Capítulo 58

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Liza POV

Amîr está de pie frente a mí, mientras estoy sentada en el borde de mi cama. Hace un rato mantenía su mandíbula apretada y los ojos tan cargados que parece que contienen una tormenta a punto de estallar. Ahora no sé cuál expresión tiene porque no lo he vuelto a mirar. Hay mucho silencio y decidí sostenerlo.

Entendí perfectamente lo que me explicó en casa de los Cannon, luego del enfrentamiento con su mamá. Lo entiendo, y todo dentro de mí tiembla. No solo por lo que dijo. Tiemblo porque... ¿y si realmente se va? ¿Y si se lo llevan? ¿Y si me quedo sola?

No lo miro, no todavía. Me duele demasiado ver esa mezcla de miedo y determinación en su rostro. Como si ya se estuviera preparando para irse. Como si estuviera pensando cómo protegerme dejándome aquí.

Mis hombros se encogen sin que yo lo decida, y mis brazos buscan refugio contra mi pecho, como si pudiera esconderme dentro de mí misma. Quiero desaparecer. Quiero encogerme tanto que el miedo no me alcance. Porque imaginar que Amîr se vaya, que me deje sola en este mundo que no reconozco me arranca el aire. Él, hasta ahora, es mi único punto de referencia, la única persona que me ancla a esta realidad que a veces no siento mía. Sin él, no sé quién soy. Sin él, no tengo nada.

Lo miro al fin. Y cuando lo hago, algo dentro de mí se parte.

-No puedes dejarme -susurro, apenas audible, como si al decirlo en voz alta fuera a convertirse en verdad.

Él parpadea, y su pecho sube y baja con fuerza. Sé que me oyó. Pero no responde. Solo esquiva la mirada.

-No estoy pidiéndotelo como alguien que te necesita para vivir -digo, ahora con más fuerza, pero con la garganta ardiendo-. Te lo digo como alguien que... que no tiene a nadie más. Que está en blanco. Que no recuerda cómo era su vida antes, ni siquiera si quería seguir viviendo.

Mis ojos se llenan, pero no lloro. No todavía. Ya he llorado suficiente en silencio, de noche, cuando él cree que estoy dormida.

-Si te vas -continúo-, si Rania logra sacarte del país, yo... me voy a quedar en este cuarto, con todas estas preguntas en la cabeza y sin una sola respuesta. No sabré a quién acudir. No sabré a quién pertenezco. Ni siquiera sabré si esto -señalo el espacio entre nosotros, temblando- fue real.

Él da un paso hacia mí. Luego otro. Pero no me toca. Se arrodilla frente a mí. Me observa. Y siento sus manos temblar cuando por fin toma las mías.

-No voy a dejarte -dice al fin. Pero su voz no tiene firmeza. Está hecha trizas. Como si él también dudara de que pueda cumplirlo.

-Pero podrías no tener opción -digo, y ahora sí cae una lágrima.

La siento deslizarse por mi mejilla con una lentitud casi cruel. No la limpio. Quiero que la vea. Quiero que sepa que esto me duele, que me atraviesa.

Amîr cierra los ojos por un segundo. Sus cejas se fruncen como si el solo hecho de verme llorar le doliera más que todo lo demás junto. Aprieta mis manos entre las suyas, y su frente se apoya suavemente sobre mis rodillas. Se queda ahí, en silencio, respirando hondo, temblando apenas.

-He luchado tanto por ti -susurra contra la tela de mi pantalón-. Crucé más líneas de las que debía. Me enfrenté a mi madre, a mi pasado y al tuyo. No hice todo eso para perderte ahora. - sus palabras me calientan el pecho. Pero también me aterran.

Deslizo una mano hacia su cabello y lo acaricio, lentamente. Quisiera que el tacto bastara para sostenerlo, para calmar lo que sea que lo esté partiendo por dentro.

-Entonces qué hacemos, Amîr -murmuro-. ¿Qué hacemos si te obligan a subir a un avión sin mí? ¿Y yo me quedo aquí sin recuerdos, y sin ti...?

Levanta el rostro. Sus ojos están rojos. No ha llorado, pero está al borde. Su mirada me clava en el sitio. No sé porqué me duele verlo así.

Mas de ti ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora