Terminamos de cenar en silencio, pero no en incomodidad. Es un silencio suave, como si nuestras mentes estuvieran ocupadas procesando todo lo que ha pasado en tan poco tiempo. Mientras recojo los platos, Liza se apoya en el marco de la puerta, observándome.
–Entonces… –dice con una leve sonrisa que expresa inseguridad – supongo que deberíamos organizarnos para dormir.
Asiento en respuesta, porquede ninguna manera pensé que dormiriamos juntos en la misma cama.
–Tú dormirás en la habitación principal –le propongo con calma y con voz delicada para que se sienta cómoda y apoyada – Tendrás más espacio, baño privado, y una cama bastante grande. Yo me quedaré en el otro dormitorio – termino de explicar y ella asiente conforme.
–Gracias, Amîr –responde con notable agradecimiento verdadero, y por un momento sus ojos se quedan en los míos como si quisiera decir algo más. Pero se contiene.
Más tarde, como a las 22 horas, ambos ya acomodados cada uno en su habitación, me encuentro hojeando un libro sin leer realmente, y es ahí cuando escucho un leve golpe en la puerta. Me levanto sin perder el tiempo y la abro.
Liza está ahí, vistiendo con ropa para dormir al igual que yo, se ve con los ojos brillando de forma intensa y su expresión revela inseguridad y algo de ansiedad.
–¿Puedo pasar un momento? – pregunta con timidez.
–Claro – digo, haciéndome a un lado.
Ella entra, se sienta en la orilla de la cama y me mira.
–Quiero hablar de algo – empieza – No sé cómo decirlo sin que suene raro, pero… cuando nos besamos esta mañana, en la ceremonia… sentí algo.
Me siento frente a ella, alerta.
—¿Algo como qué? – una emoción se aloja en mi pecho.
—Como… destellos. Imágenes. Recuerdos fugaces —explica, tocándose la sien con dos dedos—. Tú besándome. Como si una parte de mí supiera que eso ya había pasado antes. Como si mi cuerpo lo recordara aunque mi mente no pudiera organizarlo. – Guarda silencio un momento, luego su voz se vuelve más baja, más temblorosa.
—Sé que suena loco o hasta estúpido, pero… quisiera intentarlo de nuevo. Acercarme a ti. Tal vez si… si te toco, si te beso… algo dentro de mí recuerde al menos algo más.
Mis manos se tensan sobre las rodillas. No porque me moleste, sino porque la sola idea de tenerla tan cerca otra vez me remueve todo. La deseo, sí, pero más que eso, la extraño. Extraño que me recuerde. Extraño lo que éramos.
—No tienes que hacer nada que no sientas —le digo con cuidado, queriendo protegerla, aunque por dentro me esté quebrando—. No quiero que te sientas presionada.
—No me siento presionada, Amîr —me interrumpe—. Lo quiero intentar. Quiero saber qué fuimos… o quién yo era.
Nos quedamos ahí, frente a frente, el aire cargado de algo que no sé si es deseo, nostalgia… o el inicio de algo que está por despertar.
—Liza… —susurro, con el corazón a punto de estallar—. No quiero que confundas lo que sientes. No quiero aprovecharme. Quiero respetarte, incluso si me muero por besarte. – Ella frunce el ceño, dolida por mi prudencia.
—¿Respetarme? —pregunta, con la voz vibrando entre la frustración y la desesperación—. ¿Y quién me respeta a mí de esto que siento? ¿Quién me protege de las ganas que tengo de saber si te amo de verdad?
—Liza… —susurro inseguro, haciendo un esfuerzo casi inhumano por mantenerme firme—. No quiero que te confundas. No quiero que esto sea algo impulsivo, algo que luego lamentes.
Ella me mira con frustración. Sus ojos tiemblan entre la necesidad y la impotencia contenida.
—¿Y si no es confusión? ¿Y si lo único que quiero es sentir si esto que me hablas… es real?
La miro… su cercanía, su voz temblorosa, sus labios apenas separados y algo dentro de mí se rompe. No lo soporto mas! Me rindo!
Pero no me rindo por complacerla, es porque la deseo como jamás he deseado a nadie. Es porque he vivido con el recuerdo de su boca, con el vacío de su cuerpo junto al mío, y ahora que la tengo tan cerca… simplemente no puedo más.
Así que me acerco con decisión, le rodeo el rostro con ambas manos, y me echo sobre ella. Pruebo el sabor de sus labios como quien se reencuentra con el agua en medio de un desierto.
La beso con una mezcla de hambre, ternura y furia contenida. La beso porque no existe fuerza en mí que quiera resistirse.
La beso como si con ello pudiera recordarle quiénes éramos y quiénes aún podemos ser.
Ella responde al beso como si lo hubiera estado esperando, como si con este gesto dijera "por fin". Me toma con fuerza, se aferra a mí, y entonces siento que algo cambia.
Su cuerpo se tensa.
Se separa de golpe, con la respiración agitada, los ojos muy abiertos.
Me quedo observandola temeroso de su reacción, sin embargo, antes de que yo pudiera decir algo, vuelve a besarme. Esta vez con más desesperación. Como si al tocarme pudiera abrir del todo esa puerta que se entreabrió en su mente.
De pronto vuelve y se separa de mis labios, se lleva las manos a la cabeza, y se encoge un poco sobre sí misma.
—Mi cabeza… —gime con un hilo de voz—. Siento como si algo se estuviera rompiendo dentro.
—Liza, tranquila —le digo preocupado por esos síntomas, tomándola de las manos —. No lo fuerces, no tienes que recordar todo ahora. Estoy aquí contigo. Como siempre – trato de consolarla y ella me mira, vulnerable… confundida… y por primera vez, llena de una verdad nueva.
—Lo sentí, Amîr… no me lo imaginé. Algo dentro de mí te recuerda, aunque no consiga entenderlo a totalidad. – expresa y a mí me dan ganas de morirme de tan grande que es mi maldita suerte.
Eso que acaba de decir es como si alguien hubiera prendido una luz en medio del abismo. Me dan ganas de reír, de llorar, de caer hasta fundirme con ella. Su cuerpo me recuerda. Su alma me reconoce, y aunque su mente no logre armar el rompecabezas, hay algo en ella que aún me pertenece. Y eso, para alguien que pensó haberlo perdido todo, lo es absolutamente todo.
No es un simple alivio… es algo más. Es la certeza de que lo nuestro no se ha perdido del todo, que ha quedado algo de mí guardado en ella, intacto, esperando ser recordado. Me siento afortunado por lo que ella ha llegado a sentir, incluso en su confusión. Siento que, tal vez, aún habrá un camino de regreso.
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Mas de ti ©
RomansaUN FENÓMENO POR DESCUBRIR. Al principio era rabia, era curiosidad... era él. Mudarse a San Francisco era parte de un plan sencillo: estudiar, respirar, seguir con mi vida. Pero entonces apareció él. Hermoso. Intenso. De esos que no piden permiso pa...
