Epílogo

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Cuando era niño creía en los cuentos de hadas, creía que algún día llegaría mi príncipe, me daría un beso de amor y viviríamos felices para siempre.

Eso no sucedió.

Me case con un príncipe y aquel sueño se convirtió en una horrible pesadilla, de la cual no podía despertar porque estaba encadenado a una monarquía.

Estaba completamente enamorado, fui capaz de cualquier cosa por mi príncipe, pero eso solo me hizo daño a tal punto de intentar quitarme la vida.

Fui solo un niño intentando encajar en un mundo de adultos, adultos que jamás me trataron dignamente y en mi estupidez creí que lo merecía. Yo no era una mala persona y fui tratado como el peor de las escorias, luche conmigo mismo y tuve que enfrentar batallas con quién supuestamente era mi familia.

Hoy estoy bien, la bulimia jamás regresó, mi autoestima mejoro mucho y mi ansiedad desapareció casi por completo porque aún hay ocasiones donde casi explotó por culpa de mis hijos, por ejemplo...

- ¡Papá!

Ahorita.

- Papi, Rebeca me ha tirado al lodo

Cuando mire a mi hijo menor lleno de lodo de la cabeza a los pies, casi me da un infarto.

- Emmanuel... ¿Dónde está Rebeca?

- Afuera -llora- con Dani

Tome su manita caminando al patio, cuando llegue el segundo infarto se presentó. Rebeca peinaba con lodo el cabello de Daniel.

- ¡Rebeca!

- Papi Erick... -sonríe mostrando sus dientes-

- ¿Porqué hiciste esto?

- Ayuda a la piel papi, Alina la usa en su cara todas las noches

- Es una mascarilla, no lodo hermosa, ven

Ayude a qué salieran del lodo, esto sería difícil de lavar y de quitarle el aroma mucho peor pues apestaba a cerdo.

- ¿Dónde está tu padre?

- Con Brian, montando

- Vamos a buscarlo

Camine hacia el establo encontrándome con mi niña que ya tenía diez años.

- Alina...

- ¿Qué pasa pap... Pero que les pasó?

Abrió los ojos sorprendida viendo a sus hermanos cubiertos de lodo.

- Parecen... -rie- parecen los tres cochinitos

- ¿Dónde está tu padre?

- Montando... Bueno ahí viene

- Te gane

- Fue una carrera injusta, saliste con segundos de ventaja

- Ay papá, no tengo la culpa que seas lento

Ambos venían platicando felices de la vida.

- Me quieres explicar esto Joel

- Ay... -abre los ojos sorprendido- ¿Pero que les pasó?

- ¿Verdad que parecen los tres cerditos? -agrega Alina riendo y la mire mal- lo siento -tapa su boca tratando de no reír-

- Es cierto -se burla Brian- Rebeca sería la de la casa de madera

- Emmanuel la de ladrillos -agrega Joel-

No pude evitar reírme al imaginarme a mis hijos, los mire y se veían tan inocentes todos cubiertos de lodo, ya seco sobre su cara y ropa, recordé que yo tendría que quitar eso.

El príncipe Erick ||Joerick||Donde viven las historias. Descúbrelo ahora