Capítulo 66

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Punto de vista de Liza

El murmullo del agua hirviendo me devuelve al presente.

Parpadeo, como si acabara de despertar de un recuerdo que no pedí, y bajo la mirada hacia la olla. El vapor me roza el rostro, tibio, constante. Me obligo a respirar al mismo ritmo, como si pudiera sincronizar mi caos con algo que sí sabe hacia dónde va.

Amîr ya no está aquí. Subió a su habitación y se lo agradezco porque si se hubiera quedado, si me hubiera mirado una vez más con esa mezcla peligrosa de culpa y deseo, habría olvidado todo lo que dije sobre planes, sobre límites, sobre no perderme.

Dejo caer la pasta en el agua cuando empieza a hervir, y el sonido me calma un poco. Me aferro a eso. A lo simple. A lo que puedo controlar.

Pero mi mente no se queda quieta. Se va directo al verdadero problema.

Su madre.

Por lo visto Rania no es una mujer que acepte derrotas. Es una mujer que convierte los rechazos en guerras personales. Lo sé. Lo sentí incluso sin convivir con ella lo suficiente. Su presencia tiene esa cualidad... la de alguien que no necesita estar en la habitación para dominarla. Y Amîr ha pasado su vida intentando escapar de su sombra.

Yo revuelvo la pasta, observando el movimiento circular, y pienso que no se trata solo de que él "gane". No se trata de vencerla. Porque incluso si Amîr gana, podría perderse a sí mismo en el proceso.

O peor.

Podría perderme a mí.

Esa idea me aprieta el pecho con más fuerza de la que quiero admitir porque la verdad, la más cruda, no es que yo quiera verlo libre de ella por justicia. Es que no quiero perderlo. No quiero que lo arrastren lejos.
No quiero que lo obliguen a vivir la vida que no quiere. No quiero que lo aparten de mí, pero tampoco quiero convertirme en la razón por la que su mundo se incendie. No quiero ser la mujer que observa desde la distancia, viendo cómo él regresa a una jaula por miedo.

Apoyo una mano en la encimera. Necesito pensar con claridad. Opciones. Siempre hay opciones.

Podría buscar asesoría legal. Entender mejor su situación migratoria. Ver qué caminos existen que no dependan de su familia. Tal vez su matrimonio conmigo, aunque no haya sido plenamente válido, pueda convertirse en un recurso real si se maneja con inteligencia.

Pero eso implicaría exponer cosas que él aún no está listo para exponer. Porque cualquier solución real nos obligaría a mirar de frente la verdad más incómoda de todas: la manera en que comenzó nuestro matrimonio. No fue una decisión limpia, ni libre de sombras; estuvo atravesado por manipulación, confusión y un momento en el que yo no estaba en pleno uso de mis recuerdos, mientras Amîr cargaba su propia desesperación y miedo a perderlo todo. Exponer eso no solo significaría explicárselo al mundo, sino también obligarlo a revivir la culpa que todavía le pesa en los hombros, aceptar que, aunque hoy me ame, hubo un punto en el que eligió un camino que me dejó en desventaja.

Lo cierto es que no puedo decidir por él.

Pero también está la posibilidad de confrontarla, aunque sé que eso sería inútil. Mujeres como su madre no se enfrentan de frente. Se les rodea. Se les quita poder poco a poco, sin anunciar la batalla.

Y Amîr todavía no sabe hacer eso porque siempre ha reaccionado desde la emoción, desde el impulso, desde el deseo de liberarse rápido. Pero las guerras familiares no se ganan rápido. Se ganan con estrategia.

Exhalo lento.

Lo que más me duele es aceptar que, pase lo que pase, esto nos va a marcar.

No hay escenario donde salgamos ilesos, pero sí hay escenarios donde salimos juntos.

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⏰ Última actualización: Mar 11 ⏰

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