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En el pasado Sunem creyó que tuvo suerte de escapar de una muerte segura frente a Schwarz. Algo la salvó de alguna manera, pero ahora si tan solo Schulding intentara matarla, podría lograrlo fácilmente, porque su mente estaba bloqueada por el sello Murakumo.

—¡Sunem!

Una repentina voz se alzó, desequilibrando el control mental que Schulding había puesto sobre ella, logrando rebasar su débil línea de defensa y penetrando como la luz cegadora del sol por las mañanas. Ella fue deslumbrada y obligada a caer sobre sus rodillas, su brazo que antes había sido herido por su poder interior, explotó inevitablemente.

Schulding volvió a mirarla, cuando el olor a sangre rosó su agudo sentido del olfato.

—¿Quién demonios eres tú?

El entrometido que interrumpió su conversación se mostró orgullosamente engreído, como si Schulding tuviera que responder a tan desvergonzada pregunta, pero ni siquiera se molestó en hacer contacto visual con el castaño Kusanagi, porque no tenía ningún interés en ese hombre.

—Eres estúpido.

Sunem sostenía su brazo con la respiración sofocada, cuando Kusanagi fue consciente de la situación. Las palabras del desconocido, le obligaron a mirar la sangre que se derramaba del brazo de esa chica.

—¡Hm! Podrás ser una mujer abominablemente poderosa, pero es claro que, aún eres una tonta.

Sunem cerró los ojos sin el poder de negar sus palabras.

—Perdí el control de mi poder porque interrumpiste nuestra conversación, qué hombre tan inútil.

El sujeto de presencia amenazante, tenía una forma bastante filosa de comunicarse, pero, incluso Kusanagi, mantuvo su posición y sus bellos ojos castaños, brillaron incomprensiblemente para Sunem.

—Aceptaré formar parte de esto, tan solo porque Nagi me lo pidió. Sunem, aún tienes una deuda con nosotros.

Schulding no la miró por segunda vez.

—Espera.

Kusanagi tuvo el deseo de detenerlo, pero el hombre alemán, simplemente comenzó a desvanecerse en las sombras, hasta que desapareció del lugar junto con la sensación abismal de derrota. Sunem tocó el brazo del castaño en un intento no muy claro por tranquilizarlo.

Los árboles y el cielo volvieron a su calma anterior, entonces, los ojos oscuros de esa chica, comenzaron a cerrarse involuntariamente.

Kusanagi comenzó a llamarla, pero ella, no respondería.

Ahora mismo Sunem no podía usar su fuerza o su poder sin ser sometida a un juicio mortal. Porque si tan solo se atrevía a excederse, el selló Murakumo se rompería y no sería capaz de controlar ni siquiera a su propia conciencia. Es por una razón como esta que estaba tomando control del torneo para acercarse a los tesoros. Si tan solo pudiera combatir con su poder real, tomar esos tesoros sería algo mucho más sencillo.

Ella extendió su mano para tocar el rostro de Kusanagi, sonriendo para sí misma y, cayendo en una oscura inconciencia.

El pasado que arrastraba esa mujer, eventualmente se levantaría en su contra, combatir la oscuridad para alguien como ella, era imposible.

[···]

No sería nadie más que el mismo tiempo, quien se encargaría de poner a aquellos relacionados con Orochi en el escenario que desataría su destino. Porque el lazo que comparten los tesoros con el dios de la tormenta, era demasiado fuerte. Lo sería durante todas las tribulaciones de alguien que está destinado a comenzar de nuevo, cada que un dios como Orochi, era convocado.

Un fuerte ardor obligó a Sunem a despertar de su inconciencia. De pronto estaba en una habitación, y el cielo ya había oscurecido. Reaccionó lento por el dolor creciente que provenía de su brazo. Notoriamente perdió mucha sangre y las vendas que intentaban hacer presión para contener los fluidos, apenas cumplían su función.

—El médico dijo que es una herida profunda, pero sanará.

Despertar y mirar a un lamentable Kusanagi, le tomó por sorpresa. Su atractivo rostro despedía cierta preocupación. Claramente, ese hombre no se sentía con derecho de exigirle una explicación, pero ¿Qué clase de persona tomaba por conversación una pelea? Kyo se estaba olvidando por un momento de que estaba frente a un posible enemigo, así que no debería experimentar culpa alguna, pero tampoco se podía evitar la reacción de su existencia pura. Ante algo como eso, ella perdió la fuerza y la determinación, tan solo necesitaba un largo descanso para reponerse.

—Acerca de los tesoros sagrados. ¿Te has preguntado seriamente, cómo planeo obtenerlos?

Kusanagi lució decepcionado, porque esa mujer tenía que estar mal de la cabeza para seguir hablando sobre los tesoros sagrados, cuando ni siquiera ha podido enfrentar una pelea. Le parecía tan frágil que su lado combativo moría cuando pensaba en cosas como esas.

—¿A qué estas jugando? No bromees, alguien como tú no puede tener los tesoros.

—Para ser sincera yo no tengo ninguna intención de pelear contra ti.

—¿Hah? Eso es claro, no podrías golpearme ni una sola vez.

—Esa no es la razón.

—¿Entonces cuál es? Eres débil.

—Porque me gustas.

Kusanagi no pudo reaccionar a sus palabras, tomarlas a juego no sería una buena opción. Ella es de alguna forma directa cuando habla con sus ojos tan profundos y vacíos. Kyo no estaba comprendiendo nada.  

Enlace De SangreDonde viven las historias. Descúbrelo ahora