Capítulo 56

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Liza POV

El aire aquí está un poco más frío de lo que estuvo en la terapia de ayer, pero no me quejo. Estoy sentada en el mismo sofá con las manos apretadas sobre las piernas, mientras la doctora escribe algo en su libreta con ese lápiz que casi no suelta. No me mira, pero sé que está atenta.

-¿Cómo has sentido desde ayer? -pregunta con su voz calma, sin prisa.

Trago saliva. Me duele un poco la garganta, como si hubiese estado a punto de llorar todo el día.

-Extraña -respondo. Mi voz apenas se oye-. Como si tuviera muchas cosas en la cabeza, pero no las pudiera ordenar. Están ahí... pero flotando.

Ella asiente, y ese gesto me da permiso de seguir.

-¿Qué cosas han estado flotando? - Cierro los ojos un momento, y respondo.

-Anoche soñé algo -digo, con cautela, como si las palabras pudieran romperse al salir-. Soñé con un vestido amarillo y una mujer que estaba de espaldas. No sé quién era, pero olía como algo que conozco, algo de mi infancia, creo.

Hago una pausa. Me tiembla un poco el labio inferior. Me doy cuenta y aprieto más fuerte las manos.

-Yo corría detrás de ella, gritándole. Pero no se giraba. O no quería... No lo sé. Y de pronto, vi unos ojos. Eran como los míos. Solo por un segundo. Y alguien dijo mi nombre. Esa voz... esa voz sí me dio miedo - digo invadida por la confusión.

-¿Te reconocías en el sueño? -pregunta ella.

-Sí... y no -respondo, bajando la cabeza-. Era yo, pero no me sentía como ahora. Era más pequeña, más vulnerable. Me sentía sola. - Mi garganta se cierra de repente y una lágrima cae. Ni siquiera me la limpio. Estoy demasiado concentrada en mantenerme entera.

-¿Crees que conocías a esa mujer del vestido amarillo?

-Siento que sí -respondo -. Pero no entiendo por qué me duele. Me desperté asustada, temblando. Y... tengo miedo. Miedo de recordar.

Me abrazo a mí misma. Siento que si digo una palabra más, me voy a romper del todo.

La doctora se inclina un poco hacia adelante, pero su voz sigue igual de suave.

-Lo hablaste con tu pareja? - me pregunta y yo niego con la cabeza. No quise mencionarle nada de esto.

-Entiendo que es frustrante todo esto, pero hablar de ese sueño con alguien que te conoce un poco podría darte una idea de si se trata de alguien real. - me explica y opino que tiene algo de lógica, aunque más razonable sería preguntarle a mi padre.

-Lo que estás sintiendo es válido, Liza. A veces la memoria guarda lo que fue demasiado duro. Pero ahora, poco a poco, está empezando a hablarte.

-¿Y si no quiero escucharla? -susurro-. ¿Y si no quiero que mi mente me hable por temor a que lo que venga me destruya?- Ella me mira, sin lástima, solo con firmeza y cuidado.

-Entonces lo enfrentaremos cuando tú estés lista. No antes. Pero no vas a hacerlo sola.

No contesto. Solo asiento, mientras aprieto los ojos con fuerza. Porque vi su rostro. No por completo. Pero lo vi. Y el miedo que me dio no fue por lo desconocido, sino por lo que ya sabía.

-¿Y cómo te has sentido viviendo con tu esposo... sabiendo que no lo recuerdas? -Respiro hondo, bajo las manos, me quedo mirando mis zapatos como si ahí estuviera la respuesta.

-Es raro -empiezo- Al principio, sentía que caminaba sobre cristales. No sabía cómo moverme, ni cómo hablarle. Tenía miedo de romper algo que ni siquiera entendía. - Me detengo un momento. Me obligo a seguir.

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