Capítulo 59

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Amîr POV

Me quedo aquí, arrodillado frente a ella, en su habitación, sintiendo que cualquier cosa que diga puede hacerla romperse o hacerme romper a mí.

Sus manos están en las mías. Son pequeñas, cálidas, frágiles y a la vez, el único lugar donde mi mundo parece tener sentido.

La miro.

La he mirado muchas veces. Pero ahora es diferente. Porque si esto se termina, si me obligan a irme, si no logro detener lo que se viene, esta imagen tiene que bastarme. Tiene que quedarse tatuada en mi cabeza. En mi pecho. En mi alma.

Sus ojos, tan abiertos y heridos. Su boca, entreabierta, como si las palabras no pudieran con todo lo que está sintiendo. Su respiración, entrecortada. Cada detalle es sagrado.

Y algo en mi interior se rinde.

No por debilidad. Sino porque sé que no quiero seguir resistiendo.

Llevo una mano a su mejilla. La acaricio con la punta de los dedos, como si pudiera calmarle la tormenta. Pero no. Soy yo quien necesita esa calma. Es mi mano la que tiembla, no la suya.

—Liza… —su nombre se escapa de mi boca como una plegaria. Como si al decirlo así pudiera salvarme del miedo que me devora.

Ella levanta la vista. Y entonces el mundo se detiene. Sus ojos buscan los míos, y yo juro que si alguna vez creí en el destino, es por momentos como este.

No hay deseo. No hay prisa. Solo necesidad. Necesidad de pertenecer. De quedarme. De tocar algo verdadero.

Mi voz sale apenas en un susurro.

—¿Puedo…?

No termino la frase. No puedo, y no es necesario que la termine porque ella asiente. Ella da su aprobación a lo que le pedí. Y ese gesto, tan simple, me desarma.

Me acerco, muy despacio. Como si temiera que este instante se rompiera si respiro muy fuerte. Su boca está ahí, tan cerca. Tan real. Cierro los ojos justo antes de tocarla.

Y entonces la beso, pero no como otras veces. No muestro desesperación. No muestro furor. No toco más parte de su cuerpo que no sea su rostro. Solo busco refugio para mi alma. Necesito recargar mis energías de ella. De su ser. De la calidez de su boca.

Mis labios en los suyos. Mi cuerpo inclinado hacia ella, pero sin buscar más. Mis manos sosteniéndola con una delicadeza casi dolorosa. Como si ella fuera lo último intacto en un mundo en ruinas.

Maldigo internamente cuando de pronto suena mi celular. Mis labios se distraen por un instante ante la interrupción del sonido, más yo al mismo tiempo me empecino en quedarme unos segundos más, pendiente a lo que ella me hace sentir a través de sus besos.

La tengo entre mis manos. No quiero que termine. Por primera vez en días, todo dentro de mí está en silencio. Mi mente, siempre alerta, siempre tensada como una cuerda, se aquieta. Pero tengo que reaccionar.

Me separo apenas lo suficiente para mirar la pantalla. Y ahí aparece el nombre de Tamara. Liza sigue aquí en el mismo sitio. Su mirada no me reclama, pero me parte en dos.

Mierda.

No quiero contestar. No aquí. No ahora. No con el sabor de Liz todavía en mi boca, más pienso que la llamada de mi tía puede ser de importancia.

Me pongo de pie y me alejo tan solo unos pasos.

Mi espalda duele, es como si la tensión que siento me subiera desde la base del cuello hasta la mandíbula. Siento la mirada de Liza detrás de mí, y presiento que está a la expectativa.

Mas de ti ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora