Después de finalizar la Segunda Guerra Mágica, Adhara Phoenix Black ya no siente tener motivos para quedarse en Londres y decide irse al pueblo más nublado de Estados Unidos junto con su fiel Kreacher, sin saber que ahí encontraría lo que tanto habí...
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Adhara agarró su bolso de cuentas y de ahí sacó un pensadero, lo suficientemente grande como para que entrara en el pequeño bolso, y lo hechizó para que se mantuviera flotando.
-Esto es un pensadero y se usa para mostrar los recuerdos de una persona. Esto era de mi abuela, pero me lo dejó cuando murió. -sacó su varita y tocó su sien sacando unos delgados hilos plata y los colocó dentro del pensadero.
Los vampiros veían el proceso con interés y en completo silencio.
-Lo único que tienen que hacer es meter su cabeza y serán transportados a mis recuerdos.
-Espera. -dijo Daniel y ella lo miró. -¿Vamos a entrar todos ahí? -preguntó señalando el pensadero, para él, el espacio no era suficiente.
-Si, pero solo ustedes van a entrar y yo me quedaré aquí, esperándolos. Hay...ciertos recuerdos que prefiero no revivir. Todo será muy rápido, así que puede que no entiendan mucho; cuando regresen, les explicaré mejor.
Los vampiros se vieron entre ellos preocupados por ella, especialmente Jasper, pero hicieron caso a su petición. Cada uno tocó el líquido y sintieron como eran absorbidos hasta aparecer en lo que era la sala de estar de una casa con aspecto sombrío.
El recuerdo mostraba a una Adhara de 9 años tomando el té junto a una señora mayor, que reconocieron como Walburga Black.
-¿Ya arreglaste tu baúl? -le preguntó Walburga dejando la taza de té en la mesita delante de ella.
-No voy a llevar mi baúl, solo estaremos fuera el fin de semana, así que llevaré mi bolso de cuentas. -respondió la niña.
La mujer asintió y a los pocos minutos apareció una criatura con orejas puntiagudas, anunciando que Remus había llegado.
-¿Qué es eso? -preguntó Emmett sorprendido.
-Él es Kreacher, el elfo doméstico de los Black. -dijo Alice.
El recuerdo cambió y pudieron ver con una sonrisa a una pequeña y sonriente Adhara correr hacia los brazos de Remus Lupin, el hombre la recibió con cariño y la cargó dándole vueltas, escucharon perfectamente las risas de aquella niña.
El humo se disolvió y vieron con pesar a una llorosa Adhara abrazando el cuerpo de su abuela. También la vieron entrar a una acogedora casa siendo recibida con alegría. El recuerdo vovió a cambiar.
-¡Ya llegó! -exclamó la niña agarrando la carta y dándole galletas a la lechuza. -¡Tíos! ¡Dora! ¡La carta de Hogwarts ya llegó! ¡Oficialmente seré una bruja!
Los Cullen-Hale sonrieron con ternura ante su emoción y escucharon atentos lo que aquella carta decía.
El humo se volvió a disolver y todo se movió con rápidez a su alrededor, mostró su visita al callejón Diagón cuando fue por sus útiles y su varita.