Capítulo 57

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Tamara nos abre la puerta de su casa con una sonrisa nerviosa. Está más pálida de lo habitual. No hace falta que nos diga nada, solo nos deja pasar y se queda ahí, como quien presiente un choque de trenes y no sabe de qué lado huir.

El aire en la casa es denso, es como si este lugar supiera lo que está a punto de pasar. No es que quiera ser pesimista al creer que esta reunión no saldrá bien, pero conociendo a mi madre, sé que será fácil.

Liza va a mi lado, derecha, segura, y aunque sé no recuerda este lugar, camina como si lo conociera. Como si su cuerpo lo supiera por ella.

Mi madre está en el comedor. Sentada, con la espalda tan recta que duele mirarla. No se molesta en disimular la molestia en su rostro. Ya sabe a qué venimos. La llamada que tuvimos el día anterior lo dejó todo dicho, menos lo más importante, lo que ahora tengo que mirarle a la cara y sostener.

—Mira quién decidió venir —dijo. Su voz, tan suave como afilada—. El hijo pródigo y su experimento. —Siento que Liza se tensa, pero no se mueve de donde está. Se mantiene firme a mi lado.

—No empieces, mamá —le advierto, forzándome a mantener la voz baja y controlada.

—¿Viniste a darme otra sorpresa? ¿Qué será esta vez? ¿Un hijo? — dice y a mí me hierve la sangre.

— Ya basta de bromas, Rania! — le exijo al borde de perder el poco autocontrol que me queda. —Vine como un hijo. Uno que da la cara.

Liza se mantiene firme. Ni un paso atrás a pesar de que ya le dejé claro cómo es. Bueno, aunque no del todo.

—Lo que hiciste es inaceptable —dice Rania, y su mirada finalmente se posa sobre nosotros—. Humillaste mi nombre. Ensuciaste tu linaje. Y todo por ella.

—No he ensuciado nada madre —digo sin titubear—. Podrías no ser tan rígida con esas ideas que solo importan en tu mundo, no en el mío.

Rania ríe sin humor. Una risa breve, rota. Ella arquea una ceja, se levanta lentamente de su asiento.

Puedo decir que mientras mas se acerca, se empieza a sentir la vibración de su rabia. Ella camina alrededor de la mesa con una calma que solo usaba cuando planeaba algo macabro con precisión.

—No tienes idea de las consecuencias que puede contraer este atrevimiento tan estúpido – su amenaza me desarma, pero no puedo dejarle ver que temo por lo que ella pueda hacer en venganza. —¿Sabes lo que estás haciendo, Amîr? Estás cavando tu propia tumba. Y ella... —mira a Liza con desprecio —, ella ni siquiera tiene idea de lo que se le viene encima. — su advertencia me duele bastante porque en eso ella tiene razón. Liza es solo una víctima de mi egoísmo.

—Eso suena como una amenaza —dice Liza, por primera vez, con una voz baja pero firme. Sus ojos, claros y decididos, no parpadearon.

—Lo es —responde Rania sin pudor al mismo tiempo que se acerca de modo desafiante.

—No te atrevas —digo, interponiéndome entre ambas—. Ya no soy un niño mamá. Te estoy hablando como hombre, y te digo que no la vas a dañar.

Mi voz resuena en el comedor como un disparo seco. Por un segundo, nadie respira. Liza me sostiene con la mirada. Ella está tan decidida como yo, tan preparada para defendernos como si llevara toda la vida haciéndolo.

Rania nos observa, la mandíbula ligeramente apretada, los ojos oscuros brillando como brasas. Luego, sin romper el contacto visual conmigo, extiende la mano y toma su teléfono móvil del bolsillo del vestido. Teclea algo, rápido, silenciosa, como quien enciende una mecha sin que nadie lo note.

—¿Qué estás haciendo? —pregunto, un nudo ya formándose en mi estómago.

—Asegurándome de que no tengas dónde esconderte cuando todo esto explote —dice con una calma tan cruel que siento cómo la tensión se clava en la nuca como un puñal.

Mas de ti ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora