Salen del auto una vez llegaron a su destino: un restaurante muy caro de las altas jerarquías que controlaban el bajo mundo. Un grupo de siete personas, todas y cada una tan letales como la anterior. Un ejemplar placer recorría en el interior de aquel hombre tras observar a su mano derecha hacerse presente entre tanta gentuza.
El interior del lugar siempre era concurrido ofreciendo el camuflaje perfecto. Toga se acercaba hasta tomar asiento junto a Dabi, Shinsou, Inko, Nejire, Tetsutetsu, Tomura y Nomu.
Siendo protegidos constantemente por los guardias Yakuza que aún eran fieles a la mujer de cabellos verdes.
Dabi encendió un cigarrillo y dándole una profunda calada, observó con detenimiento a la mujer. Los hombres de Shinsou estaban de igual forma presente; siendo un total desafío poder llegar a persuadir su mente pero celebrando en silencio el haberlo logrado. Nada que un poco más de dinero no pudiese hacer. Tanto así, que incluso la dirección de esa cabaña fue suministrada.
Himiko sonreía de forma retorcida mientras escuchaba a los mesoneros acercarse con las órdenes de cada uno. Era un manjar de sangre, muchas personas sin ninguna idea de que estuviesen comiendo en el mismo sitio que ella, una completa psicópata enferma adicta a la sangre. Perfección.
—Diganme que ésta vez si los han matado —gruñe Inko mientras se llevaba un trozo de carne a la boca.
—Matamos a la niña. Era un blanco importante de todos modos —responde la peliazul.
—No comprendo la importancia de su existencia en este juego, niña.
—No necesitas comprenderlo de todos modos. Tus blancos son tu hijo y Bakugō, los demás son asunto mío —dice Hitoshi.
—¡Amo a ese chico! —Tomura sonríe —Es completamente instintivo. Precioso.
—¿Qué te hace pensar que tu cabeza está a salvo luego de haberlos echado al matadero? —la rubia inquiere mientras juega con un cuchillo de la mesa —En el mundo oscuro donde nos movemos, es imposible no dejar indicios que apunten directo a nosotros... Dime Shin–kun, si estuviera tu linda Beta azul en un prostíbulo siendo subastada ¿La salvarías? O ¿La desecharias? Ahora que lo veo es muy hermosa...
—Lo que dices es irrelevante ahora...
—Lo que está diciendo es justo lo que acabas de hacerle a los Bakugō —Dabi lo observa inexpresivo —Al unirtenos, los has expuesto y ahora otra persona allegada a ellos fue asesinada por una de tus sicarias de confianza, que ahora que lo pienso no está presente. Lástima, me agradaba.
—Vas a morir, bastardo —gruñe el heredero índigo.
—Todos moriremos de hecho pero tú Shinsou Hitoshi —creó un círculo de humo el cual fue elevándose sobre sus cabezas hasta desaparecer —morirás a manos de quién una vez te amó.
—Eso no te incumbe pirómano Todoroki.
Toga eliminó la sonrisa diabólica de su rostro para dar paso a una expresión de molestia hacia aquel intruso morado que osaba a pronunciar ese apellido.
Dabi sonrió divertido mientras los demás miembros de su equipo se mantenían espectantes y entretenidos; dando inicio a una atmósfera lo suficientemente tensa para que Hitoshi apuntará su arma hacia la cabeza del hijo mayor de Enji; el cual no se inmutaba en lo absoluto, al contrario de eso parecía disfrutarlo en su máximo esplendor.
Nejire observó a la distancia como los Yakuza se acercaban hasta estar por completo rodeados.
Dabi inhaló los último de su cigarrillo y exhaló el humo directo al orificio del arma que estaba frente a sus ojos.
—Si fuese tú, no volvería a mencionar ese apellido de nuevo, joven Shinsou —agrega Inko —Todoroki Enji ha sido el causante del sufrimiento de muchas personas, con el propósito de lograr la perfección llegando a sacrificar a sus propios hijos... Al igual que yo.
—Imposible... Siempre se ha sabido que ese hombre solo busca la paz y la cura de las enfermedades —niega Tetsu.
El hombre pirómano clava sus ojos azules brillantes en él. Una fachada increíble lo suficientemente sólida para engañar a las masas.
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ANXIETY
Hayran KurguTras su drástica desaparición. Izuku Midoriya estuvo aislado de todas aquellas personas que ama por culpa de su homofóbica madre, quien se encargó de desaparecerlo del mundo durante ocho años en un hospital psiquiátrico. Los cuales fueron una carnic...
