Capítulo 38: Nunca te abandoné

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Capítulo 38:

Mason no se movió un maldito momento del hospital, no iba a dejar a Ada sola en ningún momento. Era su segunda cajetilla de cigarrillos cuando llegó la noche.

Hacía mucho tiempo que no fumaba así.

Estaba profundamente preocupado por Ada pero también... también se sentía profundamente desdichado.

Jamás le habría exigido a Ada que tuviera un hijo que no quería, incluso si era suyo.

Pero...

No dejaba de doler.

Cerró los ojos y se recargó en la fría pared del piedra de la fachada del hospital cuando algo llamó su atención.

Alguien entró rápidamente al hospital antes de que el guardia de seguridad pudiera detectarle y pedirle que se registrara.

Esa persona iba cubierta de la cabeza a los pies y era difícil mirarle el rostro.

Un mal presentimiento invadió a Mason que no lo pensó y corrió al interior del hospital.

Había un gran movimiento durante la noche, todo el personal del hospital parecía incluso más ocupado que durante el día. Tuvo que evadir ágilmente a un par de enfermeras y a una doctora que miraba unos papeles en sus manos y no miraba a donde iba. Eso lo retrasó y lo enfureció.

Cuando la persona llegó al elevador antes que él y este se cerró antes de que pudiera alcanzarlo solo se enfureció más.

Ese hospital no contaba con escaleras por lo que tuvo que esperar a que el elevador volviera a bajar para poder subir.

Estaba al borde de la locura.

Diana dió paso hacía su hija pero Ada se inclinó hacía atrás poniendo distancia y arrebatando la mano que Diana aun sostenía. Ella mostró una expresión de dolor instantánea ante el rechazo de su hija.

—¿Ada?— dijo y extendió una mano temblorosa intentando tocarla pero Ada volvió a esquivarla.

—Tu estas muerta— dijo y su voz sonó vacía.

Diana encogió la mano y la regresó a su cuerpo con resignación.

—Solo quería saber como estabas, me enteré de que te internaron de emergencia en el hospital y quería... quería verte. Aún que no pensé que te encontraría despierta, la doctora dijo que seguías inconsciente.

El rostro de Ada estaba más pálido de costumbre y por su expresión parecía estar dentro de un transe.

—Entonces no querías que te viera— afirmó para si misma.— ¿por eso esperabas que estuviera dormida?

Diana parecía estar en un conflicto que atoró sus palabras entre si y le impidió explicarse, al final solo cerró los ojos haciendo que un par de lagrimas bajaron por sus mejillas.

—Lo siento— fue lo único que logró decir.

El cuerpo de Ada entonces comenzó a convulsionarse haciendo que Diana mirara a su hija.

—¿Ada?

Esta se llevó una mano a la boca para contener el llanto que estaba cubriéndola. Usualmente su llanto era silencioso, se había acostumbrado a llorar sin hacer ruido pero en ese momento no pudo controlarse, comenzó a llorar con tanta fuerza que se avergonzó a si misma.

Cuando su madre finalmente se acercó hacía ella y la envolvió en sus brazos sin importarle su rechazo Ada no pudo controlarse más. Lloró como hacía mucho tiempo no lo hacía, lloró en los brazos de su madre.

Ada WalkHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora