Capítulo 54

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Emilio:

Después de un mes por fin estoy en casa. Tomó los tulipanes morados que he comprado para Joaquín, deslizó mi maleta para ir a buscarlo después de tantos días sin vernos y lo encuentro caminando alrededor de la piscina, mientras su bebé de cuatro patas lo sigue por todos lados. Llevé todo arriba y cuando regresé lo encontré acostado boca abajo, con la cabeza de lado y los ojos cerrados. Su panza aún no crecía lo suficiente como para dejar de adoptar esa posición. Me permití un segundo para admirar su forma. Speedos blancos, en forma y bronceado.

SPEEDOS BLANCOS. Pequeños Speedos blancos.

A pesar de la descarada exhibición de su cuerpo. A pesar de sus malditos Speedos blancos. Sus pequeños Speedos blancos. Jesús. Necesitaba zambullirme en el agua para aclarar mi cabeza y esperaba que el agua fría enfriara mi líbido.

Abrió los ojos, y una sonrisa de satisfacción se dibujó en sus labios. Joder. Es hermoso.
—¿Me extrañaste? —dije como si no me hubieran pillado mirándolo.
Rodó sobre su costado, gimiendo mientras se sentaba.
—Demasiado — dijo mientras se volvía a acostar y se ponía un sombrero.
—¿Llevas aquí bastante rato? Vi a Maddie dormir en su cama.
—Oh, no. Sólo lo suficiente, la natación y el sol son como un sedante.

Me acerque a su lado y pase mi mano por su vientre. Podía ver el comienzo más pequeño de un bulto en el abdomen de Joaquín. Ni siquiera estaba seguro de que hubiera estado allí la última vez. Me arrodillé para besarlo.

—Te extrañe tanto.— dije mientras lo jalaba a mis brazos para abrazarlo.
—Yo también, yo también.
—Son para ti.— le entregué los tulipanes y los acercó a su pecho.
—Gracias, bebé. No vuelvas a irte — dijo, tirando de mí para acostarme a su lado.
—No tengo intención de hacerlo— apoyé mi cuerpo contra el suyo y lo besé. Puse mi mano en su cara y profundicé el beso, entrelazando su lengua con la mía. Un beso largo. Durante unos minutos celestiales nos quedamos allí, abrazándonos, probándonos uno al otro. Terminé el beso, sólo para besarlo de nuevo, suave y dulce, antes de alejarme.
—Ya no sé dormir solo.— dice sobre mi cabeza. —No te vayas.

Busqué entre los rizos de mi esposo hasta encontrar el delicado contorno de su oreja, quitando un poco su sombrero.

—No tendrás tanta suerte.
—No lo digas ni en broma —replicó Joaquín. —Se levantó hasta quedar sentado—. Yo... —la voz le tembló— creo que no podría vivir sin ti.
Le deslizó la mano por la nuca, lo acercó de nuevo a mí hombro y apoyó un momento la cabeza en su cabello.
—Ni yo. Por cierto, cielo —musitó—, debo de tener corazón después de todo, porque ahora mismo me duele muchísimo.
—¿Sólo el corazón? —sugirió Joaquín con ingenio, lo que me hizo reír.
—También otras cosas —concedí mientras lo tendía en el camastro con un brillo pícaro en los ojos—. Y como eres mi esposo, te toca aliviar todos mis dolores.
Puso los ojos en blanco.
—También es tú trabajo aliviar los míos — dijo extendiendo sus pies para que los tallara.

Ahora me reí.

—Lo haré solo porque esos Speedos son muy calientes.
Se sonrojó.
—Yo no…
—Lo hiciste totalmente.
—Bueno, no puedo decir que lo siento ¿Te gustan?— pregunto.
Puse los ojos en blanco.
—Sabes que te quedan bien.
—Tengo un culo espectacular. Ahora ponme esto —Su sonrisa fue inmediata y sostuvo el protector solar como un trofeo. Primero le froté la espalda, luego el pecho y los abdominales, mientras me ponía ojitos.
—Eres un buen hombre, Emilio. No es de extrañar que esté enamorado de ti. 
—Oh, Joaco. —Me di la vuelta para mirarlo caminar por la orilla de la piscina, mi corazón se hinchó en el pecho — Yo también te amo, dulzura.

Pensé en el amor que le profesaba a Maddie. Lo que sentía cada vez que la tenía entre mis brazos. Lo que sentía cuando lo que ella necesitaba eran mis caricias o mi voz. Lo enorme que me hacía sentir. Lo era todo. Joaquín y ella son lo más importante de mi vida.

Mr. Perfect Match || Emiliaco M-pregDonde viven las historias. Descúbrelo ahora