del McDonald's, del Burger King, pollo del KFC... lo que viene siendo una dieta muy nutritiva. ¡Oh, qué no se me olvide el helado! Sam y yo todavía tratamos de averiguar cómo es posible que siga viva.
Me llega un mensaje de Maddie diciéndome que hoy va a comer con su padre, pongo los ojos en blanco y le contesto que se divierta, realmente necesito su opinión sobre lo que pasó ayer, pero me tengo que joder porque no va a querer hablar conmigo hasta la tarde si hay suerte. Mi teléfono suena y contesto a mi hermano.
― Hola, Zac, ¿cómo estás pequeño? ― digo cuando descuelgo.
― Jilly, eres consciente de tengo 20 años, ¿verdad? ― me contesta enfurruñado.
― Zac, acepta de una vez que siempre vas a ser mi pequeño hermanito ― le aclaro.
Mi hermano nació cuando yo tenía seis años, pasé de tener muñecos a un bebé real y jugar a ser mamá fue muy realista, el bebé comía, lloraba y se cagaba encima, ¡todo en uno! Antes de que naciera tenía que tener por lo menos tres muñecos y cada uno hacía sólo una de esas cosas. El caso es que cuando fui creciendo mi madre me dejaba a cargo del bebé mientras ella se iba a trabajar. La primera vez dejó a cargo a Joe, pero no acabó muy bien, hubo llantos, gritos y risas. Yo era la que me reía, para dejarlo claro.
― Eres imposible, Jill.
― ¡Qué mayor! Me llama Jill para hacerse el maduro, ¡qué mono! ― me río y le oigo suspirar al otro lado y, aunque no lo vea sé que ha puesto los ojos en blanco.
― ¡Cierra la boca! En fin, te llamo para decirte que papá sigue igual. ¿Cuándo vas a venir a Londres?
― Pues no lo sé me ha dado error la página al intentar comprar el billete, ahora lo volveré a intentar ― miento descaradamente.